Terraza. Especie de plataforma descubierta, encima o al lado de un edificio.
Semental. Padrillo.
"Malgré". En francés: a pesar.
TREBOLARES
Uno de los establecimientos ganaderos más reputados de la zona de Pico es Trebolares, capaz, por su enorme superficie, la importancia de sus praderas y la tecnificación de sus ganados, de llamar la atención al “ranchman” más localista de Nebraska, tierra de las famosas estancias de engorde.
Imagináos un campo de 40.000 hectáreas, dividido en 60 potreros por alambrados de ocho hilos, con 50 molinos, con 12 puestos—edificios de mampostería—y con más de 20.000 cabezas de ganado vacuno, tipo Durham, y os daréis una idea aproximada de lo que puede ser este establecimiento. Trebolares, por otra parte, no es una improvisación del capital como pudiera suponerse, en este territorio nuevo y promisor. Sus preliminares se remontan a treinta años atrás, cuando la Pampa del norte, recién aventada la dominación ranquelina, era todavía un interrogante. Esta antigüedad unida al espíritu conservador y progresista a la vez de su propietario y administradores, marca un timbre de honor que casi pudiera llamarse gentilicio, si cupiera el concepto atribuído a la noble sangre de sus ganados.
No es necesario hacer un gran esfuerzo imaginativo para darse cuenta de los graves inconvenientes que tendría que salvar aquella colonización pastoril, tan alejada de los centros urbanos y del tren. Aquellas diez y seis leguas de campo primitivo, entregadas a gramillales, veleidosos como las lluvias, reclamaron la más constante y empeñosa labor para su cultura. Solamente la conducción de materiales para poblaciones y potreros, debió irrogar ingentes sumas y largas demoras, como el transporte de los ganados y de los reproductores que reclamaron apremiosas comodidades.
De aquellos orígenes se remonta la reputación de hoy. La heredad no ha sido alfalfada en toda su extensión todavía. Restan ocho leguas aun de campo grosero, con la virginidad de los pastizales silvestres, único predio de la región que no ha sentido en su entraña la reja del arado... Es un resto de la Pampa incivil, donde el espíritu romántico de sus poseedores ha perpetuado la silvestre tradición con guanacos y avestruces. Pero, el prado artificial, que es lo técnico, va ultimando al campo bruto con sabrosas forrajeras, con abrevaderos y molinos. Día vendrá en que Trebolares, duplicado el número de sus haciendas, sea, tal vez, el más extendido alfalfar de la República.
Establecimiento organizado con método, con inteligencia, con los procedimientos prudentes y decisivos que aconseja el arte de criar y seleccionar, ha logrado ponerse a la altura de los primeros del país, alcanzando los mejores precios en sus ventas a frigoríficos. Según datos que recojemos en la estancia, de una tropa de vacas para la exportación, se obtuvo un promedio, en peso, de 854 libras de carne limpia; casi el record. La constitución de este campo es, sin duda, la más apropiada para el sostenimiento y calidad de los alfalfares—arenoso y liviano.—La profundidad del agua oscila de un metro a nueve. Esto es un factor importantísimo para la longevidad de los prados. No hay que extrañarse haya cuadros de alfalfa, cuya siembra data de más de veinte años, en perfecto estado de conservación.