XXI.

»Él, si éstas que aprendí no son infieles
»Memorias, los cimientos socïales
»De Troya echó, y el culto de Cibéles
»Trajo, con sus misterios y atabales,
»Los carros con leones por corceles,
»Los bosques sacros, y áun en nombre iguales.
»¡Partamos! el oráculo dichoso
»Allá nos llama, á la region de Gnoso.

XXII.

»Ni estamos léjos de su orilla grata;
»Tres luces gastaremos. Falta sólo
»Que aplaquen dones al que el mar maltrata,
»Que amparo preste el que serena el polo.»
Dice, y en la ara sendos toros mata
A Neptuno y á tí, divino Apolo;
Sendas ovejas al Invierno negra,
Blanca á Favonio que la mar alegra.

XXIII.

»La voz se esparce que del patrio suelo
Proscrito Idomeneo huido habia,
Que á huéspedes librando de recelo,
Creta sus puertas solitaria abria.
Y así á Ortigia dejando, hendiendo á vuelo
El mar, á Náxos báquica y sombría
Costeando vencemos, á Oleáros,
Verde Donisa y albicante Páros.

XXIV.

»Entrambos por las Cíclades ligeros
Y el mar corremos de islas esparcido,
Y emúlanse, al pasar, mis compañeros
Con clamores y náutico ruido;
«¡A Creta! á Creta!» gritan vocingleros;
«¡A nuestra patria, á nuestro antiguo nido!»
E hiriéndonos en popa aura serena,
Al fin tocamos la anhelada arena.

XXV.

»Fundé una villa, mi dorado sueño,
Que Pérgamo llamé: del nombre ufanos
A los colonos miro, y los empeño
A alzar el muro y á arraigarse hermanos.
Yace en la enjuta orilla el hueco leño:
Yo dicto comun ley, reparto llanos;
Y á cultivar se entregan los mancebos
Nuevos lazos de amor y campos nuevos.