ESCENA XIX
Sala en casa de Horacio
HORACIO, un criado

Horacio.—¿Quiénes son los que me quieren hablar?

Criado.—Unos marineros que, según dicen, os traen cartas.

Horacio.—Hazlos entrar. (Vase el criado). Yo no sé de qué parte del mundo pueda nadie escribirme, si ya no es Hamlet mi señor.

ESCENA XX
HORACIO, dos marineros

Marinero 1.º—Dios os guarde.

Horacio.—Y á vosotros también.

Marinero 1.º—Así lo hará, si es su voluntad. Estas cartas del embajador que se embarcó para Inglaterra vienen dirigidas á vos, si os llamáis Horacio como nos han dicho.

Horacio. (Lee la carta.)—«Horacio: luego que hayas leído esta, dirigirás esos hombres al rey, para el cual les he dado una carta. Apenas llevábamos dos días de navegación, cuando empezó á darnos caza un pirata muy bien armado. Viendo que nuestro navío era poco velero, nos vimos precisados á apelar al valor. Llegamos al abordaje: yo salté el primero en la embarcación enemiga, que al mismo tiempo logró desaferrarse de la nuestra, y por consiguiente me hallé solo y prisionero. Ellos se han portado conmigo como ladrones compasivos; pero ya sabían lo que se hacían, y se lo he pagado muy bien. Haz que el rey reciba las cartas que le envío, y tú ven á verme con tanta diligencia como si huyeras de la muerte. Tengo unas cuantas palabras que decirte al oído, que te dejarán atónito, bien que todas ellas no serán suficientes á expresar la importancia del caso. Esos buenos hombres te conducirán hasta aquí. Guillermo y Ricardo siguieron su camino á Inglaterra. Mucho tengo que decirte de ellos. Adiós. Tuyo siempre.—Hamlet.»

Vamos. Yo os introduciré para que presentéis esas cartas. Conviene hacerlo pronto, á fin de que me llevéis después adonde queda el que os las entregó.