—No.

Aventuró aún:

—Acaso a la una de la noche.

—Más tarde.

—A lo mejor, a las tres.

—Más.

Rafaela interrogó, asustada:

—¿Y qué harán a esas horas, señor?...

Explicó Chinto con aire de hombre bien enterado, que habla a un ser de inferior cultura:

—Hacen esas cosas que ponen los papeles, mujer.