El 7 de Junio había sido nombrado Legado para coronar al Rey D. Fadrique, último de los Monarcas napolitanos de la Casa de Aragón. Después del asesinato de Gandía pensó el Papa enviar, en lugar del Cardenal de Valencia, al Vicecanciller Ascanio Sforza, con quien tuvo una conferencia el 21 de Junio; pero al fin fué César, que salió el 22 de Julio para Capua con numeroso séquito y la fastuosidad que tanto le placía, llevando al cinto la reina de las espadas, que pasó a poder del Duque de Sermoneta, y ha heredado su hijo el Príncipe de Bassiano, obra maestra del aurífice de Ferrara, Hércules de Fideli, cuyo cincel supo expresar emblemática y admirablemente el pensamiento del joven Cardenal que aspiraba a ser César, valiéndose de la espada, después de haberse abierto camino con la daga del sicario. El 6 de Septiembre regresó a Roma. Su Santidad lo recibió en su trono con el Sacro Colegio y lo besó según el ceremonial; pero ni el Valentino dijo una palabra al Papa, ni éste al Cardenal. En Octubre hicieron las paces padre e hijo, y éste manifestó su propósito de renunciar la púrpura, para lo que parecían suficiente razón su mala vida y sus notorias deshonestidades, aun para lego hartas. En el Consistorio secreto del 17 de Agosto de 1498 obtuvo la dispensa y renunció el capelo, con no poco escándalo, por ser cosa hasta entonces nunca vista.

Ya hemos dicho que uno de los primeros a quien la voz pública imputó el asesinato de Gandía fué Juan Sforza, habiendo el Papa públicamente declarado que estaba seguro de que no era verdad. Hacía tiempo que el Señor de Pesaro había dejado de ser para los Borjas persona grata. A ello contribuyó primeramente el haber abierto Ludovico el Moro las puertas de Italia al Rey de Francia para la conquista de Nápoles, y a oídos del Papa debieron llegar también los horrores que de él decía el Duque de Milán a los diplomáticos italianos acreditados en su Corte. Pesóle a Alejandro VI la alianza con los Sforza, y pensó en buscarle a Lucrecia marido de más fuste que el Señor de Pesaro y que mejor sirviera para sus combinaciones matrimoniales y políticas, que tenían por principal objeto el encumbramiento de sus hijos y el engrandecimiento de su Casa. Hiciéronle indicaciones a Juan Sforza para que espontáneamente se prestara a la disolución del matrimonio, a lo que se negó, y teniendo sospechas o habiéndole avisado Lucrecia por habérselo dicho César[73] que iba a ser asesinado, salió de Roma el Viernes Santo, 24 de Marzo de 1497, con el pretexto de ir a confesarse en San Crisóstomo; fuera de Roma, montó allí a caballo y no paró hasta Pesaro. El Papa mandó al Padre Mariano, célebre predicador de Genazzano, para persuadirle de que volviera a Roma; mas resultó vana toda su elocuencia, en vista de lo cual y de que en los cuatro años que llevaban de casados no había habido fruto ninguno de bendición que confirmara la consumación del matrimonio, aunque Scalona la tenía por cierta, resolvió el Papa disolverlo por impotencia del marido, y así lo hizo saber al Sacro Colegio en el Consistorio del 19 de Junio, encargando la instrucción del expediente a dos Cardenales que por no ser parientes ni españoles pudiesen parecer imparciales.

Le dolía a Sforza verse tachado de impotente, puesto que su primera mujer, Magdalena Gonzaga, había muerto de parto, y la tercera, Ginebra Tiepolo, con quien casó en 1500, le hizo padre de un hermoso hijo varón; pero no quiso someterse a la prueba pericial de su virilidad en Milán en presencia de testigos fidedignos y del Legado del Papa, según ingenuamente le propuso el Moro, y al fin, tanto pesó en el ánimo de éste y en el de su hermano el Cardenal el temor a las iras de Alejandro y a la venganza de los Borjas, que lograron arrancar al acobardado Juan la declaración, escrita de su puño y letra, indispensable para el fallo que se dictó el 20 de Diciembre, de que nunca había consumado el matrimonio, y Lucrecia se declaró, por su parte, dispuesta a jurar que estaba intacta[74]. Pero el marido manifestó de palabra al Duque de Milán, según escribía al de Ferrara Castaldi, su representante, «que la había conocido infinidad de veces y el Papa se la había quitado sólo para disfrutarla». De Milán y del ofendido marido partió la calumniosa acusación de incesto, que la maledicencia acogió en Roma, como asimismo atribuyó a Sforza el asesinato de Gandía, porque la voz pública reputaba incestuosa la intimidad de Lucrecia con su hermano. Y de Venecia y quizá del propio Sforza surgió la acusación contra César de haber asesinado por celos a Gandía.


