Siempre he creído que el coronel Morgan llevó a Wáshington los procedimientos de la corte marcial, explicando a Jéfferson lo que había pasado. Lo cierto es que el presidente aprobó la resolución; es decir, a creerse a las personas que aseguran haber visto su firma. Antes de que el Nautilus diera la vuelta de Nueva Órleans por la costa septentrional del Atlántico llevando a su bordo al prisionero, la sentencia quedaba aprobada y él era un hombre sin patria.

El plan adoptado fué más o menos el mismo que se siguió siempre. Quizá nació de la necesidad de enviarle por agua desde el fuerte de Adams y de Órleans. Se solicitó del secretario de marina,—probablemente el primer Crówninshield, aun cuando no estoy seguro de la persona,—que pusiera a Nolan a bordo de algún buque del gobierno aparejado para larga travesía, ordenando que se le confinara de tal suerte que jamás volviese a oír hablar de su patria ni a volverla a ver. Pocas travesías largas se realizaban en aquel tiempo, y la marina no gozaba de gran favor; de manera que, siendo casi todo tradición en esta historia, como ya lo he explicado, no podría decir con certidumbre cuál fué su primer viaje. Pero el capitán a quien fué entregado Nolan—probablemente Tíngey o Shaw, aunque también pudo ser alguno de los jóvenes de aquel tiempo que, como yo, son viejos en la actualidad—el capitán, decía, reguló la forma y las precauciones necesarias para el caso, las mismas que, de acuerdo con aquel programa, se llevaron a cabo hasta la muerte del prisionero.

Treinta años después, cuando era yo oficial segundo del Intrepid, vi el pliego original que contenía las instrucciones. Siempre he lamentado no haber sacado entonces copia exacta de este papel. Decía, sin embargo, más o menos lo siguiente:

Wáshington (y la fecha,
que debe haber sido a
fines del 1807).

Señor: El teniente Neale os entregará la persona de Phílip Nolan, ex teniente en el ejército de los Estados Unidos.

En el transcurso de su juicio por la corte marcial, manifestó dicha persona, acompañado de un voto, el deseo de no volver a oír hablar jamás de los Estados Unidos.

La sentencia del tribunal fué que este deseo quedara satisfecho.

Por ahora ha confiado el presidente la ejecución de la sentencia a este departamento.

Tomaréis al prisionero a bordo de vuestro buque, y le guardaréis con toda clase de precauciones para impedir su fuga.

Le procuraréis alojamiento, mesa y vestidos en relación con el grado de oficial que había alcanzado en el ejército, como si fuera a bordo un pasajero por asuntos del gobierno.