XVI.
»Yo al templo secular devoto llego:
«¡Buen Dios!» exclamó, «¡término seguro
»Dá á nuestro error, á nuestro afan sosiego,
»Dá fundar feliz prole y propio muro!
»Nueva Troya lo llames, ó del fuego
»Hurtados restos y de Aquíles duro,
»Salva el tesoro, tú, que va conmigo;
»Dí, ¿cuál norte, cuál voz, cuál rumbo sigo?
XVII.
»Señal dá, en fin, y á nuestra mente envía
»Tu inspiracion.» Callé, y en tal momento
Ya el pórtico, ya el lauro se movia,
Y el monte en torno retembló en su asiento.
El velo que la trípo de cubria
Gimió, abrióse el sagrario: al pavimento
Inclinamos las frentes confundidos,
Y sacra voz hirió nuestros oidos:
XVIII.
«¡Fuertes Troyanos! ved que la fortuna
»Hinchado el seno de la patria os muestra
»Que á vuestra raza fomentó en la cuna;
»¡Buscad, buscad la antigua madre vuestra!
»Id; allí Enéas, sin mudanza alguna,
»Cimentará su casa, y de su diestra
»El cetro heredarán sobre las gentes
»Hijos, nietos, lejanos descendientes.»
XIX.
»Habló Apolo; y llenó los corazones,
Amargada por dudas, la alegría,
Pues «¿Dó aquellas están patrias regiones?»
Preguntábamos todos á porfía.
Mi padre ya de viejas tradiciones
Recuerdos en su mente revolvia:
«¡Oid, nobles!» prorumpe; «yo el secreto,
»Á vuestras esperanzas interpreto.
XX.
»Hay una isla en el mar, Creta nombrada,
»Cuna ya nuestra, con su monte Ida,
»Cuna tambien de Júpiter sagrada,
»De cien ricas ciudades guarnecida.
»Trocó el gran Teucro esa feliz morada
»Con la retea costa: á su venida
»Ni allí á Pérgamo halló, ni halló poblados,
»Sino hombres por los valles derramados.