En sus amores con Francisco Gonzaga sirvió de tercero a la Duquesa el poeta Hércules Strozzi, testimonio con Tebaldeo de la honestidad de Lucrecia, en la ya citada octava del Orlando Furioso. Hércules y su padre Tito emularon a Bembo en las poesías que a Lucrecia dedicaron, y aun le superaron en la expresión, porque eran mayores poetas; pero su devoción, claro está, era puramente estética y literaria[116]. Las cartas de Strozzi al Marqués de Mantua, firmadas con el nombre de Zilio (equivalente a Giglio, o sea lirio), obran en el Archivo Gonzaga y son pocas, porque las anteriores al 23 de Marzo de 1508 fueron restituídas al poeta y sólo se conservan las que recibió Francisco desde fines de Marzo a fines de Junio; es decir, las inmediatamente anteriores al trágico fin de Strozzi. En ellas se designa a Lucrecia con el nombre de Bárbara, que era el de la mujer de Strozzi; a Alfonso, con el de Camilo; al Cardenal Hipólito, con el de Tigrino, y a la Marquesa de Mantua, con el de Lena. Estas relaciones empezaron cuando apenas acababa el idilio con Bembo, cuyos últimos resplandores vemos en las desoladas cartas del poeta veneciano. Tenía éste una fraternal amistad con Strozzi, a quien había hecho confidente de sus amores, y si no se atrevió Strozzi a revelarle los nuevos de Lucrecia, que había en él depositado su confianza, debió disuadirle de que volviera a Ferrara, para evitarle un desengaño.

En Enero de 1507 fué el Marqués de Mantua a Bolonia para abocarse con el Papa Julio II, y a la ida, como a la vuelta, se detuvo en Ferrara, donde la Duquesa lo obsequió con esplendidísimos y frecuentes bailes, en que tomaron parte activa algunos Cardenales, como el de Narbona y Cornaro, y tanto bailó Lucrecia, que era bailarina apasionada, que se procuró un aborto. La primera danza se la concedió al Marqués, que estaba enmascarado.

Tuvo al año siguiente que ir a Venecia el Duque Alfonso para justificarse con la Serenísima y dió orden de que si en su ausencia daba a luz Lucrecia, a quien dejaba ya próxima a salir de su cuidado, no se le diese parte al Marqués de Mantua. Y a esta época corresponden las cartas de Strozzi, que se conservan en el Archivo mantuano, las cuales, por la letra, el papel, la tinta, son, evidentemente, suyas, comparándolas con las que tienen su firma. No puede de ellas deducirse que tuviera el Marqués arte ni parte en el fruto de bendición que esperaba Lucrecia, porque la soñada y prometida felicidad no parece que hubiera llegado a ser una realidad para los enamorados cuñados. El 2 de Abril le dice: «La Duquesa espera de hora en hora, el parto: Madonna Bárbara dice que si no se lo avisa se lo perdone y acepte la buena intención.» El 4 de Abril dió a luz Lucrecia el tan ansiado heredero, a quien pusieron el nombre del abuelo paterno. La participación oficial llevóla a Mantua Prosperi, pero únicamente para la Marquesa; excusándose con el Marqués en una esquela en que le decía no se había dado parte, en nombre del Duque, a potentado alguno. Alfonso escribió desde Venecia, el 5 de Abril, a su cuñado, participándole el feliz alumbramiento de la Duquesa, y Strozzi, en carta del 9, reiteraba el sentimiento de Lucrecia por la prohibición de su marido de anunciarle el parto, doliéndose de la perfidia de Camilo.

Envió entonces el Marqués de Mantua a Ferrara a Benedetto Capilupi para disipar, en lo posible, el malhumor del Duque y felicitarle por el nacimiento de Hércules con protestas de fraternal y cordial amistad. Acogiólo Alfonso benévolamente y le hizo ver al putino che era bello et ben compito d’ogni cosa.

Partióse el Duque para Francia y dió esto lugar a una carta que el 25 de Abril escribió Strozzi, apremiando a Francisco para que viniese a Ferrara: «Madonna Bárbara, decíale, os ama muchísimo, más acaso de lo que pensáis, porque si creyeseis que os ama tanto como siempre os he dicho, seríais más ardiente de lo que sois en escribir y en tratar de venir donde ella estuviese. Os doy palabra de que os ama mucho, y que si continuáis de la manera que sabré mostraros, si no conseguís vuestro intento, quejaos de mí, que os lo permito. Mostradle que la amáis ardientemente, que de vos no pide otra cosa. Poned la mayor diligencia en venir a verla y veréis cuántas fiestas os hará, y comprenderéis entonces que os digo aún menos de lo que hay.» Con la propia fecha escribió al Marqués otra carta, para que pudiera mostrarla, firmada con su nombre.

