—¿Cuál? ¿Qué otro puedo probar?—pregunté confundido, pero él sólo sacudió la cabeza.

Reginaldo, con papel y lápiz en la mano, estaba tratando de descifrar y hacer comprensibles las letras por medios que varias veces había intentado yo, a saber: substituyendo la A por la B, la C por la D, y así todas las demás. Después probó añadir dos letras, luego tres, y más aún, con el fin de descubrir la clave, pero, como ya me había sucedido antes a mí, su trabajo fue enteramente perdido.

Mientras tanto, el anciano, que parecía manejar las cartas con demasiado interés, estaba, lo vi, tratando de volverlas a arreglar él solo, colocando su dedo sobre una, luego sobre otra y después sobre una tercera, como si hubiera sabido el arreglo concreto de ellas, y leyendo para sí el registro.

¡Tal vez era posible que estuviera en posesión de la clave del problema que teníamos allí desplegado, y que se estuviese enterando del secreto de Burton Blair, mientras nosotros permanecíamos ignorándolo!

De pronto, el anciano y enjuto marino se enderezó, y, mirándome, exclamó, con una sonrisa de triunfo:

—Mire, señor Greenwood; aquí hay cuatro palos, ¿no es verdad? Haga la prueba por orden alfabético: los bastos, copas, espadas y oros. Primero tome todos los bastos y arréglelos así: rey, ocho, sota, reina, as, siete, nueve, diez; luego las copas, y después los otros dos palos. Una vez terminado el arreglo vea lo que puede sacar de eso.

Ayudado por Reginaldo, procedí de nuevo a colocar sobre la mesa las cartas como me había indicado, y las arreglé, según la extraña rima, en cuatro columnas de ocho cartas cada una, por orden alfabético.

—¡Al fin!—gritó Reginaldo, casi fuera de sí de gozo.—¡Al fin! ¡Ya la tenemos, viejo! ¡Mira! Lee la primera letra de cada carta hasta abajo, una columna después de otra. ¿Qué es lo que deletreas?

Los tres estábamos sin poder respirar, y aparentemente el más agitado de todos era el viejo Hales, o, tal vez, nos había estado extraviando y fingiendo ignorancia. Había arreglado solo la primera fila, la de bastos, pero ya se leía lo siguiente:

ReyBONTDRNNCROAUIT
OchoEITYGOJTAENNWNH
SotaTNHJENTYNDJOIDE
ReinaWTESJTHFDTOLLTC
AsEWJIWHEOEHNDLHR
SieteEHLXHEFUFEEEFEO
NueveNEEPEFIRERWOIOS
DiezTRFARIFJNEINNLS