(20) Deſte aviſo diò cuenta luego D. Duarte al Rey, repreſentandole los pocos baſtimentos, que havia dexado en aquella fortaleza; eſto por culpa de un miniſtro deſcuidado, a quien ſe havia encomendado aquella proviſion; i fue eſte deſcuido tan perjudicial, que puſo en rieſgo la defenſa deſta plaça, dando larga materia, a que en el diſcurſo del cerco ſe murmuraſſe de los Principes, que en tales negocios, en que les và no menos que la honra, i reputacion, los fien menos, q̃ de ſus ojos, quando puedẽ; cuya advertencia ataja todas las faltas, porque es cierto que el cuidado del Principe en eſto obliga a los miniſtros, por cuya mano paſſa, a mucha confiança; que podria ſer ſe diſminuyera, ſi el Rey no lo huviera de ver, ni entender las deſayudas, que unos ſe ſuelen hazer a otros, por ſus reſpetos particulares, en gran daño de ſu ſervicio; i mucho diſcredito, ya que no ſea total impedimento de effectos mui importantes: accion harto uſada en cortes, i cauſa de inconvenientes grandes, como ſe viô bien en el cuidado, que diô al Rey, i a ſu Conſejo, eſtãdo en Ceuta, ſobre lo que ſe haria en reparo de tan gran falta. El Rey, como era brioſo, i mancebo quiſo entrarſe en Alcaçar, i eſperar el cerco. Los Infantes D. Henrique, i Don Fernando, offrecian ſus perſonas para eſte effecto, reſervando la de ſu Rey, como ſuprema; la qual no es bien aventurarſe, ſino en la ultima aflicion de un Reyno; pues de ſu ſalud depende la ſeguridad del: dañandole màs una temeridad, ò arrojamiento, como cabeça; que muchos deſaciertos de los otros miembros: màs faciles de reparar, aunque grandes, que el menor daño del Principe. Todavia el nueſtro ſe reduxo al voto de ſu conſejo, que fue de parecer, que plaça adonde aſsiſtia D. Duarte de Meneſes, ſolo de proviſion neceſsitava, però no de cabeça: mucho menos de la del Rey, a cuya grandeza, i mageſtad, no convenia el dexarſe ſitiar de otro. Aſſentado eſte acuerdo quiſo el Rey paſſar los limites de gallardo, i mandò deſafiar al de Fez, por dos fidalgos, que fueron Martin de Tavora, i Lope de Almeida (ambos mui valientes, i determinados) para pelear de poder a poder. Embarcaron en Ceuta, i al tomar tierra en Tanjar, los hizo el enemigo cañonear del muro, advertido por ſus eſpias a lo que ivan. Con eſto començaron los Moros a amotinarſe contra ſu Rey, pareciendoles dilatava mucho el ſitiar Alcaçar, dando la culpa ſolamente al privado; ſiendo ordinaria deſdicha dellos, aplicarles los daños, que ſuceden, aunque no tengan culpa. Perſuadianſe, que Muley Aboacin aborrecia mucho la guerra, porque en ella neceſsitava el Rey de los fuertes, i virtuoſos; gente a vezes poco grata a algunos privados; moderandoſe eſte recelo en la paz, donde el poder, i la adulacion obran màs libremente.
(21) Aboacin, pues, penetrandole eſte ſentimiento haſta el coraçon, perſuadiò a ſu Rey començaſſe el cerco, enviando algunas vandas de cavallos a cargo del Alcayde de Alcaçar el Quibir buen ſoldado, para impedir la obra de la cava, que D. Duarte continuava con ſingular diligencia. Llegó el Alcayde à viſta de la ciudad; i queriendo echarſe en una emboſcada con dos mil cavallos, travó con los demàs una eſcaramuça con los Chriſtianos, que eſtavan de guarda a la obra; tentó deshazerla, mas todo fue en vano; porque D. Duarte ſaliendole al encuentro hizo retirar los Moros con alguna perdida, apartandolos del muro con la artilleria, que no ceſſava en moleſtarlos: i reconociendo la reſulucion de los nueſtros, no hizo el Alcayde màs, los primeros ocho dias que el Rey de Fez tardò en llegar, que correr por el campo libremente, ſin oſar a bolver ſobre la foſſa, cuya fabrica no parava un momento, trabajando en ella D. Duarte, i con ſu exemplo los demàs fidalgos con el miſmo cuidado, que los otros oficiales. Al dia de S. Martin onze de Noviembre appareciò el de Fez ſobre Alcaçar, trayendo gẽtes de Granada, i toda Berberia; i por ſer el Principe màs poderoſo, i rico della, juntò campo de cien mil combatientes.
