—Lo que el Cardenal le había dicho que encontraría. Pero jamás me explicó lo que era. Todo lo que llegó a manifestarme era que el secreto convertiría a su dueño en un hombre muy rico, lo que ciertamente ha sucedido en el caso de Blair.

—La conexión que parece existir entre el difunto Cardenal Sannini y fray Antonio, el capuchino de Lucca, es extraña—observé.—¿Estará el monje en posesión del secreto? cavilo yo. No hay duda de que él tiene algo que ver con este asunto, como lo demuestran sus constantes consultas con Dawson.

—Es indudable—dijo Reginaldo, dando vuelta a las cartas sin objeto.—Ahora tenemos que descubrir la posición exacta de estos dos hombres, y, al mismo tiempo, impedir que el tal Dawson consiga tomar demasiada posesión de la fortuna de Mabel Blair.

—Eso déjemelo a mí—exclamé reservadamente.—Por ahora nuestra línea de conducta es bien clara. Debemos investigar el paraje que queda a orillas del Serchio y descubrir lo que está allí escondido.—Después, volviéndose a Hales, añadió:—En el registro he notado que ordena claramente: «Buscad primero al anciano que vive en la casa de las Encrucijadas.» ¿Qué significa esto? ¿Por qué se indica esa dirección?

—Porque creo que cuando el registro fue estampado en estas cartas—contestó,—yo era la única persona que sabía algo respecto al secreto del Cardenal; la única, fuera del interesado, que poseía la clave de la cifra.

—Pero al principio aparentó usted no conocerla—observé yo, mirando todavía con cierto recelo al anciano.

—Porque no estaba seguro de si procedían ustedes de buena fe—dijo riéndose con toda franqueza.—Me tomaron de sorpresa, y no tenía intención de expandirme prematuramente.

—¿Pero nos ha referido usted todo lo que sabe realmente?—exclamó Reginaldo.

—Sí, no sé nada más—replicó.—En cuanto a lo que hay en el punto que indica el registro, lo ignoro por completo. Recuerden que Blair me pagó lo justo, y aun más de lo estipulado; pero, como ustedes lo saben bien, era un hombre sumamente reservado en todo lo concerniente a sus asuntos, y me dejó sin saber nada.

—¿Y no puede darnos más informes sobre este tuerto que parece que ha sido socio de Blair en la extraordinaria empresa misteriosa?