—Yo sé—rió;—yo sé casi tanto como usted por una parte, mientras que por la otra mis conocimientos se extienden algo más allá que los suyos. Todo lo que puedo decirle, es que he observado, y, por lo tanto, he sacado mis conclusiones.

—¿De que Seton no era su amigo?

—Sí, de que Seton no era su amigo—repitió lenta y muy claramente.

—Pero por cierto que usted no le hace una acusación directa—exclamé.—Seguramente, usted no cree que él es el responsable de esta tragedia, si es que ha habido una tragedia en esta muerte, ¿no?

—Yo no formulo una acusación directa—fue su ambigua respuesta.

El tiempo revelará la verdad, no hay duda.

Ansiaba poderle preguntar abiertamente si algunas veces no se hacía pasar con el nombre de Paolo Melandrini; sin embargo, temía hacerlo, por recelo de despertar sus indebidas sospechas.

—El tiempo será el único que podrá revelar que Reginaldo Seton fue uno de los mejores amigos del muerto—dije pensativamente.

—Al parecer, sí—fue la dudosa contestación del capuchino.

—¿Un enemigo tan mortal como el Ceco?—le interrogué, mirándole a la cara mientras tanto.