VIDA DE
DON DVARTE
DE MENESES
TERCERO CONDE
de Viana.
LIBRO QVINTO.
ESforçavaſe el ruydo de las armas, i poder con que el Rey de Fez bolvia ſobre Alcaçar, i no ſe hablava ya en otra coſa; porque Don Duarte ſabia q̃ havia llegado a Tanjar para hazer reſeña de ſus gentes. Hallò dobladas que en la ocaſion paſſada con que formô un exercito que cubria la tierra, trahiendo en el mucha variedad de fieras disformes, mas para cauſar miedo a los nueſtros, que provecho a los ſuyos: i un lunes veinte i dos de Iulio de mil quatrocientos cincuenta, i nueve, appareciò ſobre Alcaçar caſi de repente.
(2) Don Duarte acoſtumbrado a eſtas viſtas, quiſo ſalir a eſperarlo, i darle la bien venida con alguna faccion honroſa, repartiendo primero los pueſtos, i guardas de las puertas a los cavalleros màs brioſos, i deſcõfiados; ubo entre ellos grande emulacion ſobre pedir cadauno la parte màs flaca, i peligroſa. D. Alfonſo de Vaſconcelos quedô entre la puerta de Fez, i Ceuta; eſta tenia el Almirante Rodrigo de Melo; Martin de Tavora la de Fez, i en guarda de la Cortina Alfonſo Furtado de Mendoça con tres hijos ſuyos. Deſpues diſpuſo en la primera noche una encamiſada, i aviendola aprovechado muy a ſu guſto, ſe le offreciò otra ocaſion gallarda de moſtrar ſu valor, i fue que haviendo eſcrito al Rey le embiaſſe Doña Iſabel de Caſtro ſu muger con toda ſu caſa a Alcaçar; llegô entonces a aquel puerto. Serviole a Don Duarte de animo lo que a todos es deſmayo; i pareció mayor esfuerço, viendo que ſe apercebia para recebirla; porque ſe tenia a temeridad entrar en aquel aprieto una muger quando la experiencia, i la razon moſtravan ſer cordura deſviarlas de ſemejantes cercos; porque no ſiendo de utilidad alguna las más vezes enflaquecen con ſus lagrimas los brios de los que procuran defenderlas; dãdo muchas vezes cauſa de que ſe expõgan a partidos no decentes por ſalvarlas; culpa fuera eſta en Don Duarte a no conocer las virtudes de ſu muger, tan parecidas a las ſuyas, que ſin duda tenian ſus dos coraçones una miſma inclinacion, i esfuerço.
(3) Admiró el enemigo eſta reſolucion, aunque procurò impedirla; i Don Duarte dandole rebato le fue entreteniendo con una eſcaramuça, mientras Doña Iſabel entrò por una puerta de la Cortina en la ciudad, i ſe fue derecha a la Igleſia mayor, adonde eſtuvo en vigilia toda aquella noche a fuer de aquella coſtumbre antigua, haſta por la mañana en que oyò Miſſa? i deſpues deſde un balvarte eſtuvo viendo el campo contrario con aquella fortaleza, i conſtancia, que ſi fuera ſu marido.
