XXXI.

»Hay de antiguo un país, con apellido
»De Hesperia por los Griegos señalado,
»Pueblo en trances de guerra asaz temido,
»Tierra asaz grata á la labor de arado.
»Fué primero de Enotrios poseido,
»Y hoy Italia se nombra, por dictado
»De famoso caudillo procedente,
»Si ya constante tradicion no miente.

XXXII.

»¡Ésta, ésta es nuestra patria verdadera!
»Que allí Dárdano y Yasio nacimiento
»Tuvieron; aquel Dárdano, primera
»Cepa de nuestra raza. Tú contento
»Vé, y de ello al viejo genitor entera
»Por cierto. Y de Corito en seguimiento
»A los ausonios términos navega.
»Mansion en Dicte Júpiter te niega.»

XXXIII.

»Como esto ví y oí (no en sueños vanos
Eran; que bien las sienes discernia
Veladas, y los rostros soberanos,
Y áun bañaba en sudor mi frente fria),
Salto del lecho atónito: las manos
Extiendo suplicante; ofrezco pia
Libacion en mi hogar: de ahí contento
Corro á mi padre, y la vision le cuento.

XXXIV.

»Del doble orígen la falacia siente
Él, y confiesa que sufrido habia
Con la antigua señal error reciente:
«¡Hijo,» así hablaba, «á quien la suerte impía
»Burla cruel! Casandra solamente
»Hizo de estos sucesos profecía;
»Y á menudo se oyó, recuerdo ahora,
»¡Hesperia! ¡Italia! de su voz sonora.

XXXV.

»¿Mas quién iba á pensar que á Hesperia iria
»Nuestra gente jamás? ¿Ni quién pudiera
»A Casandra creer? ¡Hoy, hoy nos guia
»Voz infalible que partir impera!»
Tal dijo, y aplaudimos á porfía.
Quedan algunos en la infiel ribera;
Y el áncora levando y la esperanza
El hueco leño al piélago se lanza.