(4) Sucediô a eſte, proſperamẽte el de Tetuã, porque la fortuna parece que andava apoſtada a halagar a Don Duarte por deſpertar a los embidioſos de ſus glorias, que aun entõces ſoſſegavan con la eſperãça de igualarle en la fama. La ciudad de Tetuan (que los Africanos llaman Tetevain, que quiere dezir ſolo un ojo) yaze riberas del Cuſque; el qual baxando de las ſierras del Atlante maior, tira derecho al Levante, quaſi ſiete leguas de Ceuta, haſta meterſe en el Oceano, dõde ſe forma una barra, no mui capaz; por el arriba una legua eſtà la poblacion en ſitio freſco, i hermoſo, cercado de viñas, arboledas, huertas, q̃ por la copia de las aguas vezinas, ſon de mucho vicio; es fundacion de los naturales, aunq̃ deſpues la ſeñorearõ los Romanos, i ultimamente los Godos: peró cõ la general ruina de Heſpaña, ſe la ganarõ los Mahometanos: a eſtos, una armada Caſtellana, en el año de mil i quatrociẽtos, con q̃ eſtuvo muchos deſpoblada: deſpues un Granadino la fortalecio de manera, que fue los tiempos futuros una de las plaças más fuertes, i de maior porte, que tenian los Reyes de Fez. En eſte tiempo no havia llegado a tanta opulencia; pero tendria haſta mil caſas, i guarnicion baſtante para defender la entrada por aquella parte a los Chriſtianos. Gomez Eanes la haze diez leguas de Ceuta, ſiendo no màs que ſiete; perô eſte engaño no preſumo, que es culpa ſuya, ſino de los copiadores de ſus eſcritos; que como andan de mano, ſon los yerros tantos, como las letras: i verdaderamente, que a penas dan noticia cierta de las coſas; en el camino tres leguas de Ceuta, i cinco de Tetuan, tenian los Portugueſes hecho un caſtillo, a que Gomez Eanes llama de Almiñecar, de una meſquita, que alli hallaron apropoſito, de ſuerte q̃ los nuestros ſe aprovecharon deſta comodidad, para llevar la infanteria en barcos, por ir más deſcançada haſta aquel caſtillo: i advierte eſte autor, que eſta fue la vez primera, que los Portugueſes hizieron eſto, por huyr los muchos pantanos, de que eſtà llena aquella ſierra, por ſer mui baxa, i humeda; demàs que la marea con qualquier creciente, i las aguas, que baxan de la ſierra, hazẽ un rio, q̃ llaman oy del cañaueral en invierno, tan hondo, q̃ a penas ſe puede vadear ſin mucho peligro: eſta dificultad era de maior rieſgo para la gẽte de a pie, i aſsi fuerõ de gran remedio los barcos.

(5) Reſuelto el Conde en mandar a D. Duarte ſobre Tetuan, partieron trecientos infantes por mar haſta el caſtillejo, i D. Duarte cõ ciento i cinquenta cavallos eſcogidos, por tierra, a prima noche, deſſeando llegar a tiẽpo, que la obſcuridad hizieſſe maiores ſus fuerças, teniendo por coſa mui favorable, el aſſaltar de noche al enemigo; porq̃ ſiẽdo de ſuyo eſpantable, las armas, i el eſtruendo dellas; el deſcuido, i falta de prevencion, confunde, i acobarda aun haſta los mâs praticos, i esforçados, de manera que ni ſaben, ni pueden valerſe de remedio alguno. Era por el mes de Outubre, i havia llovido de manera, que paſsò la cavalleria con mucho trabajo eſte camino haſta que ſe juntò con los de apie, ſiendo màs de media noche. D. Duarte, entonces, con acuerdo, i prudencia, ordenò, q̃ deſcanſaſsẽ un poco, i dieſſen de comer a los cavallos, porque a penas podian dar màs