—¿Dónde está tu hermano?

—Debió de ir a fumar.

Doña Rosa observaba:

—Fuma mucho estos días. No me gusta eso.

—¿Qué le vas a hacer?... Se aburre.

Federica entró aquella tarde en el comedor a anunciar:

—Está ahí doña María, la de Solís, que pregunta por la señora.

Doña Rosa alzó la cabeza de la costura para inquirir, con un leve asombro:

—¿Doña María, la de Solís?

—Sí, señora.