CXXI.

»Ya por tercera vez brillar he visto
»Las fases de la luna renovadas,
»Desde que en esta soledad existo
»Y á las fieras disputo sus moradas.
»Cauto los monstruos de una peña avisto,
»Y su voz tiemblo y tiemblo sus pisadas;
»Y zonzas nutren mi existencia acerba
»Silvestres bayas y arrancada hierba.

CXXII.

»Vi llegar vuestra flota á esta ribera,
»Miéntras miradas de ansiedad dirijo
»Cuan en léjos logro; y fuese lo que fuera,
«Palpitando volé de regocijo.
»Ya, ya estoy libre de esta raza fiera:
»¡Ahora matadme si quereis!» Tal dijo;
Y ya un bulto, áun no bien de hablar acaba,
En los vecinos montes descollaba.

CXXIII.

»Obeso Polifemo se movia
En medio del lanígero ganado,
Y á la usada ribera el paso guia:
¡Gran monstruo, informe, atroz, de luz privado!
Hácenle sus ovejas compañía,
Consuelo solo de su adverso estado,
Sírvele de baston desnudo un pino,
Y con resuelto pié cata el camino.

CXXIV.

»Llega á la playa de su ruta al cabo;
Y al mar entrando, con sus ondas lava
Del ojo, herido del ardiente clavo,
La sangre que grumosa chorreaba.
Crujir los dientes le hace el dolor bravo
Que el mal renueva y el enojo agrava;
Y más y más se interna en la agua, y ésta
Le moja apénas la cintura enhiesta.

CXXV.

»Temblando, y á par nuestro recibido
El que, eso visto, la verdad decia,
Las amarras soltamos sin rüido,
Y el mar los remos barren á porfía.
Sintió el gigante, y se volvió al sonido;
Mas vió que con el brazo no podia
Tocarnos ya, ni competir tampoco
Con las jónicas ondas, de ira loco.