»¿Pensais que el enemigo nuestra tierra
»Dejó? ¿Fiais en sus mentidos dones?
»¿Cuán poco á Ulíses conoceis? Ó encierra
»Esta fábrica aquivos campeones,
»O artificiosa máquina de guerra
»Es: nuestra situacion y habitaciones
»Por cima intentan registrar del muro,
»Para luégo caer sobre seguro.

XII.

»Ello, hay engaño. ¡Oh Teucros, confianza
»Negad á ese caballo! Como quiera,
»Yo temo de los Griegos la asechanza
»A vuelta de sus dones traicionera.»
Dijo; y desembrazó fornida lanza
Hácia un lado del cóncavo; certera
Vuela, clávase, vibra: conmovido
Dió el seno cavernoso hondo bramido.

XIII.

»¡Ay! á no ser por la fortuna impía
Que nos robaba libertad y acierto,
Laoconte en su furor logrado habria
Que pusiésemos luégo en descubierto,
Hendiendo la armazon, la alevosía.
Aun hoy tu alcázar descollara yerto,
¡Oh Patria! ¡al filo de traidora espada
No cayera tu pompa derribada!

XIV.

»Frigios pastores con tumulto y grita,
Atras ambas las manos, prisionero
Traen ante el Rey un mozo. Audaz medita
Abrir el muro con ardid artero
A los suyos; ni el ánimo le quita
El peligro de infame paradero;
Resuelto á todo, el pérfido se hizo
Con aquellos pastores topadizo.

XV.

»La multitud agólpase, y denuesta
Al prisionero que curiosa mira.
(Reina, las artes de los Griegos de esta
Traicion colige; su maldad admira.)
Inerme se detiene, manifiesta
Medrosa turbacion: los ojos gira
La turba rodeando que le oprime,
Abre los labios, y temblando gime:

XVI.