Orlando.—De aquella que no está aquí ni me oye.
Rosalinda.—Basta de esto, basta, os lo ruego. Se parece al aullido de los lobos irlandeses á la luna. (A Silvio.) Os ayudaré, si puedo. (A Febe.) Os amaría, si pudiera. Venid juntos á verme mañana. (A Febe.) Me casaré con vos, si he de casarme con alguna mujer, y me casaré mañana. (A Orlando.) Os daré satisfacción, si alguna vez he de haber podido darla á un hombre, y os casaréis mañana. (A Silvio.) Os dejaré contento, si os contenta lo que os agrada, y os casaréis mañana. (A Orlando.) Pues amáis á Rosalinda, venid á la cita. (A Silvio.) Pues amáis á Febe, venid á la cita. Y pues no amo á ninguna, vendré á la cita. Así, quedad con Dios. Ya os daré mis órdenes.
Silvio.—No faltaré, si vivo.
Febe.—Ni yo.
Orlando.—Ni yo.
(Salen.)
ESCENA III.
La misma.
Entran PIEDRA-DE-TOQUE y TOMASA.
Piedra.—Mañana es el día de júbilo, Tomasa: mañana nos casaremos.