Le patriote fit un grand salut, roula comme un automate ses yeux d’argent, et la main sur le cœur:
«Ciudadanos! mucho aprecio el honor que me dispensais, y si grande es vuestra bondad mayor es vuestro atencion.
—Je réclame la parole! cria Frédéric.
—Desde que se proclamo la constitucion de Cadiz, ese pacto fundamental de las libertades españolas, hasta la ultima revolucion, nuestra patria cuenta numerosos y heroicos martires.»
Frédéric encore une fois voulut se faire entendre:
«Mais, citoyens!...»
L’Espagnol continuait:
«El martes proximo tendra lugar en la iglesia de la Magdelena un servicio funebre.
—C’est absurde à la fin! personne ne comprend!»
Cette observation exaspéra la foule.