paſſo. Eſtando en eſto, vieron los almocadenes (aſsi llaman en Africa a los corredores del campo) unos fuegos, i oyeron vozes, como de Moros: dieron aviſo a Don Duarte, i començòſe a diſcurrir lo que hariã: quien dizia era temeridad paſſar adelante, eſtando deſcubiertos del enemigo; pues no havia duda, que aquellas vozes eran dellos, i los fuegos, ſeñales, con que ſe ayuntavan; que en un inſtante acudiria tal muchedumbre; que a penas tendrian lugar para retirarſe; mayormente quando le atajaſſen el paſſaje del rio, adonde era impoſsible eſcapar alguno con vida; que el perderlas era menos, ſi ſalvaſſen las honras, porque eſto hallavan, por màs difficultoſo, quando no ſolo havian de pelear con los cõtrarios, ſino tambien con los pantanos; donde era màs forçoſo, que peligraſsen, dando ocaſion a una perpetua infamia, con que los enemigos offendieſſen la reputacion Portugueza, diziendo, que morian anegados como cobardes, por huyr de ſus golpes; q̃ la temeridad no era hõra, ni esfuerço, la prudẽcia ſi, i la conſideracion: que eſtas partes erã las que davan las victorias, i no irritavan al cielo; que muchas vezes caſtigava ſemejantes reſoluciones: otros en contrario afirmavan cõ maior conocimiento de aquella tierra; que aquellos fuegos eran de paſtores, i de gente, que hazia arrope, ocupada en las vendimias, (era el ſuſtento ordinario de Tetuan) i las vozes de unos animalejos, a manera de zorras; (llamanſe Adibes) los quales en los aùllos, no hazen differencia de los alaridos de aquellos barbaros: que ſeria notable mẽgua ſuya, bolver a Ceuta, ſin ver los muros de Tetuan, quando ſalieron con eſſe intento; q̃ para ellos no havia paſſo impoſsible en Berberia; pues en los más dificiles hallavan los ſocorros del cielo, que no ceſſava en darle ſingulares victorias.

Como (clamò D. Duarte) conſentireis, ſeñores, que blazonen nueſtros enemigos, que huymos de imaginaciones? i que para amedrentarnos, baſten vnos animales; que otra coſa no ſon aquellas vozes? Si la reputacion, i el valor, es lo que nos ſuſtenta en Ceuta, ſerâ bueno, que lo aventuremos todo, aunque ſea a trueque de las vidas? Pareceos, que paßarâ ni un dia, ſin que ſe publique en Berberia eſta entrada, i que ſe ſepa tan vil acaecimiento? Quien, pergunto, ha de encubrir nueſtra cobardia? Por ventura, como podremos eſcapar de ſer notados, ô de mal conſejo, o de mucho miedo? Havra infamia, que ſe iguale a eſta? Ambas coſas nos dañan igualmente: por lo menos no ſe ha de dezir en algun tiempo, que ocaſione tal deſatino. Para empreza tan facil, yo baſto ſolamẽte. Los que en ella quiſieren acõpañarme, ſiguen ſu honra. Si fueren pocos, maior gloria nos eſpera. O compañeros aqui teneis Don Duarte capitan de los brioſos ſolamente: buſquen otro caudillo los cobardes.

