CXI.

»Faz de dolor y gesto de gemido,
Ostentaba su rostro extenüado:
Grifos su barba; andrajos su vestido,
Con espinas sujeto de pescado.
Vuelta, el caso cruel mi gente vido,
Y quedó absorta. En lo demas, soldado
Haber sido de aquellos parecia
Que envió Grecia contra Troya un dia.

CXII.

»Él, como arreos columbró troyanos,
Paróse, dando de terror señales;
Vuela luégo á la orilla, y en insanos
Lloros prorumpe y en palabras tales:
«¡Por los Dioses del Cielo soberanos,
»Por esta santa luz y auras vitales,
»Oid, hijos de Troya, mi gemido:
»Arrancadme á esta playa; es cuanto pido!

CXIII.

»Yo la verdad confesaré de grado:
»Griego hice ya contra Ilïon campaña:
»Si perdon no os merece mi pecado,
»Fin poner presto á adversidad tamaña.
»¡Ea! ¡heridme, matadme; destrozado
»Al mar lanzadme á sosegar su saña!
»Pues del hado el rigor quiere que muera,
»A manos de hombres moriré siquiera.»

CXIV.

»Habla, y nuestras rodillas adherido
Abraza, de rodillas derribado:
Movémosle á que diga su apellido,
Su linaje, y mudanzas de su estado.
Calló breves momentos, y dolido
Mi padre Anquíses, con benigno agrado
La diestra ilustre tiende al magro jóven,
Y añade muestras que el temor le roben.

CXV.

«Yo Aqueménides soy,» dijo sincero
El afan serenando que le aterra:
«Fuí del mísero Ulíses compañero,
»A Itaca tuve por nativa tierra.
»Mi padre, escasa el arca de dinero,
»Me aventuró á los lances de la guerra:
»Llamábase Adamasto. ¡Ah, siempre el hado
»Me mantuviese de mi padre al lado!