Restos. Condiciones, reticencias, reservas.

Espécimen. Modelo.

Premisa. Afirmación.

Embretada. De “embretar”: meter el ganado en los bretes.

Sectores. Trozos, partes.

Dan la pauta. Dan la medida.

LAS GRANDES COLONIAS

Fué la comarca de Trenel dominio de ranqueles, antes de la conquista civilizadora. Hasta allí extendió su imperio el pueblo aborigen, cuyo foco central irradiaba desde las selvas tupidas del noroeste. Trenel es una prolongación de la planicie inquebrada de Buenos Aires. Sin ríos, sin lagunas, sin arroyos, campos de gramillal, salpicados de trecho en trecho por caldenares precarios, no fué, en suma, la silvestre heredad, solar de tribus arraigadas. Sus indios, fieros y audaces, como que tenían en sus venas sangre de Caupolicán, los cruzaron mil veces en depredadoras caravanas.

“sobre el potro rozagante
cuyas crines altaneras
flotan al viento ligeras”,

según el clásico poema, y burlando el acecho de nuestra caballería. Sin quiebras, sin refugios, sin el recurso montaraz del bosque inextricable, fué, en realidad, un desierto la comarca. Por fin las armas de la nación, escalonando sus felices jornadas, desde el foso de Alsina y los fortines de Córdoba, Mendoza y San Luis, hasta Choele-Choel y el Limay, quiebran para siempre la autóctona soberanía. Y el misterio cae bajo la fuerza avasalladora de la civilización. Con las últimas dianas, se plantan los primeros pueblos. Se allana el tránsito, barrida con pólvora la tenebrosa heredad: carga el Estado con el rico patrimonio que ha de subdividir y cultivar; se roturan los predios; se domina el monte legendario; despuntan las primeras colonias; se atreven el comercio y la industria a buscar horizontes en el nuevo país. Y mientras los pueblos migradores, vitalizan con fuerzas promisoras la tierra conquistada, tímidamente se orientan hacia la Pampa las paralelas del tren...