Hablando eſto colerico, i animoſo diò de piernas al cavallo. Fueſſe con el D. Sancho, i no quedò cavallero, q̃ no le acõpañaſse. Animòſe la otra gente con eſta reſoluciõ: comẽçò a marchar, offreciendoſe a ſu capitan, a no deſempararlo, haſta lo ultimo de la vida. Bolviò Don Duarte a darle gracias deſte offrecimiento, con palabras llenas de mil favores, con que ſe encendieron de nuevo, procurando cada uno, con la prieſſa, i ſemblante deſmentir el miedo, i ſer el primero que llegaſſe. Eſtavan cinco leguas del caſtillo, que era grande eſpacio de camino para lo que quedava de la noche; i por eſſo llegaron al amanecer, con que el enemigo tuvo viſta de los Portugueſes. Viendo Don Duarte, que no podia ya executar ſu deſignio, haziendo dos alas de la cavalleria; i tomando en medio la infanteria, ſe fue derecho a la ciudad, por moſtrarſe bizarro; i acercandoſe lo màs que pudo, huvo Chriſtiano, que clavò vna lança en la puerta principal della. Diò buelta entonces, con la miſma ordenança, i eſpacio, ſin conſentir a los ſuyos, que ſe rebolvieſſen con el enemigo; el qual dividido en tropas, les venia aſſaltando por los lados, haziendole mucho daño; porque la ſierra eſpeſſa de arboles, i azequias, forçava a los nueſtros a caminar con mucho tiento, i cuidado, por una ſenda eſtrecha; ignorando los boſques, de cuya maleza ſe aprovechavan los Moros, como quiẽ las ſabia para moleſtar los Chriſtianos. Viendoſe D. Duarte en aquel aprieto, con un terrible impetu rompiò un eſquadron contrario, que lo tomava por la frente, i lo fue llevando haſta campaña raza. Mas el Moro entreteniendo eſte brio con moderada reſiſtencia, dava lugar a que los ſuyos en tropas caminaſſen con mucha prieſſa, provocandoſe unos a otros; con que iva creciendo el numero, baxando de aquellas ſierras, con intento de atajar el vado del rio, que era el paſſo donde el enemigo penſava tomarlos a las manos con mayor eſtrecheza. Entendió Don Duarte eſte penſamiento, i llegando al caſtilejo, encomendó los infantes a Don Sancho, para que los embarcaſſe; i el animando, con valientes razones, la cavalleria, ordenò, que procuraſse vadear el puerto con las lanças en hieſtas, de manera que pudieſſe offender luego que ſalieſſen en tierra, porque el enemigo derramandoſe por las orillas, eſtava de la otra parte eſperando el ſuceſſo para enveſtirlos. Fue el primero D. Duarte, que con valiente reſolucion ſe echò al agua, i los demàs en ſu ſeguimiento; però los Moros empeçando a defender la ſalida, los dexaron paſſar libremente; i fiandoſe en el numero, los acometieron por todas partes, con muchas algazaras, i gritos, que manifeſtavan ſu alegria. Duraron con eſto porfiadamente en la eſcaramuça, aunque tan confuſos, i ſin orden, que le pareció a D. Duarte poca gloria el desbaratarlos, ſino fueſſe con exceſsivo daño. Venciò al fin, degollãdo màs de cinco mil; i los otros juzgando, que no havia coſa impoſsible, ni dificultoſa, a gente tan determinada: deſempararon el campo, huyendo a toda furia. Con eſta victoria ganò D. Duarte gran reputaciõ, i nombre, por la prudencia, valor, i acuerdo, que moſtrò en ella. Antes de entrar en Ceuta, quiſo D. Sancho de Noroña, que D. Duarte le armaſſe cavallero, honrãdoſe tanto de ſer ſu ſoldado en aquella ocaſion, que rompió en alabanças ſuyas. Eſcuchòlas D. Duarte con gran templança, confeſſando dever todo a ſu valor, i al de ſus compañeros (que aſſi llamava a ſus ſoldados) i pidiendole, dexaſſe aquel acto para el Conde: no lo conſentiò D. Sancho; antes bolviendo a inſtar con palabras màs encarecidas, ſe apearon, i le armò cavallero, haviendo entre ambos grãdes cumplimientos, i pocas ceremonias, en q̃ moſtraron modeſtia, hidalguia, i valor.

