—La primera columna empieza con la palabra Between (¡Entre!)—grité, contemplando atónito lo primero comprensible que había descubierto.

—¡Sí, y yo veo otras palabras en las demás columnas!—exclamó Reginaldo, arrebatándome, lleno de agitación, algunas de las cartas que yo tenía, y ayudándome a arreglar las otras filas.

Aquellos instantes han sido los más agitados, nerviosos y solemnes de mi vida. El gran secreto que había producido toda su fabulosa riqueza a Burton Blair, iba a quedar revelado para nosotros.

¡Podía convertirme en un millonario, como había sucedido con su difunto dueño!

Una vez arregladas todas las cartas en el orden correspondiente: las ocho de copas, las ocho de espadas y las ocho de oros debajo de las ocho de bastos, tomé un lápiz y escribí la primera letra de cada carta.

—¡Sí!—grité, casi fuera de mi razón y presa de la mayor excitación,—el arreglo es perfecto. ¡El secreto de Burton Blair está descubierto!

—¡Es una especie de registro!—exclamó Reginaldo.

Y empieza con las palabras: Entre el Ponte del Diávolo... ¡Este nombre es italiano, y supongo que querrá decir: ¡Puente del Diablo!

—El Puente del Diablo es un antiguo puente medioeval que hay cerca de Lucca—expliqué rápidamente, y luego recordé la cara grave del monje capuchino, que vivía en el silencioso monasterio próximo a dicho paraje. Pero en ese momento toda mi atención estaba dedicada a aclarar el enigma, y no tenía tiempo para reflexionar. La letra Y estaba colocada en algunos puntos en lugar del espacio, con el fin aparentemente de confundir, y así ocultar el secreto de cualquiera solución probable o casual.

Al fin, después de un cuarto de hora casi, porque algunas de las letras estaban bastante borradas, descubrí que el registro cifrado que había estado escribiendo era un extraño documento que contenía lo siguiente: