—Nada, salvo que debe usted contestar a mis preguntas. Son de la mayor importancia, y el objeto real de nuestra venida ha sido para poder hacérselas. Primero, ¿ha conocido usted un hombre llamado Blair, Burton Blair?
—¿Burton Blair?—repitió el anciano, apoyando sus manos en los brazos de su silla al inclinarse hacia adelante ansiosamente.—Sí; ¿por qué?
—Ese hombre descubrió un secreto, ¿verdad?
—Sí, por mi intermedio... e hizo millones debido a eso, según dicen.
—¿Cuándo fue la última vez que lo vio?
—Hará cinco o seis años.
—¿Cuándo al fin descubrió que vivía usted aquí?
—Eso es. Anduvo recorriendo todos los caminos de Inglaterra para encontrarme.
—¿Fue usted quien le dio esta fotografía?
—No, creo que la debió robar.