(6) La notable conformidad deſtos dos cavalleros, ſe turbò deſpues a bien pocos dias, por culpa de D. Sancho, i ſolicitud de los embidioſos de D. Duarte; los quales procurarõ tomarle por cabeça de ſus quexas; i el cevandoſe en ellas, moſtrò la ambicion, que haſta alli tenia oculta; i como es vicio, que no guarda ley, ni tiene fin, ni termino; deſde entonces començò a ſer enemigo, quaſi deſcubierto, de D. Duarte; creciendo el odio con los tiempos, i la emulacion con los ſuceſſos. Deſte paſſado, que referimos, ſe originarõ eſtas enemiſtades, porque algunos fronteros afrẽtados de ciertas palabras aſperas, con que D. Duarte vituperò los cobardes en aquella ocaſion; pareciendoles, que pues lo eran, no hablava con otros: fomentaron la embidia, cõ que muchos cavalleros miravã la continuacion, i excelencia de ſus victorias: i entre todos induzieron a D. Sancho con adulaciones, i engaños; que ſiempre ſuenan bien en los oydos del ambicioſo. Dezianle, que ſu calidad no ſufria mando ageno, i mucho menos ſu esfuerço: que razon havia para ſalir al campo a la obediencia de D. Duarte; q̃ las canas, autoridad, i oficio del padre, aũ parecia duro, q̃ le preſidieſſe, quanto màs un moço poco apaſible. El lugar de caudillo ſuyo, ſolo a ſu Rey ſe devia, no a un ſoldado, a quien igualauan todos los que eſtavan en aquella plaça; haviendo muchos, que lo excedian en la edad, i experiencia; que ſi el valor dava ventajas, no era menos el de Don Sancho, antes mui ſuperior; que con eſto no era juſto, que ſufrieſſen ver uſurpar la gloria de ſus hechos, a un mancebo, que a penas tenia años baſtantes para empuñar la lança, quanto màs el baſton. Deſcubrieron con eſto los intentos del padre, i el eſtado, en que eſtava, de quebrantado, viejo, i impedido. Perſuadianle a que la ſuceſsion de aquella plaça competia por derecho, i razon a D. Fernando de Noroña ſu hermano, i que era bien atendieſſe, a que no quedaſſe defraudado de la herencia, ſiendo ſu muger la hija mayor, legitima heredera del Conde Don Pedro: que a no ſer eſto, màs ſe devia a Doña Leonor ſu hija ſegũda, para dote de ſu caſamiento, que a D. Duarte moço, i ſin meritos. Tuvo eſta ſeñora noticia de la conjuracion, i con la codicia de muger, que de ordinario ſon faciles a vencerſe de ſu interes; començò tambien a ayudar a los embidioſos, contra ſu hermano. Al principio hallò repugnancia en el padre; deſpues entendiendo la confiança, que hazia de un medico ſuyo Iudio, que vivia en ſu ſecta, el qual con el engaño de la religion, tenia otros muchos de entremetido, i palabrero; como era mui acepto al Cõde, porq̃ le governava la ſalud q̃ es el maior biẽ de la vidatorciòle D. Leonor, a q̃ introduxeſſe ſu pretẽſiõ en el animo del Conde. Allanólo el Iudio cõ ſus traças, i obligólo a que deſpachaſſe al Rey D. Duarte, un criado ſuyo ſolamente a pedirle de merced la tenencia de Ceuta, para la perſona, que caſaſſe con Doña Leonor. Para eſta menſaje eſcogiô Doña Leonor un hombre mui a ſu propòſito, llamado Vaſco Dois, que demàs de haverla criado, pendia de ſus acrecentamientos, i tenia ingenio, i entendimiento aplicado para ſemejantes caſos, i prompto para qualquier maldad. Llegò, pues, a Lisboa, i dando una carta de creẽcia al Rey, propuſo la peticion del Conde, encareciendo entre ſus grandes ſervicios, virtudes, i partes de Doña Leonor ſu hija, condenando juntamente las faltas de capacidad, prudencia, i valor de D. Duarte, moſtrando gran dolor en repetirlas, i que a màs no poder lo hazia, ſolo por el zelo, que devia guardar al ſervicio de ſu Rey, i ſeñor. Fundôſe en eſto lo principal de la pretenſion; por que el Rey ſiempre ſe havia moſtrado mui affecto a las coſas de D. Duarte, i para deſcõponerlo deſta aficion, fueron neceſſarias tantas diligencias; aunque el amor de los Principes es màs facil a mudarſe, q̃ el de los otros hombres, principalmente quando ſe trata de ſus conveniencias, que ſon las cauſas, que más los perſuadẽ. Eſtrañò el Rey la reſoluciõ del Conde, porque le havia oydo por vezes lo contrario, i las relaciones, que