(22) Alojóſe ſin contradicion, porque Don Duarte ſe ocupò en reconocer enteramente las fuerças del enemigo, deſde un baluarte del muro, donde eſtava tan deſcubierto, q̃ le alcançò una flecha, haſta herirle en un labio: de q̃ le quedó ſeñal ſiempre, biẽ honrada, como prueva de ſu valor; eſtas ſon las heridas, que los antiguos llamavan inſignias de la virtud, i de tanta honra, i eſtima para los capitanes maiores, que llegò Servilio a objectar a Galba, de que tenia el pecho, i la cara liſa, i ſin ellas, ſolo por notarle de cobarde, de dõde acoſtũbravan los Romanos andar con la toga ſuelta, i ſin tunica muchas vezes, de manera que con facilidad pudieſſen moſtrar al pueblo, las que havian recebido en ſervicio de la Republica, como ſe cuenta, que hizo Marco Antonio, a quien ſiguieron los Eſpartanos, i otras naciones llevadas de la gloria deſte coſtumbre.
(23) Mientras el de Fez ſe yva alojando, con tantas tiendas, i pavellones, que parece, que le faltava tierra donde cupieſsẽ; convaleciô Don Duarte de la herida: i con maravilloſo esfuerço en el ſemblante, i en las palabras, animava los ſuyos, moſtrandoſe tã alegre en aquel peligro, como ſi tuviera cierta la victoria; i tentando prudentemente hazer alguna ſalida contra el enemigo, començó a deſaſſocegarle de manera, que no paſſava dia ſin eſcaramuça; i ſiempre felizmẽte de ſu parte.
(24) Vinieron algunos cavalleros de Ceuta, de que diremos a ſu tiempo los nombres, i refiriera ſus proezas, ſino temiera faltar a la brevedad deſte compendio, reduzido ſolo a dar noticia de la vida, i hechos de D. Duarte, i de algunos ſuceſſos, que por maior acaecieron en ſu tiempo; dexando lo demàs a quienes por obligacion han eſcrito, ò eſcriven las coſas de Portugal.
(25) En eſte cerco ſon inumerables los que tuvieron los Portugueſes, en que moſtraron ſingular virtud, i valor. De dos trahe Gomez Eanes (que ſe llamavan Alonſo de Miranda, i Rodrigo viejo Comendador de Almourol) dos acciones grandioſas, i fueron, q̃ llegando apartados en dos bateles a la playa de Alcaçar para entrarſe en ella, deſembarcaron en ocaſion, que los Moros tomavan alojamientos; i como lo primero, q̃ ocuparõ fue la marina, por evitar el ſocorro de los ſitiados, ſin embargo deſſo ſaltarõ en tierra, moſtrando brio, i bizarria; i el enemigo teniẽdo por menoſprecio aquella temeridad, mandó a algunas mangas de arcabuzeros, para q̃ los tomaſſen vivos; mas ellos ſe defendieron tan esforçadamente, que ſe ſalvaron en la ciudad ſin rieſgo alguno. Eſtas, i otras tales gallardias, fue mucha parte, para que los Moros no difirieſſen un punto, el batir la ciudad, continuamente, i por todas partes, con barbara arrogancia, i deſorden. Durò la bateria algunos dias con poco daño de los nueſtros.
(26) Entre tanto D. Duarte ordenó a los ſuyos, confeſſaſſen devotamente; diziendo, que pues aquella cauſa era de la fé, con ella ſe havian de fortalecer: luego conociendo, q̃ en la ciudad havia algun miedo de la multitud de los Moros, pueſto en la plaça de armas, en medio de todos, de ſuerte que lo oyeſſen, començô a dezir.
