Después de esta victoria, los arcadios marchan contra las ciudades de los acroreos. Apodéranse de todas ellas, a excepción de Tresto, y llegan a Olimpia, donde, después de haber rodeado el Cronión[276] con una empalizada, establecen en él una guarnición y se apoderan del monte Olímpico y de Margana, que les es entregada. Esta serie de reveses entrega a los eleos a la desesperación más completa; pero los arcadios marchan contra su ciudad y llegan a penetrar hasta la plaza pública, donde, sin embargo, la caballería elea y los demás ciudadanos les hacen cara, les arrojan de la ciudad y después de matarles algunos hombres levantan un trofeo. Anteriormente habían tenido lugar en Élide ciertas disensiones públicas. El partido de Cáropo, Trasónidas y Argeo tendía a la democracia mientras que la facción de Estalquias, Hipias y Estrátola deseaban la oligarquía; como los arcadios, al frente de considerables fuerzas, pasaban por los aliados del partido que quería la democracia, Cáropo y los suyos se hacen más audaces, y concertándose con los arcadios para que le ayuden, se apoderan de la acrópolis; pero la caballería elea y los trescientos, sin perder un momento, se arrojan a la ciudadela y les echan de allí, después de lo cual Argeo, Cáropo y cerca de cuatrocientos ciudadanos son desterrados. Consiguen estos apoderarse poco tiempo después de Pilos[277] con ayuda de algunos arcadios; y muchos del partido popular abandonan entonces su ciudad natal, yendo a juntarse a los desterrados que se ven en posesión de una hermosa plaza fuerte y sostenidos por considerables fuerzas de arcadios.

Más tarde, invaden estos igualmente el territorio eleo después de haberles asegurado los desterrados que la ciudad se les rendiría. Sin embargo, los aqueos, que se hallaban nuevamente en amistad con los eleos, defienden la población de manera que tienen que retirarse los arcadios sin haber hecho más que devastar el país; pero apenas salen, noticiosos de que los peleneos se hallan en Élide, verificando durante la noche una larga marcha, se apoderan de Oluro, ciudad de los peleneos, que desde largo tiempo permanecían aliados a los lacedemonios. Así que saben aquellos la toma de Oluro[278], verifican una contramarcha y se dirigen a Pelene, su patria, y desde entonces, a pesar de su pequeño número, se hallan constantemente en guerra con los arcadios establecidos en Oluro y con el partido popular, sin tener un punto de reposo hasta haber rescatado esa población.

Los arcadios, por el contrario, verifican una nueva expedición contra los eleos. Mientras acampan entre Élide y Cilene, asáltanles los eleos; pero los arcadios se defienden con valor y los rechazan; Andrómaco, jefe de la caballería elea, a quien se acusa de haber promovido este ataque, se da la muerte, y el resto de los vencidos se refugian en la ciudad. En el mismo combate pereció el espartano Soclides, quien había tomado parte en él en virtud de la alianza que ya se había establecido entre los espartanos y los eleos; estos, en efecto, viéndose acosados por sus enemigos en su propio territorio, envían a Lacedemonia una comisión que reclame su auxilio y les exhorte a que realicen una expedición en el territorio arcadio, pues consideraban el mejor medio para librarse de sus enemigos, el atacarles por ambas partes. Arquidamo parte, pues, con un ejército de ciudadanos y se apodera de Cromno[279], donde deja en guarnición a tres de las doce cohortes que llevaba, y regresa a su país. Hallándose, sin embargo, los arcadios reunidos todos a su regreso de la expedición a Élide, llegan a Cromno y la rodean con dos filas de empalizadas, con lo cual, hallándose en seguridad, asedian a la guarnición; pero Esparta, indignándose al saber se hallan sitiados sus ciudadanos, envía un ejército, también al mando de Arquidamo, que a su llegada hace cuantos destrozos puede en Arcadia y Escirítide y procura con todas sus fuerzas hacer levantar el sitio; pero los arcadios no se mueven y nada les importa cuanto hace.

