EL Rey D. Alfonſo paßa a Berberia: rinde Alcaçar el ceguer: buelveſe a Portugal, dexando encargado aquel preſidio a D. Duarte de Meneſes. Virtudes, en que mâs reſplãdecio en ſu govierno: entradas, que hizo, i eſcaramuças, que tuvo con los Moros, de que alcançò muchas victorias ſeñaladas. Aßedio primero, de que defendio eſta plaça contra el poder del Rey de Fez; ſuceſsos deſde el año de cinquenta i cinco haſta el de cinquenta i nueve.
VIDA DE
DON DVARTE
DE MENESES
TERCERO CONDE
de Viana.
LIBRO QVARTO.
(1) COn la perdida de Cõſtãtinopla, que ſucedió en el año de mil quatrocientos cinquenta i tres, Calixto tercero, que entonces preſidia en la Igleſia, con la vigilancia, i piedad de Paſtor univerſal della; perſuadiò cõ màs zelo, que fruto, por ſus delegados, a todos los Principes Chriſtianos a una liga, contra Turcos, que andavan muy ſuperiores en poder, i fortuna; concluyôſe en eſte de cinquenta i quatro: i tomaron la Cruzada, que era la inſignia, debaxo de la qual avian de militar en aquella empreſa. Fue el Rey Don Alfonſo de los primeros, que la aceptaron; i armò buen numero de velas; però deſpues de largas prevẽciones, por accidentes, i dudas, que huvo entre los coligados, ſe deshizo la union; pudiẽdo poco el ruego, i ſolicitud del Pontifice: mas el Rey viendoſe con las armas en la mano, las bolviò contra Berberia; aviſandole antes D. Sancho de Noroña (que eſtava por general en Ceuta) los rumores, que ſonavan, de que el Rey de Fez venia ſobre aquella ciudad, con poderoſo exercito: però eſta fama parò en amenazas ſolamente, por donde el Rey màs ambicioſo de gloria, que neceſsitado de otro motivo, con aquel apetito, que para los Principes moços es ley màs poderoſa, que la razon; ſe fue a Lagos con ſu hermano el Infante D. Fernando, i D. Pedro ſu cuñado (que ya por eſte tiempo eſtava reſtituido) el Marques de Villa Vicioſa, i otros ſeñores, i fidalgos del Reyno; donde con aſſiſtencia del Infante D. Henrique ſu tio juntó una grueſſa armada de duzientos i veynte vaſos, conforme quiere Ruy de Pina, aunque Damian de Goes, acreſcienta màs ſeſenta.
(2) Determinado, pues, en dar ſobre Alcaçar el ceguer; partiò de Lagos, i llegò a la playa de Tanjar a los veynte i ſeis dias de Octubre, de mil quatrocientos cinquenta i ocho: alli eſtuvo un dia aguardando, que llegaſſen algunos navios, que faltavan; i ſiendole el viẽto eſcaço, quiſo combatir aquella fortaleza: mas el Infante D. Henrique, ayudado de D. Duarte de Meneſes (que fue tambien deſte parecer) con los capitanes de maior nombre, i experiencia; lo contradixeron con muchas razones; i al fin perſuadido a eſto fue ſobre Alcaçar el ceguer. Es ciudad pueſta ribera del Oceano Herculeo, entre Ceuta, i Tanjar, quaſi en igual diſtancia, en lo màs angoſto del eſtrecho de Gibraltar; porque queda en el parage de Tarifa, donde no ay màs de traveſia, que cinco millas de la coſta de Africa a la de Eſpaña: junto quaſi a ſus murallas pierde ſu nombre, entrandoſe en la mar, el Balone, rio de menos aguas, que fama; cuya boca pone Ptolomeo en ſiete grados de longitud; i de latitud treynta i cinco, i cinquẽta minutos. Es lugar pequeño, i nuevo, porque le fundó Iacob Almançor, quarto Rey de los almohades, por facilitar el paſſo de Eſpaña, adonde paſſava todos los años cõ ſus exercitos, para hazer guerra a los Chriſtianos; hallando el camino, q̃ hazia para ir a Ceuta, fragoſo, i aſpero, i el puerto de Alcaçar razonable, i menos trabajoſo. Deſde alli apreſtava ſus armadas, i armava ſus baxeles, q̃ andavan en corſo, por todo el eſtrecho, teniẽdo mucha madera en las tierras al rededor de la ciudad, buena para eſte efeto: llamòla Alcaçar el ceguer, q̃ quiere dezir, palacio pequeño, a diferencia del de Alcaçar el quibir, o viejo, que es mâs sũptuoſo; i de otros q̃ tenia otras ciudades de maior mageſtad. La preſencia continua deſte Principe la enriqueciò deſpues de edificios, comercio, i nobleza; porque hizierõ trato de ſu inclinacion los ſubditos, de ſuerte q̃ creciendo ſiempre, por eſte tiempo, era una de las plaças importantes de Berberia.