(27) Mil gracias doy al cielo, que llego a pediros albricias (o Portugueſes) de q̃ os veais en la ocaſion, q̃ ha tanto tiẽpo, q̃ vueſtras honras ſuſpiran. Haſta aora os afrentavades con razon, de tomar armas cõtra eſtos Moros, ſiẽpre pocos para vueſtro valor. Ya ſe vê eßa vega, i mõtañas, ocupadas con tãtos millares, i reduzidos en eſta cortedad de tierra, los moradores de quaſi toda Berberia; cõvido a vueſtro esfuerço para eſta victoria, por la reputaciõ, q̃ alcançareis cõ ella; pues en tanta deſigualdad, ſerâ deſigual la fama, q̃ publicarâ vueſtros hechos. Diferẽte es eſte, del q̃ ſucedio en el cerco de Tanjar, dõde los cercados erã en mucho maior numero, q̃ los cõbatientes: teneis ocaſion, con q̃ ſoldar aquella quiebra paſſada; fatal ſiẽpre, i digna de lagrimas: dudo, q̃ el enemigo fiado en ſu multitud eſfuerce ſu cobardia, porq̃ os cõfießo, que quiſiera preſtarles animo, para que en ſu reſistencia hallarades mâs gloria: porque ſiendo gente advenediſa, biſoña, flaca, i deſarmada, noto, que tiene ſu perdicion en la muchedumbre. Pues que baſtimientos no han de apurar; ni que petrechos le han de ſer baſtantes, que no lleguen a conſumirſe con ſu propria neceſsidad? Notad la riguridad del tiẽpo, en q̃ emprẽden eſto; la fragoſidad deſtos lugares veſinos, ſu aſpereza, i eſtrechura, i vereis en ſus moradores, el trabajo, con q̃ vivẽ divertidos en eſta ocupacion: q̃ han de hazer; o quiẽ les ha de acudir. Si de lexos, primero los conſumirâ la neceſsidad, o la impaciencia? de cerca, donde, o como? Acreſcentad a eſto, la inquietud de ſus animos: viven de la libertad, i ſolo a los vicios conocen ſujecion. Su milicia es la deſorden, peleãdo como barbaros, i no como ſoldados. Pues ſin diſciplina, que exercito con ſu grandeza miſma no ſe pierde? Son ſus caudillos el robo, i la tyrania: a eſtos tienen obediencia; porque ſu crueldad no differencia ſexo, ni deſtingue eſtados. El exemplo de Tanjar capaz, es de q̃ os mueua a eſte conocimiento: no tengo que advertiros, ni encomendaros en el, ſino que peleeis como Portugueſes, i cõ el ultimo deſengaño, de que vueſtra vida conſiſte en las armas; que no ay otro camino de ſalvaros, pues no ſea mâs peligroſo, que ellas.
(28) El remedio màs eficaz, para que los ſoldados ſe reſuelvan a pelear obſtinadamẽte, es quitarles la eſperança de alcançar la ſalud, ſino por la punta de la eſpada. Sobre eſtas razones encareciò D. Duarte advertidamente, la aleuoſia, i crueldad de los Moros. Soſſegòſe, viendo el aplauſo, con que los ſuyos ſe offrecian al peligro. Por otra parte el Rey de Fez, aunque moço, de conſejo de Aboacin Bonantus, viſitava de ordinario ſu campo, con grande apparato, i ſobervia: i haviendo batido en vano la ciudad algunos dias, conociendo, que ſu fortaleza conſiſtia màs en los azeros de los Portugueſes, que en la fuerça de ſu muralla; deſpues que la conſiderô por vezes, al nono dia del cerco, llamò a ſu tienda los Alcaydes, i otros capitanes, i hablóles deſta manera.
(29) Hallome, que eſtoi corrido, i que a penas oſo hablaros, viendo, que llega la oſadia de una gente tan deſeſperada, como los Portugueſes, a emprender cõquiſtar nueſtras fortalezas dentro en nueſtras proprias caſas, i defenderſe de un exercito capaz de rendir el mundo, ſiendo tan pocos como veis: quando nueſtros maiores deſpues de dominar a Eſpaña glorioſamente, por eſpacio de ſietecientos, i mâs años, aun oy tienen ſujeto parte della; ſin duda, que eſte atrevimiento ſe funda ſolo en nueſtro deſcuido; pues ſi de una vez lo huvieramos caſtigado, no ſe atrevieran a paßar mares, ni a profanar nueſtro imperio cõ ſus banderas; poſſeen Ceuta, cercan a Tãjar, ganan a Alcaçar, i ſobre todo menoſprecian nueſtro nombre, i poder. Y vôsotros tan cobardes, i deſcuidados, q̃ pareceis delãte de mi, ſin tomar ſatisfaciõ de tantas injurias. Haſta aqui mi corta edad ſalvò mi credito. Però que accion no condenarâ el vueſtro? Governo mi niñez vueſtra ambiciõ, i olvidada de los reſpetos publicos atẽdia a ſus particulares, infamãdo la reputaciõ, con que havemos ſeñoreado a Berberia. Como, i que razon podreis dar de vueſtra tibieza? quando teneis los Chriſtianos dẽtro en vueſtros muros. Dezidme el titulo, con q̃ entrarõ en ellos? Fueron a caſo de ſus maiores? o no les coſto a los nueſtros ſus vidas? Por conſervar la ſuya infamemente deſamparô a Ceuta el Rey Buhale, intentando deſpues grangearla por trato, quãdo no quizo defenderla con las armas. O amigos, i que afrẽta tã grãde! ſean teſtigos los cielos, q̃ no ay cõsuelo, q̃ me aliente a ſufrir lo q̃ veo; pues diera la mitad de mi corona, porque mi enemigo me igualara en poder, ſolo por hartaros de ſu ſangre, i ſatisfazerme cõ la vengança, que pide ſu oſadia. Bolved por vos; no me contẽto, con q̃ deſterremos eſta gente de Africa, ſino q̃ tras caſtigarla, por los robos, i latrocinios, q̃ haze en ella, los deſpojemos de Heſpaña; dõde eſpero reſuſcitar la fama de nuestros maiores, con igual felicidad, i fortuna.