V

Conducta de Lucrecia después de la fuga de Sforza.—Abandona su palacio y se refugia en el convento de San Sixto.—Proyectos del Papa de casar a César con Carlota de Aragón, la hija del Rey Fadrique de Nápoles, y a Lucrecia con D. Alonso, hijo natural de D. Alfonso II.—Desliz de Lucrecia con Perote. Da a luz un hijo.—Razones que hacen creer sea el Juan Borja, infante romano, a que se refieren las dos Bulas de 1.º de Septiembre de 1501.—La leyenda del incesto.—Oposición de D. Fadrique al matrimonio de su hija con César.—Consiente el del Duque de Bisceglia, D. Alonso, con Lucrecia.—La Princesa de Squillace, D.ª Sancha, escribe la relación de los festines que con motivo de esta boda se celebraron en el Vaticano.—La corrida de toros.—Matrimonios concertados por el Papa de sus dos sobrinas Jerónima y Angela Borja.—Se seculariza César y es nombrado por Luis XII Duque de Valence.—Pasa a Francia y casa con Carlota d’Albret.—Acuerdo de los Reyes Cristianísimo y Católico para repartirse el reino de Nápoles.—Huye de Roma Ascanio Sforza y sigue su ejemplo el Duque de Bisceglia.—Nombra el Papa a Lucrecia Regente de Spoleto y luego Señora de Nepi.—Reúnese con ella su marido y regresan a Roma, donde da a luz a su hijo Rodrigo.—Paz de que disfruta durante la ausencia de César, ocupado en la conquista de la Romaña.—Regresa a Roma triunfador.—El atentado contra el Duque de Bisceglia. Escapa con vida y se la quita Micheletto por orden de César.—Dolor de Lucrecia.—La envía el Papa a Nepi.—Antes de dos meses vuelve a Roma y se dispone a contraer un nuevo matrimonio que se proyectaba con Alfonso de Este, primogénito del Duque de Ferrara.—La negativa del Duque.—Para vencer la prevista resistencia de Ferrara acude el Papa a Francia, que para la empresa de Nápoles necesitaba el apoyo de la Santa Sede.—Cede el Duque con ciertas condiciones previas.—Larga y laboriosa negociación en que interviene Lucrecia en defensa de los intereses de Ferrara y obtiene la aceptación del Papa, firmándose el contrato en Ferrara el 1.º de Septiembre de 1501.—Queda Lucrecia en el Vaticano como Lugarteniente del Papa, mientras éste marcha a Sermoneta.—Júbilo de Roma y de Lucrecia al saberse la firma de las capitulaciones.—Fiestas romanas.—La de las castañas.—La entrada de los ferrareses en Roma el 23 de Diciembre.—Más fiestas con motivo de la boda.—El 6 de Enero despídese Lucrecia de Roma y de los suyos, y toma el camino de Ferrara.

El 24 de Marzo de 1497 escapó de Roma a uña de caballo y no paró hasta Pesaro, creyendo su vida amenazada, Juan Sforza, el marido de Lucrecia. Ésta, que en un principio tomó el partido de su esposo, riñó luego con él, y en Junio fué completa la ruptura entre los cónyuges. El día 14 escribía el Cardenal Ascanio a su hermano Ludovico el Moro, que tanto el Papa como César y el Duque de Gandía le habían declarado que no estaban dispuestos a consentir que volviese Lucrecia a poder de aquel hombre, que el matrimonio no se había consumado, y que, por consiguiente, podía y debía disolverse. Y en el Consistorio del día 19 había hablado Su Santidad del matrimonio de su hija con el Señor de Pesaro, que hubiese deseado fuese perpetuo; pero que no habiéndose consumado por impotencia, no quería el Papa decidir como juez, dejando al Sacro Colegio que entendiese en la causa y procediese en justicia.

El 4 de Junio había abandonado Lucrecia su palacio insalutato hospite, o sea sin despedirse del Papa, refugiándose en el convento de San Sixto, en la vía Appia. Decían unos, según escribía al Cardenal Hipólito de Este Donato Aretino, el 19 de Junio, que pensaba hacerse monja, y los demás decían otras cosas que no eran para escritas. En el convento recibió Lucrecia la noticia del asesinato del Duque de Gandía, y conociendo a César debió sospechar fuera el autor de tan nefando crimen, del que pudiera ser causa ocasional, si no primera, su cuñada Sancha, cuyos favores se disputaban ambos hermanos. Ignóranse los motivos que hicieron a Lucrecia refugiarse en el convento de San Sixto, así como la duración de su clausura. Díjose que cuando Alejandro VI quiso reformarse y reformar la Iglesia, ante el dolor por la pérdida del hijo predilecto, que consideraba castigo y aviso del cielo, pensó alejar a los demás de Roma. El 22 de Julio partió César para Nápoles como Legado pontificio, para la coronación del Rey D. Fadrique. El 7 de Agosto se fueron a Squillace Jofre y Sancha, y se habló de que Lucrecia iría a Valencia[75]. Mas ya estaba entonces el Papa, según escribía a su hermano Ludovico el Cardenal Ascanio el 20 de Agosto, en tratos con el Príncipe de Salerno para casar a Lucrecia con el hijo de dicho Príncipe, en ciertas condiciones que, de ser ciertas, no redundarían en provecho de la Majestad Real ni de Italia. Al propio tiempo había oído decir que el Cardenal de Valencia se secularizaría y casaría con la Princesa de Squillace, dándosele los estados que posee en el Reino de Nápoles el Príncipe, que hasta ahora no ha conocido carnalmente a la Princesa, y que sucedería al Cardenal en todos sus beneficios eclesiásticos. Que César estuviese resuelto a despojarse de la púrpura era cierto; mas no que lo hiciese para casarse con su cuñada Sancha, porque eran más altas sus aspiraciones. Tenía puestos los ojos en la corona de Nápoles, la que creía poder alcanzar por medio de su enlace con Carlota de Aragón, la hija del Rey Fadrique, contentándose por lo pronto con el Principado de Taranto, y estos ambiciosos proyectos de César, que eran también los del Papa, movieron a éste, en su deseo de granjearse a los aragoneses, a negociar la boda de Lucrecia con Alfonso, Duque de Bisceglia, hijo natural, como Sancha, de Alfonso II y de la bella Trusia. Pero necesitábase ante todo anular el matrimonio de Lucrecia con el Señor de Pesaro, para lo que era preciso probar la impotencia del marido, y al fin se obtuvo por la declaración conforme de ambos cónyuges.