Ella le contempló, sorprendida:
—Diré.
Hubo otra pausa. Él arrancó unas hierbecillas:
—¿Quién fué el primero?
Sonrió la moza:
—Tú.
Sergio arrojó las hierbecillas a la corriente del río:
—¡Boh!... Bien sabes que no. ¿Quién fué el primero?... Dime.
Aun añadió suavemente, para facilitar la confesión, mientras rapaba el suelo con sus dedos nerviosos:
—Es por saberlo, nada más...