»Frontera á Troya Ténedos se ostenta,
Que otro tiempo gozó de nombradía:
Isla famosa, fértil, opulenta
Durante la troyana monarquía:
En su abandono y soledad presenta
Hora á las naves pérfida bahía:
A sombra de sus costas sin testigo
Los bajeles enseña el enemigo.
VII.
»Pensamos que, la vela dada al viento,
Bogando irian por la mar serena
Para la patria: el largo abatimiento
La ciudad de sus hijos enajena:
Las puertas abre; al griego acampamento
Rápida corre de alborozo llena
La multitud, y visitar le agrada
Yermo el campo, la playa abandonada.
VIII.
»Aquí los batallones del furioso,
Del fuerte Aquíles; acullá su tienda:
Allí tomaban plácido reposo,
Acá trabámos áspera contienda.
Así van discurriendo; y el coloso
Infausto, reputado por ofrenda
A la casta Minerva, hace que, muda
De asombro, turba inmensa en ruedo acuda,
IX.
»Fuese traicion, ó que la adversa suerte
Para entónces el golpe reservase,
Timétes clama que la mole al fuerte
Se lleve al punto, y las murallas pase.
Cápis, empero, que el peligro advierte,
Aconseja con otros que la abrase
Fuego voraz, y la vecina onda,
El sospechoso dón trague y esconda;
X.
»Ó que el oscuro seno se barrene
Para indagar lo que en el fondo encela.
Indecisa la turba se mantiene.
En esto de la excelsa ciudadela
Con numerosa muchedumbre viene
Laoconte, al campo arrebatado vuela,
Y, «¡Oh desgraciados!» desde léjos grita:
«¿Qué demencia á la muerte os precipita?