Bien fuera porque Francisco Gonzaga estaba realmente enfermo, bien porque repugnara, según Luzio, a su carácter leal, el consumar el adulterio, o más probablemente por el temor que le inspiraban los Estenses, ello es que, desde Abril a Junio, a pesar de las instancias de Lucrecia, no se movió de Mantua. Alfonso regresó de Francia con extraordinaria celeridad, el 13 de Mayo, vistiendo luto por su tío y cuñado Ludovico el Moro, y el 6 de Junio, en la esquina del Palacio, apareció, cosido a puñaladas, el cadáver de Hércules Strozzi.

El crimen quedó impune y ante la pasividad de la justicia, que no dió el menor paso para descubrir al asesino, ocurre, desde luego, la sospecha de que fué obra del Duque, tanto más, cuanto que en una carta confidencial de Jerónimo Comasco al Cardenal Hipólito, se cita el nombre del asesino, soldado audaz y sin escrúpulos, que se llamaba Masino del Forno. Quizás quiso Alfonso suprimir al tercero, que, según escribía Strozzi a Francisco, «exponía por él la vida mil veces por hora», y al que Isabel de Este, antes su protectora y amiga, mostraba una instintiva malquerencia en una carta que acaso sirviera para abrir los ojos a su hermano. Esta hipótesis parece más seria y verosímil que la corriente del amor de Alfonso por la bella Bárbara Torelli, que el 26 de Mayo de 1508 casó, en segundas nupcias, con Hércules Strozzi. Atribuye Luzio el asesinato a disgustos de familia. Bárbara, de su primer matrimonio con Hércules Bentivoglio, tuvo dos hijas, que casaron, la una con Galeazzo Sforza de Pesaro, y la otra, con Lorenzo Strozzi, el hermano de Hércules. Andaba ella en pleito con su primer yerno, y éste o sus parientes, según Luzio, irritados con el segundo Hércules que había Bárbara elegido por marido, decidieron suprimirlo. Mas la impunidad de un asesinato, que produjo gran impresión en Ferrara, por ser Hércules Strozzi poeta de gran fama y cortesano muy bienquisto, y Bárbara mujer tan bella como culta, y sobre el que guardan silencio los escritores contemporáneos, quita fuerza a la versión de Luzio y robustece la de la responsabilidad del Duque, a quien el Papa Julio II acusó, entre otras cosas, de la muerte de Strozzi en la filípica contra Alfonso I, que tuvo que oír en Roma, en Junio de 1510, el jurisconsulto Carlos Ruini, enviado para aplacar al Papa, arrebatado de ira contra el Duque por su alianza con los franceses.

Lorenzo Strozzi reemplazó al asesinado hermano en el servicio de tercero que prestaba a Lucrecia. El 30 de Junio escribió ésta, de su puño y letra, a Francisco, recomendando a Lorenzo como no menos devoto servidor que su hermano Hércules, y desde Reggio escribía Strozzi al Marqués que «la Duquesa deseaba parlare a bocha con él, y le rogaba viniese a Gonzaga y de allí a Reggio, de donde tendría ella que volver a Ferrara dentro de ocho o diez días por la partida del Duque, porque sería la cosa del mundo que le daría más gusto. Y como yo le dijese que V. E. estaba en cama, me contestó que mandaría decir en Reggio y en Ferrara tantas oraciones, que le sería concedida la gracia de que sanase pronto V. E. y pudiese venir a verla, y que si a ella le fuese lícito, no tardaría tanto en ir a hablarle y visitarle, y que el mal de V. E. le duele tanto como si fuera propio. La Duquesa había estado muy mal de un flujo de sangre, pero estaba ya bastante bien, y que si esto no se lo hubiera impedido hubiese escrito de su puño una carta a V. E. para rogarle que viniese de todos modos a Reggio, y aunque ya le he dado las excusas de V. E. por no poder venir, me ha encargado le escriba, y he hecho cuanto la Duquesa me ha ordenado».

Contestóle el Marqués por mano de su Secretario Tolomeo Spagnoli, el 25 de Agosto, en una carta en que, a través de la fraseología oficial, se transparenta el constante afecto cohibido por la enfermedad y por la prudencia. Atribuye el Marqués a las oraciones de Lucrecia el sentirse más aliviado desde hacía cuatro días, y entre las razones que le hacían desear su curación, una de las principales era la de poder volverla a ver.

Después del asesinato de Hércules Strozzi, evitó Francisco Gonzaga toda relación directa con Lucrecia, a pesar de los seductores convites que le envió por medio de Lorenzo Strozzi para que honrara con su presencia las fiestas del Carnaval y los soberbios espectáculos teatrales de Ferrara en 1509. Pocos meses después cayó Francisco en poder de los venecianos, y durante todo el año que duró su prisión en Venecia, la correspondencia de Lucrecia con su cuñada Isabel se limitó a un frío cambio de cortesías y noticias; pero apenas salió el de Mantua de las garras del León de San Marcos, Lucrecia, que había procurado confortar al prisionero con secretos auxilios, pareció renacer. Volvió Lorenzo Strozzi a emprender sus peregrinaciones a Mantua, y sus cartas al Marqués abundan en alusiones al amor de Lucrecia.