(3) Llegado el Rey a Alcaçar, tratò luego de ſaltar en tierra. Pero el enemigo cõ haſta quinientos cavallos, i mucha infanteria, ſalio a defender el deſembarcadero; i huyendo con perdida, ſobreviniendo la noche, tuvo el Rey tiẽpo de aſſentar ſu real, ſin dificultad. Repartieronſe los quarteles de los Chriſtianos, i dada ſeñal, acometierõ las trincheras del enemigo: ganarõlas brevemẽte haſta meterlos en la ciudad; yẽdo en ſu ſeguimiẽto. Serrarõ los Moros las puertas, defendiẽdolas de manera que no las pudierõ los nueſtros derribar, ni quemar; porq̃ eſtavan cubiertas de chapas de hierro, i deſde lo alto del muro con la artilleria, hachos de fuego, i otras armas, hizierõ mucho daño a los Portugueſes. Retirarõſe entõces, i el Rey provocado con la reſiſtencia, otro dia mandó arrimar las mantas para picar a prieſſa el muro; i al Infante Don Henrique con ſu gente puſieſſe las eſcalas por otra parte, procurando ſubir: deſta manera ſe començô un rezio aſſalto, andando el Rey con ſu guardia, animando la gente, i dando orden en todo lo que convenia para reforçar el combate; durô dudoſo haſta media noche. A eſte tiempo el Infante hizo aſſeſtar una pieſſa grueſſa de artilleria hàzia una parte del muro, que le parecio eſtar màs flaca, i como al primer tiro cayeſſe gran parte del; Los Moros, que vieron la entrada abierta, a la poſtre cayeron de aquella gallardia, i ſe offrecieron al Rey con ciertas condiciones honeſtas; aceptôlas el Infante en ſu nombre: i en cumplimiento dellas, deſampararon la ciudad, i la dexaron libre al vencedor. Entrò en ella el Rey a pie en proceſsion, fueſſe derecho a la Meſquita, i deſpues de hazerla conſagrar a la advocacion de nueſtra Señora de la Concepcion, i de dar gracias al Cielo, por la victoria recebida: tratò de eligir General para aquella plaça. Tuvo muchos oppoſitores el cargo; porq̃ el ſer de tanto rieſgo, eran los gajes, q̃ más los convidava a pretendelle. Però el Rey advertiendo, que en las proviſiones de cargos publicos, han de ſer publicas las qualidades del que fuere proveido; porque a ſer de otra manera, es màs ſuerte, que eleccion; la hizo de D. Duarte, con penſamiento de ſoſſegar a los pretendientes; porque eſta es la ventura de acomodar los oficios en las perſonas màs dignas, que ſe grangean los quexoſos igualmente, que los provehidos; porque ſiempre los benemeritos ſon los ojos del pueblo; i las proviſiones, que haze la acclamacion publica tienen otros aciertos, que no ſe pueden conſiderar en las demàs.
(4) Deſta fueron publicos los agradecimientos, que ſe dieron al Rey, por el Infante Don Henrique; porque eſte Principe tenia tanto cuidado de la nobleza, que eſtimava como proprias, las mercedes, que recebia: ſiẽdo eſte zelo tan provechoſo a los Reyes, como a los ſubditos; pues entre las gracias, que ſe le dan de ſemejantes beneficios, ſe mezclan otras advertencias de grande eſtima, que ſiempre ſon mejor oydas por el camino de la adulacion, que de la libertad; quando las verdades dichas a ſecas a los Principes deſagradã màs de lo que perſuaden; por la coſtumbre quaſi comun de eſcuchar ſolamente con guſto lo màs agradable.