Laertes.—¿Eso decís, señor? Vamos. (Batallan).
Enrique.—Nada: ni uno ni otro.
Laertes.—Ahora... ésta...
(Vuelven á batallar; se enfurecen, truécanse las espadas y quedan heridos los dos. Horacio y Enrique los separan con dificultad; Gertrudis cae moribunda en los brazos de Claudio. Todo es terror y confusión.)
Claudio.—Parece que se acaloran demasiado... Separadlos.
Hamlet.—No, no, vamos otra vez.
Enrique.—Ved qué tiene la reina... ¡Cielos!
Horacio.—¡Ambos heridos! ¿Qué es esto, señor?
Enrique.—¿Cómo ha sido, Laertes?
Laertes.—Esto es haber caído en el lazo que preparé... justamente muero víctima de mi propia traición.