Lo propio sucede respecto al quinto con los discursos de Teleutias a sus soldados, y de Clígenes, enviado de Acanto y Apolonia ante el senado espartano, con la astuta traición de Leontíades en Tebas, con la pintorescamente descrita revolución de esta ciudad que dirigen Fílidas y Melón, y con el relato de los esfuerzos de Cleónimo, junto a Arquidamo, para salvar a su padre Esfodrias, que ha incurrido en la justa indignación de los éforos.

El discurso vivo y descriptivo del farsalio Polidamante, la táctica prudente y previsora de Ifícrates en su expedición a Corcira, los discursos de los atenienses enviados a Lacedemonia para ajustar la alianza entre las dos repúblicas, así como el pánico de los espartanos al ver en su territorio a los tebanos, su heroica resistencia ante el peligro de la patria y los discursos pronunciados en la asamblea ateniense al discutirse si se auxiliará a su rival, avaloran en gran manera el libro sexto.

Finalmente, en el séptimo los discursos de los enviados a Atenas para celebrar la alianza entre varios estados griegos, la conducta esforzada de Arquidamo, la narración de las proezas de Fliunte, la muerte de Eufrón y la defensa de su matador, así como el elogio de la última campaña de Epaminondas, es todo ello digno remate de la obra de Jenofonte, y aquilata la verdad de nuestro aserto al afirmar que no desmerece de las tres obras maestras del mismo autor.

Al terminar estas líneas, réstanos únicamente manifestar que hemos seguido los textos más modernos y apreciados (principalmente el de Reiske), de los que podemos decir no hemos discrepado más que en alguno de los lugares más controvertidos y oscuros, cuando a nuestro entender no ofrecían un sentido claro y terminante, en cuyo caso, hemos seguido otra variante, aunque expresándolo casi siempre en nota.

Permítasenos también consignar, como declaración última para terminar este prólogo, que aunque hubiéramos deseado verter al castellano, no solo las ideas de Jenofonte, sino también su galanura en el decir, nos daremos por muy satisfechos si el público nos reconoce, además del buen deseo que nos ha animado en nuestro trabajo, el constante empeño que hemos puesto para darle una traducción lo más ajustada posible al original griego, con objeto de que, ya que no reúna otro mérito literario, le permita hacerse cargo de los sucesos de la guerra del Peloponeso, narrados por Jenofonte.

HELÉNICAS O HISTORIA GRIEGA.


LIBRO PRIMERO.


CAPÍTULO PRIMERO.