de contino venian de Ceuta, ſolo de D. Duarte hablavã, i de ſus hechos; i era cierto, que el Conde no diô lugar a que vituperaſſen al hijo, aunque conſentiô en el penſamiento de Doña Leonor. Peró examinando el Rey con maior advertencia, a Vaſco Dois, de todo lo q̃ paſſava, aunque hallò en ſu informacion grande conſtancia en lo propueſto, arguyendo della alguna verdad; ſe deliberò, con todo, a no conceder por entonces al Conde lo que pedia, haſta enterarſe de todas las dudas; maiormente quando determinava, en caſo, q̃ fueſſe cierta la inhabilidad de Don Duarte, dar Ceuta a D. Fernando de Noroña, pues de yerno a yerno ninguno havia, que la merecieſſe mejor que el. Mandò al Conde, que le embiaſſe a ſu hijo para verle; porque queria deſengañarſe por ſus ojos, de lo que, quiçá, ſe engañava por los oydos. El deſabrimiento deſta reſpueſta ſoſſegò a Doña Leonor de ſus imaginaciones; i el Conde, aunque deſſeava darle guſto, porque era el govierno de ſu vida, i caſa; con todo amava mucho a D. Duarte; i aſsi holgòſe, aunque interiormente del deſpacho del Rey; i determinando embiarle el hijo, lo deſviò D. Leonor, por no ſe deſcobrir la paſsion, i engaño, con que ſe havia informado a un Rey, en cuya preſencia ſe deven tantas verdades, i ſe dizen tan pocas. No hallo, que deſte negocio tuvieſſen noticia los contrarios de D. Duarte; porque fue hecho en gran ſecreto; però igualmente creſcia la fama del, que la embidia dellos; porque los animos una vez mordidos deſta ſierpe ponçoñoſa, mal ſe quietan, ſino con la muerte del que aborrecen: i es cierto, que el embidioſo es el maior enemigo, que tiene la miſeria humana, pues acuſa a la virtud por los medios, que no la alcança, haziendoſe inferior del embidiado; confeſſando excelencias dignas de que ſe deſſeen, ſiendo vltimamente tan ignorante, que ſaca daño para ſy del bien ageno.

(7) D. Duarte tomò en aquellos dias a Benagara, poblacion grande de la ſierra de Benifilet, de donde traxo gran copia de ganado, con otro mucho deſpojo. Iuzgòſe eſta jornada por de mucho rieſgo, i fortuna; i añadiòle eſtimacion la malicia, con que algunos dizian, que las rezes de aquel lugar tenian màs puntas, que las de la ſierra de Mexequiſe, como burlando del ſuceſſo. No entró en el Don Sancho, porque deſcubiertamente rehuzava ſalir en eſtas entradas, ſubordinado a Don Duarte; i el Conde, aunque ſentia eſta diuiſion, diſsimulava, feſtejando las felicidades del hijo; mas Don Duarte con maior ſufrimiento, i prudencia todas las vezes que ordenava alguna ſalida, aviſava a Don Sancho, para que eſcogieſſe lo que le eſtuvieſſe mejor; i deſta ſuerte, aunq̃ le dava ocaſion a la embidia, le procurava tẽplar el odio: mas ſon eſtos vicios inſeparables, i no es buen camino de atajarlos, quando los embidiados logran la honra con proſperidades.

(8) Reſultaron deſtas tanto miedo en los Moros, que no ſe dando por ſeguros los de la comarca, i ſierras de Tetuan, Mexequiſe, i Benamade, trataron de rendirſe al Conde, i bivir de paz en ſu proteccion, dandole un moderado tributo de ſus coſechas. Porque con eſta fingida libertad, querian diſculpar la ſervidumbre verdadera. El Conde no admitiò el partido, porque pidiò le pagaſſen todo el quinto de los frutos, que cogieſſen. Los Moros entonces bolvieron a las armas, incitados con la deſeſperacion; i aunque el Rey advertidamente no reprehendiò al Conde, por la eſtima, en q̃ le tenia; ſin duda quedó ſentido, de q̃ negaſſe amparo a los afligidos; por ſer eſte el modo de maior utilidad para las conquiſtas; pues del buen acogimiento, que ſe haze a los conquiſtados, ſiendo voluntariamente rendidos, ſe grangea muchas vezes màs, que con las armas, cuyos ſuceſſos ſon varios, i peligroſos. Deſta vez bolviò ſobre Tetuan Don Duarte; i ſi bien la hallô ſin gente, puſo por tierra ſus edificios, que eran muchos, i mui hermoſos; por no dexar aquel padraſto en pie, en caſo que los Infantes fueſſen ſobre Tanjar; ſiendo aquel el camino donde pudieran los Moros facilmente impedir el paſſo al exercito, ſuſtentando aquella ciudad.

