Antífolo.—¡Bien! Entonces estará seca.
Dromio.—Si es así, señor, os ruego no probarla.
Antífolo.—¿Y la razón?
Dromio.—De miedo de que os haga encolerizaros y me valga otra salsa de palos.
Antífolo.—Vamos, aprende á chancear á propósito. Cada cosa á su tiempo.
Dromio.—Habría osado negarlo antes que os hubiéseis puesto tan enojado.
Antífolo.—¿Según qué regla?
Dromio.—¡Diablos, señor! Según una regla tan llana como la cabeza calva del viejo padre Tiempo en persona.
Antífolo.—Veámosla.
Dromio.—No hay ocasión de que recobre sus cabellos el hombre que se pone naturalmente calvo.