Había notado Arquidamo una colina por el centro de la cual pasaba el atrincheramiento exterior de los arcadios; cree que podrá apoderarse de ella y que una vez en su dominio será imposible a los enemigos sostener su posición. Mientras hacía dar un rodeo a sus tropas para llegar a aquel lugar, los peltastas y su vanguardia, viendo fuera de las trincheras a los eparitas[280], caen sobre ellos al propio tiempo que la caballería procura cargarles. No ceden los eparitas, sino que se conservan inmóviles en correcta formación; vuelven los enemigos a la carga, pero aquellos, en vez de ceder en este segundo ataque, llegan a avanzar algún terreno. El tumulto era ya muy grande, cuando llega Arquidamo, que había dado la vuelta por la carretera que conduce a Cromno y guiaba sus tropas, que iban de dos en dos, tal como se hallaban al recibir la orden de marcha. Los dos ejércitos se aproximan, el de Arquidamo en larga fila a causa del camino que había seguido y los arcadios formando un tupido cuerpo de escudos; los lacedemonios no pueden resistir al empuje de los arcadios y pronto Arquidamo es herido en el muslo, que le atraviesan con una lanza, sucumbiendo junto a él Poliénidas y Quilón, que se había casado con la hermana de Arquidamo, elevándose a más de treinta el número de los que allí perecen.

Emprenden, pues, los lacedemonios su retirada por el mismo camino por el que habían venido, y así que salen a más ancho terreno, se despliegan y hacen cara al enemigo; pero los arcadios conservan su misma formación, y aunque inferiores en número, hállanse animados del mismo entusiasmo, puesto que persiguen tropas que se baten en retirada y a las que han ocasionado gran número de bajas. En cuanto a los lacedemonios, habían perdido todo su valor al ver herido a Arquidamo y al saber los nombres de los que han muerto, quienes formaban todos entre los más valientes y más ilustres ciudadanos. Al hallarse los dos ejércitos uno junto a otro, grita uno de los más ancianos:

—«Soldados: ¿quién nos obliga a combatir, y por qué no podemos pedir una tregua y hacer cesar la guerra?»

Los dos bandos acogen con placer estas palabras y se hace la tregua: retíranse los lacedemonios después de haber recogido sus muertos, y los arcadios levantan un trofeo en el lugar en que habían comenzado a dar las primeras cargas.

Mientras los arcadios se hallan ocupados en Cromno, los eleos dirígense primeramente contra Pilos y se encuentran con los pilios que habían sido rechazados de Tálamas[281]. Al verles, la caballería elea carga sobre ellos matándoles mucha gente, y los restantes se refugian en una eminencia; pero al llegar la infantería los derrota por completo, matando a unos y haciendo prisioneros a los otros en número de unos doscientos: todos los mercenarios son vendidos y los desterrados degollados. Después de esto subyugan a los pilios, que no recibían ya auxilios de nadie, se apoderan de su ciudad y recobran Marganea.

Algún tiempo después, sin embargo, habiéndose los lacedemonios durante la noche aproximado a Cromno, apodéranse de la trinchera y llaman a los argivos y lacedemonios sitiados. Cuantos se hallaban cerca y supieron aprovecharse de esta ocasión, consiguieron escaparse; pero los que dieron tiempo a los arcadios para que acudiesen en gran número, fueron encerrados en el interior de la ciudad y después presos y distribuidos entre los vencedores. Una parte de ellos tocó a los argivos, otra a los tebanos, otra a los arcadios y otra a los mesenios; el número de espartanos y periecos hechos prisioneros elevose a más de ciento.

Los arcadios, no teniendo ya que ocuparse de Cromno, vuelven a dirigirse contra los eleos, refuerzan la guarnición de Olimpia, y cuando se acerca el año olímpico prepáranse para celebrar los juegos en compañía de los pisatas, que pretenden haber sido los primeros que tuvieron en otro tiempo el cuidado del templo. Ya en el mes[282] en que se celebran los juegos olímpicos, y durante los días en que se reúne la Panegiria, los eleos hacen sus preparativos abiertamente, llaman a los aqueos y toman el camino de Olimpia. Nunca se hubieran figurado los arcadios que vinieran los eleos a atacarles, y lejos de este pensamiento, hallábanse organizando las fiestas con los pisatas y habían terminado ya las carreras de caballos y el pentatlón; pero cuando llegó el turno de la lucha, no tuvo esta lugar en el estadio sino entre este y el altar, pues los eleos en armas ya estaban junto al recinto sagrado. Sin ir más lejos a su encuentro, los arcadios despliegan sus fuerzas a orillas del Cládeo, riachuelo que corre a lo largo del Altis[283] y que desemboca en el Alfeo: tenían como aliados unos dos mil hoplitas argivos y unos cuatrocientos caballos atenienses.