CXVI.

»Miéntras huir de esta ímpia costa emprende
»Hé aquí mi gente me dejó en olvido,
»En un antro que lóbrego se extiende
»De manjares sangrientos esparcido:
»El antro de un Ciclope. El monstruo hiende
»(Oh, qué monstruo cien veces maldecido!)
»Las nubes, si la frente alza espantosa;
»Y nadie hablarle ni áun mirarle osa.

CXVII.

»Crudos devora á cuantos tristes caza.
»Tendido en medio al antro donde espía,
»Con la mano feroz con que atenaza
»Asir dos de los nuestros vile un dia:
»A golpe en un peñon los despedaza;
»El umbral de la sangre se mecia;
»Vi humor los miembros destilar, y ardiente
»Tremer la carne al dar diente con diente.

CXVIII.

»No tal Ulíses soportó; ni en ese
»Trance á su fama desmintió su pecho;
»Mas aguardó á que el monstruo se rindiese
»De manjares y vino satisfecho:
»Rindióse al fin, doblando el cuello, y fuése
»Adurmiendo en la cueva, su amplio lecho;
»Y su boca brotaba entre rumores,
»Trozos de vianda, y de licor vapores.

CXIX.

»Á los Dioses llamando en nuestra ayuda,
»Sorteado el peligro, á un mismo instante
»Corremos en redor, y una asta aguda
»Clavamos en el ojo del gigante:
»Ojo, al metal que á Argivos combo escuda,
»O al gran disco de Febo semejante;
»Ojo único, bajo hosca ruga oculto;—
»Y así vengámos su brutal insulto.

CXX.

»¡Huid, tristes, huid! todo os conjura!
»Cortad los cables sin perder momento;
»Pues como ese, que agora por ventura
»Ordeña, consolando su tormento,
»Su grey lanosa en su caverna oscura,
»Como ese horrendo Polifemo, hay ciento,
»Y en magna procesion la prole infanda
»Ronda esta costa, y por los montes anda.