Guillermo.—Pero si no sé palabra de eso...

Hamlet.—Más fácil es que tenderse á la larga. Mira, pon el pulgar y los demás dedos según convenga sobre estos agujeros, sopla con la boca, y verás qué lindo sonido resulta. ¿Ves? Estos son los puntos.

Guillermo.—Bien, pero si no sé hacer uso de ellos para que produzcan armonía. Como ignoro el arte...

Hamlet.—Pues mira tú en qué opinión tan baja me tienes. Tú me quieres tocar, presumes conocer mis registros, pretendes extraer lo más íntimo de mis secretos, quieres hacer que suene desde el más grave al más agudo de mis tonos; y ve aquí este pequeño órgano, capaz de excelentes voces y de armonía, que tú no puedes hacer sonar. ¿Y juzgas que se me tañe á mí con más facilidad que á una flauta? No, dame el nombre del instrumento que quieras: por más que le manejes y te fatigues, jamás conseguirás hacerle producir el menor sonido.

ESCENA XVIII
POLONIO y otros

Hamlet.—¡Oh! Dios te bendiga.

Polonio.—Señor, la reina quisiera hablaros al instante.

Hamlet.—¿No ves allí aquella nube que parece un camello?

Polonio.—Cierto, así en el tamaño parece un camello.

Hamlet.—Pues ahora me parece una comadreja.