Hamlet.—Venid (Hamlet, asiendo de un brazo á Gertrudis, la hace sentar), sentaos, y no saldréis de aquí, no os moveréis, sin que os ponga un espejo delante, en que veáis lo más oculto de vuestra conciencia.
Gertrudis.—¿Qué intentas hacer? ¿Quieres matarme?... ¿Quién me socorre? ¡Cielos!
(Al ver Gertrudis la extraordinaria agitación que Hamlet manifiesta en su semblante y acciones, teme que va á matarla, y grita despavorida pidiendo socorro. Polonio quiere salir de donde está oculto, y después se detiene. Hamlet advierte que los tapices se mueven, sospecha que Claudio está escondido detrás de ellos, saca la espada, da dos ó tres estocadas sobre el bulto que halla, y prosigue hablando con su madre.)
Polonio.—Socorro pide... ¡oh!...
Hamlet.—¿Qué es esto?... Un ratón... Murió... Un ducado á que ya está muerto.
Polonio.—¡Ay de mí!
Gertrudis.—¿Qué has hecho?
Hamlet.—Nada... ¿Qué sé yo?... ¿Si sería el rey?
Gertrudis.—¡Qué acción tan precipitada y sangrienta!
Hamlet.—Es verdad, madre mía, acción sangrienta, y cuasi tan horrible como la de matar á un rey, y casarse después con su hermano.