Hamlet.—Con un buen suspiro que deis, se le quita el filo.

Ofelia.—Eso es; siempre de mal en peor.

Hamlet.—Así hacéis vosotras en la elección de marido: de mal en peor... Empieza, asesino... Déjate de poner ese gesto de condenado, y empieza. Vamos... el cuervo graznador está ya gritando venganza.

Cómico 3.º—Negros designios, brazo ya dispuesto á ejecutarlos, tósigo oportuno, sitio remoto, favorable el tiempo, y nadie que lo observe. Tú, extraído de la profunda noche en el silencio, atroz veneno de mortales hierbas (invocada Prosérpina) compuesto; infectadas tres veces, y otras tantas exprimidas después, sirve á mi intento; pues á tu actividad mágica, horrible, la robustez vital cede tan presto.

(Acércase adonde está durmiendo el cómico primero; destapa un frasquillo, y le echa una porción de licor en el oído).

Hamlet.—¿Veis? Ahora le envenena en el jardín para usurparle el cetro. El duque se llama Gonzago... Es historia cierta, y corre escrita en muy buen italiano. Presto veréis cómo la mujer de Gonzago se enamora del matador.

(Levántase Claudio lleno de indignación. Gertrudis, los caballeros, damas y acompañamiento hacen lo mismo, y se van según lo indica el diálogo).

Ofelia.—El rey se levanta.

Hamlet.—Qué, ¿le atemoriza un fuego aparente?

Gertrudis.—¿Qué tenéis, señor?