(9) Acabòſe eſte año con lutos en Portugal, haviẽdoſe comẽçado cõ fieſtas, i fue la cauſa, ſaber el Rey la priſion, i rota de los Reyes de Aragon, i Navarra; el Infante Don Henrique, ſus cuñados, hermanos de la Reyna Doña Leonor ſu muger. Eſtes Principes entraron en Italia con una poderoſa armada, ſobre la pretenſion, que tenia Aragon al Reyno de Napoles, por la adopcion de Iuana Reyna ſuya. Sucedioles infelicemente: fueron preſos, i desbaratados por Genoveſes, i por Phelipe Maria Esforcia Duque de Milan; que recelando el poder Aragones, tan vezino a ſus eſtados, defendieron el Napolitano, en favor de Iuana; i ultimamente el de Milan, con nueua conveniẽcia, reſtituyô la libertad al Rey Don Alfonſo de Aragon, i le ayudò a cobrar a Napoles: de donde fue deſpues Rey pacifico. Portugal entonces hizo alegrias publicas, aunque duraron tan poco, que ſervieron de afligir màs al Reyno.

(10) Por eſte tiempo bolviô el Conde de Ouren del Concilio de Baſilea, que ſe comẽçò en Ferrara, i concluyò en Florencia; ſobre la union de las Igleſias Latina, i Griega. Aſsiſtiò el Cõde como embaxador extraordinario del Rey (q̃ era ſu tio, hermano de ſu padre) i el Papa Eugenio agradecido al cuidado del Rey, le concedio la Cruzada para la cõquiſta de Africa, i facultad, para que los cavalleros militares de las Ordenes de Chriſto, i Avis, pudieſſen legitimamente caſar abſolviendolos del voto, que primero hazian de caſtidad, que quedò en el conjugal. No tuvo effecto eſta gracia, haſta el reynado de Don Manuel, que nuevamente la impetrò, porque no ſe expedieron Bulas dello por falta de dinero. De otra haze mencion Ruy de Pina, tambien olvidada, i que nunca ſe puſo en pratica: i fue, para que los Reyes de Portugal ſe pudieſſen coronar, i ungir de la manera que lo uzavan los de Francia, i Inglaterra. Huvo ſciſma entonces en la Igleſia, q̃ tardò en deshazerſe los fines de Eugenio, i de Martino ſu ſuceſſor. Però llegando el de Nicolao tercero, por la renunciacion de Felix (q̃ havia ſido Duque de Saboya, hõbre de buena vida, i con favor de Milan, i otros potẽtados ſe llamò Põtifice) ſe compuſo todo, i apaſiguaron diſcordias, que ya amenazavan la paz, q̃ havia entre los Principes Chriſtianos, quebrantada ſiempre por eſtas cauſas.

(11) En los principios del ſiguiente año de mil quatrocientos i treynta i ocho, metió D. Duarte a ſaco las villas de Benamade, i Caudil, vezinas a Tetuan, pueſtas en ſu termino; ſalió en ſu defenſa un Moro Xeque dellas de grande valor, i opinion, por nombre Bucar Caudil: matôlo en ſingular batalla; alcançando dos victorias ſeñaladas en eſte dia, de particular eſtima, i gloria: fueron baſtantes para que Tetuan temeroſa deſtos ſuceſſos, cõ el miedo de los nueſtros, ſe deſpoblaſſe de todo, desẽparãdola ſus moradores; haziẽdo la fama, lo q̃ haſta alli no pudierõ las armas: ſi bien es cierto, q̃ las que ſe apercebian en Portugal, dieron tambien cauſa a eſte miedo: porq̃ ya ſe ſonava en Berberia, q̃ los Infantes paſſavan a ella con grande poder, a cõquistar Tanjar. El fin deſta jornada fue tan deſaſtrado como el principio. Referirlo hemos en ſuma, porq̃ ſe hallo en el D. Duarte, en cuyo diſcurſo de vida, fuerõ notables las coſas, que ſucedierõ a eſte Reyno de bien, i de mal; porque era el tiempo de ſu virilidad, donde los animos andavan màs ambicioſos de virtud, i de imperio; que es lo que màs vezes ocaſiona a ſemejantes ſuceſſos. Antes que ſe reſolvieſſe eſta empreſa por Agoſto, pariò la Reyna una hija, que llamaron del nombre de ſu madre; que deſpues fue muger del Emperador Federico tercero.