—“¡Ah monsieur: le sarclage vaut mieux que l’arosage!...” (La carpida vale más que el riego).
—¿Y dió resultado?
—Sí, señor. Pero la necesidad de dedicar preferente atención a otras tareas rurales, desvió un poco el cuidado de la huerta. Y todo pasó... Ya ve: ni jardín cultivamos... Los vientos no perdonan... Nuestras flores, señor—y no vaya a juzgarme de prosaico—suelen ser los pejerreyes de nuestras lagunas y los pollos suculentos...
Sin duda alguna, el argelino recordado por nuestro interlocutor, sabía bien la verdad comprobada por Jethro Tull, en su “Ensayo sobre los principios de la labranza y de la vegetación". El famoso agricultor inglés había, ciento cincuenta años antes, sintetizado su esfuerzo experimental en la famosa locución discutida y alabada en nuestros días: “la labor equivale al abono”, o lo que es lo mismo, en su relatividad: “la labor es el riego". El huertano de don Edmundo traía su ciencia del setentrión africano, en donde el “dry farming” tiene patria inmemorial con sus famosos olivares. En la vecindad tunecina es de fama que en el siglo VII, se cultivaba más de 1.000.000 de hectáreas de olivo, por el procedimiento del secano. De que los resultados fueron óptimos lo prueba el hecho de que en tiempos de César, Túnez pagaba a Roma, como tributo anual, 13.500 hectólitros. La producción de aceite era tan importante—según Kearney—que desde algunos pueblos lo conducían por tubos de madera al puerto vecino, para su embarque.
—¿Y respecto al peligro de los médanos y la manera de combatirlos, qué opina usted?—interrogamos.
—Como presidente de la Sociedad Rural Río V, con asiento en Villa Mercedes, me he ocupado con verdadera dedicación de este asunto. Los graves efectos de las tierras movedizas se sienten con más intensidad en los caminos públicos. Opino que es allí donde debe circunscribirse con mayor empeño la acción defensiva y especialmente la obra del gobierno. Se impone, sin duda, la mayor vigilancia por parte de los ministerios de obras públicas tanto el nacional como provincial. Debe organizarse una “dirección de caminos”, con atribuciones bien definidas para reglamentar el tráfico. Creo que para el beneficio del sur puntano, la dirección de caminos de San Luis, debe tener su asiento en la ciudad de Villa Mercedes y estar formada por cinco miembros, siendo miembro nato el jefe político del departamento; delegados domiciliados en la campaña correrán con la vigilancia de zonas.
“Podría reproducir con detalles lo que alguna vez dije sobre la intervención que correspondería al ministerio de agricultura y la necesidad de una seria legislación nacional, pero sería largo y tal vez engorroso para su labor de difusión. Me limitaré a hacerle notar que es preciso que los ingenieros agrónomos regionales respectivos, con preferencia a las conferencias, se dediquen a hacer ensayos para el cultivo de médanos, y se les facilite medios para establecer viveros de cañas, sorgo, etc. para la repartición de plantas y raíces para las cuales debe reducirse el flete a su mínimum (para raíces de cañas ya concedió rebaja el F. C. P.) y en caso necesario o para el mayor estudio, el ministerio adquirirá en propiedad cierta zona medanosa. El ministerio debe contar con una sección de médanos, bien en la división de enseñanza o en la futura división de defensa agrícola: en Francia, si estoy bien informado, es el departamento de “pons et chaussés” que se ocupa de este asunto, con preferencia del cultivo práctico, y en Alemania el estudio y cultivo está a cargo de las “Dünenbankomission” dependientes del “Forstwesen” (departamento forestal), y sería del caso pedir a los gobiernos de estos países los informes, publicaciones y vistas respectivas aunque allí el problema es sólo de médanos de costa, pero donde son maestros en la acción precursora del cultivo: la defensa contra los vientos y afirmado del suelo.”
Después del almuerzo, nos disponemos a incursionar por el campo en un cómodo “buggy”, o cosa parecida. Nos acompañarán don Edmundo y don Enrique.
La estancia “Don Roberto” que forma parte de los primeros exponentes de civilización agropecuaria en la iniciación del terralfar puntano, no se destaca como edificio estilizado, aun cuando el confort interno y la hospitalidad tradicional de la casa dejan una amable recordación en el espíritu del viajero. Está sombreada y guarecida por arbolados que representan un enorme esfuerzo cultural. Son álamos erectos y tamariscos, las plantas de rigor. Ocupó, sin duda, una isleta de chañares, el sitio en que se levanta esta población, pues algunos ejemplares de esta flora aborigen, semi-urbanizados por la propia convivencia de los árboles exóticos, extienden sus elegantes copas matizando el tono desteñido de los tamariscos con su verde primaveral.
—Esta zona—nos asegura el señor W.—no brinda facilidades para la arboricultura. Los primeros pobladores de estos campos, nos hemos ocupado con verdadero tesón, no sólo de atender a los trabajos rurales, sino de practicar los más convenientes para los terrenos arenosos bajo este clima recio, de manera de fomentar los arbolados. Se trató siempre de conseguir una vegetación de aclimatación fácil y de rápido desarrollo, pues los árboles silvestres no sólo se resisten al trasplante sino que tienen el inconveniente de su crecimiento paulatino.