Adobe. Ladrillo sin cocer.

Liño. Hilera de plantas.

LAS BODEGUITAS DEL ALTO VALLE

Después de visitar las bodegas más importantes del valle del río Negro superior, hemos recorrido las pequeñas bodegas, donde se sigue para la elaboración de los vinos, los procedimientos más elementales. Todo el mundo hace vino en la región. Pero, por lo común es el vino “de garrote”, como se dice en buen romance, destilado a fuerza de viga, torno y prensa rudimental. A veces un vinillo abocado, de buen paladar, nos confunde frente al aspecto desorbitado y poco pulcro de la bodeguita que lo produce. Nada es simpático en el local, pobre, mal oliente, sucio. Y sin embargo es genuino el producto. Sólo la uva, nada más que la uva, ha sido la sustancia vinócula que dió sus nobles mostos al mísero lagar. Es la mano de obra sin duda, la que ha sabido suplir airosamente a la pobreza mecánica bajo la pericia de algún viejo viñador que trajo sus remembranzas de la tierra andaluza o de la Italia septentrional.

—¿Qué le parece mi vinejo?—nos interroga con cara de triunfador, un viejo valenciano de quien gustamos el producto de su pequeña vid.—Este es un aloque de lo mejor, sin cristianar... Vea qué transparencia... Vea qué nitidez...

Por no desconcertarle, ingerimos su licor sin una queja. Pero “su vinejo” no es ni “de pasto”, ni peleón, como llamarían en su tierra, por su baja calidad. Es un vinagrillo acedo, simplemente.

La escena se repite a menudo.

—Este es de solera, por lo guapo y fortificante—nos dice un malagueño, mientras en un jarro de lata nos da a beber su vino.—Hasta para el cáliz de la misa quedaría bien... Con un litro puede usted vigorizar hasta cincuenta...

De entrada a algunos locales de conservación, el ojo alerta descubre en los barriles mal apilados, la procesión de mosquitos que se escurre entre los intersticios de las duelas. Es una colonia de “musca cellaris”, que nos anticipa, de primera intención, el estado del líquido que contienen las vasijas. Aquello es vinagre, evidentemente.

El enólogo que nos acompaña en esa incursión valletana, trató hace años de encarrilar en la zona del Río Negro, la industria vitivinícola, respondiendo a la misión que le encomendara la Dirección general de agricultura. Respondiendo a nuestro deseo de conocer aquellos preliminares de la región, nos hace el siguiente bosquejo: