—Mi padre verá...—resumió; y volvió a entrar, buscando la receta en el bolsillo para dejársela a su hermano.

Una mujeruca gritóle aún desde la puerta:

—Eso no es más que el andacio, Chinto, que hay mucho andacio en la Gándara y más allá de la Gándara.

Sergio saltó a la carretera y volvió hacia la quinta, sin esperar por el criado. La tarde declinaba, y el verdor de las matas era más obscuro, y el aire tenía, en el crepúsculo que se iniciaba, una extraña diafanidad. El camino estaba desierto, bajo el varillaje de los olmos que sobre él se cruzaba y al través del cual se veía el cielo como al través de una red; todas las hojas habían caído ya, y en alguna horquilla de las ramas se veía quizá un nido abandonado, negro, del mismo color de la corteza. Las llantas de goma del automóvil habían dibujado sus relieves en la blanda superficie de la carretera, y Sergio las seguía, silbando, con aquella abstracción, con aquel extraño sentimiento que diluía su espíritu cuando se hallaba solo en la vastitud del campo callado. Pero súbitamente se detuvo. De una corredoira que salía al camino real acababa de surgir Volvoreta. Y Volvoreta no iba sola. Sergio lo advirtió, con un furioso afluir de sangre al cerebro. Volvoreta iba con un jovencillo vestido de cadete. Después de la ceguera de sorpresa, Sergio conoció en él al hijo de los señores de la Cruz del Souto, que había vuelto de Toledo a pasar en el pazo las Navidades. Hirviente en cólera, conteniendo el impulso celoso, se acercó. Pudo oir decir al cadete:

—... paso poco tiempo; pero estaba seguro de no haberla visto... Tan hermosa como es usted...

Sergio los sobresaltó con su presencia repentina. Prescindiendo del acompañante, el joven, pálido, cruzó sus brazos ante Federica, asestándole una fiera mirada:

—¡A casa!...

Ella dió un paso atrás.

—¡Pronto!...

Marchó, acelerando el andar, sin volver la cabeza. Entonces él se volvió hacia el cadete, que batía su pantalón gris con el espadín jactanciosamente. Miró su figurilla menuda, de adolescente, y alzó la cabeza para preguntar con una sonrisa desdeñosa: