Hamlet.—Pues, caballeros, muy bien venidos á Elsingor; acercaos aquí, dadme las manos. Las señales de una buena acogida consisten por lo común en ceremonias y cumplimientos; pero permitid que os trate así, porque os hago saber que yo debo recibir muy bien á los cómicos en lo exterior, y no quisiera que las distinciones que á ellos les haga pareciesen mayores que las que os hago á vosotros. Bien venidos... Pero mi tío padre, y mi madre tía, á fe á fe, que se equivocan mucho.

Guillermo.—¿En qué, señor?

Hamlet.—Yo no estoy loco, sino cuando sopla el nordeste; pero cuando corre el sur, distingo muy bien un huevo de una castaña.

ESCENA IX
POLONIO y dichos

Polonio.—Dios os guarde, señores.

Hamlet.—Oye aquí, Guillermo, y tú también... un oyente á cada lado. ¿Veis aquel vejestorio que acaba de entrar? Pues aun no ha salido de mantillas.

Ricardo.—O acaso habrá vuelto á ellas, porque según se dice, la vejez es segunda infancia.

Hamlet.—Apostaré que me viene á hablar de los cómicos, tened cuidado... Pues, señor, tú tienes razón; eso fué el lunes por la mañana, no hay duda.

Polonio.—Señor, tengo que daros una noticia.