CXLV.

El cual describe con laud divino
Lo que Atlas le enseñó por gran fortuna:
Cómo el sol desfallece en su camino;
Por qué altera su faz la móvil luna;
Deónde la bestia de los campos vino;
Cuál fué del hombre la primera cuna;
Qué fuente al mundo suministra el agua;
Dó está de los relámpagos la fragua.

CXLVI.

Canta eso mismo á Arturo, las dos Osas,
Y las Híadas tristes; el arcano
Que las noches alarga perezosas;
Por qué los soles del invierno cano
Con ruedas se despeñan presurosas
A bañarse en el líquido Oceano.
Cesa; y acogen su cantar sonoro
Tirios y Teucros aplaudiendo en coro.

CXLVII.

Y vuela el tiempo en pláticas sabrosas,
Y Dido, platicando, amor apura;
Mil cosas sobre Príamo, y mil cosas
A preguntar sobre Héctor se apresura:
Ya qué huestes trujera pavorosas
El hijo de la Aurora, oir procura;
Ya la historia saber de los gentiles
Potros de Reso, ó el poder de Aquíles.

CXLVIII.

«¡Que en fin,» exclama, «por ventura mia
Desde el principio en relatar vinieses
Los pasos de la griega alevosía,
Huésped, y vuestras glorias y reveses!
Tambien tus viajes entender querria,
Ya que contemplas los estivos meses
Tornar séptima vez desde que yerras
Mares cruzando y extranjeras tierras.»

LIBRO SEGUNDO.

I.