—¡Oh!—exclamé fingiendo sorpresa, como si aquello hubiera sido nuevo para mí.—¿Y quién ha dicho eso?
—Tengo informaciones privadas—repuso evasivamente.—Pero antes de entrar a proceder, he pensado que era mejor que viniera a verme con ustedes, para que nos podamos entender bien desde el principio.
Sé que ustedes dos han sido amigos muy buenos e íntimos de Blair, mientras yo, debido a ciertas circunstancias curiosas, me he visto obligado, hasta hoy, a permanecer enteramente en el fondo del escenario, como su amigo secreto. También estoy bien al tanto de las circunstancias en que se conocieron y de la bondad y caridad de ustedes para con mi amigo muerto y su hija; en una palabra, él me lo contó todo, porque no tenía secretos para mí. Sin embargo, ustedes, por su parte—continuó, mirándonos con su solo ojo azul,—deben haber considerado su repentina fortuna como un completo misterio.
—Así ha sido, ciertamente—observé.
—¡Ah!—exclamó con rapidez en un tono de mal oculta satisfacción.—¡Entonces él no les ha revelado nada!
En el acto comprendí que, inadvertidamente, le había dicho a aquel hombre lo que justamente más deseaba saber.
XIII
SE REVELA EL SECRETO DE BURTON BLAIR
—Cualquier cosa que Burton Blair me haya dicho ha sido en la más estricta confianza—exclamé, ofendido por el entrometimiento de aquel individuo, pero, sin embargo, contento interiormente de haber tenido la oportunidad de conocerlo y poder tratar de cerciorarme de sus intenciones.
—Por cierto—respondió Dawson con una sonrisa, mientras su único ojo me miraba parpadeando a través de sus anteojos, arcos de oro.—Pero su amistad y gratitud nunca hicieron que llegase al grado de revelarle su secreto. No. Si usted me disculpa y permite, señor Greenwood, le diré que pienso que es inútil estemos combatiendo de esta manera, teniendo en vista que yo sé mucho más de Burton Blair y de su vida pasada, que lo que usted sabe.