(4) Gaſtó el enemigo todo el mes de Iulio en batir la ciudad con tanta porfia, q̃ ſe notô que havia recebido màs de diez mil cañonaços grueſſos. En los primeros de Agoſto ſuſpendiò la bateria, porque acertò de caer ſu Paſchua entonces: feſtejaronla ſolenniſsimamente con rigozijos militares, i mueſtras de cavalleria. Valioſe D. Duarte deſte embaraço para ſaber como ſe guardava el Rio; porque deſeava hazer por alli alguna ſalida provechoſa; para eſte effecto, mandò un Moro tã gran ſu confidente, que no le encubria ſus pẽſamientos, i ardides: havia tiempos que ſe paſſara a los Chriſtianos, i D. Duarte acariciandolo con premios, i buenas palabras, alentò la ſolicitud con que andava de contino meſclado entre los enemigos deſcubriendo ſus intentos. No he podido ſaber ſu nombre, aunque preſumo que era Mahamede de quiẽ havemos hablado antes, ſiendo ſu fama tan digna de veneracion, como de vituperio la de algunos malos Chriſtianos, que de cobardes, i medroſos del poder grande q̃ vieron en los cõtrarios, o tãbien llevados de ſu malicia ſe paſſaron a los Moros. Eſtos les revelarõ la ocupaciõ de nueſtro Moro, el qual ignorãdo aun el aviſo, ſe entrò en el cãpo como acoſtũbrava. Aboacin vigilante ya ſobre ſu caſtigo, ſupo tanto, que lo cogio en el hurto, i haviẽdolo trahido a la preſencia del Rey le afeò con grandes maldiciones la traicion que hazia, a los de ſu ley, i religion: reſpondiò el ſoldado ya de Chriſto, abominandola, i confeſſando que bivia en la fé verdadera de los Chriſtianos. Tornoſe Aboacin a aſſegurarſe en lo que dezia; bolviò ſegunda i muchas vezes a hazer la miſma Confeſsion, aviſando quaſi a bozes la ceguedad de los Moros: irritòlos con eſto mucho màs, i Aboacin fue el primero que le dio una lançada, luego con dos ſaetas le clavaron el vientre, i pecho, cortandole las piernas, i medio muerto le traxeron un eſpacio a viſta de la ciudad, donde la poca vida que le quedava ſe la arrancaron con dos balas: ni ſolo como Leones rabioſos ſe encrudelecieron ſobre el eſtando bivo, ſino que como ſuzios buytres deſpedaçaron el cuerpo muerto, i lo hecharon a los perros.
(5) Fue de grande ſentimiento para Don Duarte eſte expectaculo, i no podiendo ſufrir a ſus ojos tantas crueldades, determinò vengarlas; mas los barbaros orgulloſos, i alegres de haver llegado a ſu Real algunas pieſſas de campaña de exceſsiva grandeza; en que tenian la ultima confiança renovaron la bateria, i a los primeros tiros deſmantelaron un pedaço de la muralla. Hizieron con eſto particular fieſta, dandoſe ya los parabienes de la victoria. Pero Don Duarte alçando trincheras por la parte de dentro al nivel del muro, fue reparando eſte daño con tãta brevedad, que a penas diò cuidado: entretanto hizo aſſeſtar dos pieſſas en frente de aquellas grueſſas del enemigo, i fue hecho con tanta deſtreza, que al primer balaſo las deſencavalgaron; luego ordenó a los balleſteros, que tiraſſen con flechas llenas de alquitran, i fuego que ſe abrian, i hechavan de ſi una llama inextinguible no por medio de la polvora, ſino de otras materias, i todos a un tiempo en tal copia, que a manera de nubes encubrian al Sol. Fue de mucho effecto eſta, i otras invenciones de fuego, con que D. Duarte poco a poco iva desbaratando los enemigos, i ſin duda como la malicia entonces de los hombres era menos, que la de nueſtros tiempos, era menos tambien la invencion, que ſe tenia en las eſtratagemas de la guerra: peleava el valor con menos ſubtileza, i lo màs de las victorias ſe devia al animo, aunque ni por eſto condenô lo que deſpues hallò en utilidad deſte exercicio, pues ſe origina de exemplos, i reglas, que los famoſos Capitanes obſervan para abonar ſu prudencia, i engrandecer ſu acuerdo, i aſtucia. Como ſe hecha bien de ver en Don Duarte cuyo talento para eſtas coſas fue ſingular.
(6) No paſſava dia en que de los nueſtros no ſe hizieſſe alguna faccion, cõ que el enemigo iva desfalleciendo, viendo que los cercados ſe burlavan de ſu poder, i lo tenian en tan poco, que en el de nueſtra Señora de las Nieves un criado del Rey, por nombre Galaaz Gallo, mancebo brioſo en medio del dia, juntandoſe con otros veinte de ſu edad i eſpiritu llegaron a quemar las caias de aquellas pieſſas con que los Moros batian la ciudad; i el Almirante Rodrigo de Melo embidioſo deſta hazaña, i conociendo la confuſion que havia cauſado al enemigo, viendole que andava preparando otros feſtones para aſſentar las pieſſas les puſo fuego a ſus ojos, degolandole alguna gente: i retirando la ſuya libre, i ſin daño, diò notable demonſtracion de ſu esfuerço, i experiencia.