(7) Caſi ſucceſsivamente ſaliò Martin de Tavora con Don Pedro de Noroña ſu yerno, i Rodrigo de Soſa, Vaſco Martines de Soſa, i Iuan de Soſa ſus ſobrinos; i dieron en el quartel que les quedava oppueſto con tanta fuerça, que puſieron en huyda al Alcayde de Alcaçar el Quibir que lo tenia a ſu cuenta; però bolviendo en ſi con eſta affrenta acudiò a remediarla, i algunos de los nueſtros ſocorriendo a Martin de Tavora, como fueron Nuño Vaz de Caſtelblanco, Gonçalo Vaz ſu hermano, Iuan Rodrigues de Sà, i otros cavalleros: Creciò de manera la eſcaramuça, que alberotô los reales, i obligò ſalir al Rey de Fez deſcompueſto de ſu tienda, penſando que era desbaratado; haſta que ſabiendo lo que paſſava eſtimulado de la honra, cargò ſobre Martin de Tavora, que como un Leon bravo andava con ſus compañeros, cercado de muchos eſquadrones por todas las partes con gran rieſgo de ſus vidas. A las algazaras de los Moros advertiò Don Duarte lo que paſſava, i como Capitan prudente, ſalió con mucha prieſſa, a recoger a aquellos cavalleros, i aunque los viò vencedores, i el daño que havian hecho al enemigo con todo entre las gracias meſclò templadamẽte algunas reprehenſiones, de que huvieſſen ſalido encontrando la orden que tenian de no deſamparar ſus pueſtos; i ponderando el rieſgo a que ſe exponian, i los inconvenientes q̃ reſultavan deſtas ſalidas, tratò de obligarlos con juramento, ya que el valor atropellava la obediencia; hizieronlo todos excepto Alfonſo Furtado de Mendoça, porque en ſus canas, i prudencia hallô D. Duarte que eſtavan los brios màs ſoſſegados que en la edad, i loſania de los mancebos.

(8) Era Alfonſo Furtado qualificado, i valiẽte cavallero, de cuyos hechos, i nobleza hazen ſeñaladamente memoria las hiſtorias deſte Reyno, porque tuvo en el, gran lugar, i reputacion; cargado ya de años, i de ſervicios, ſe vino de Lisboa a Alcaçar el ceguer con la noticia deſte ſitio, trayendo conſigo tres hijos muy ſemejantes al padre en el eſfuerço. Deſeavan ſummamente emplearſe en alguna faccion peligroſa, i con eſta ambiciõ fomentada de ſus pocos años, i menos experiencia, violentaron al padre, a que de nuevo contravinieſſe al mandato de Don Duarte, haziẽdo alguna ſalida al enemigo; la deſcõfiança del buen viejo, encaminó la reſoluciõ de los moços, porque le parecia, que haſta a ſus hijos devia moſtrar con el exemplo a no temer rieſgos, ni a huyr peligros. Para executarlo aſſentô con los hijos hechaſſen delante fuera de las trincheras dõde eſtava tres ſoldados de valor, en que entrava Pedro de Mendoça, hijo ultimo de Alfonſo Furtado, para que enbeſtieſſen los Moros como deſmandados, i entonces tendrian ocaſion de hazer lo que deſeavan, a titulo de recogerlos.

(9) Eſto que al principio no pareciò màs q̃ una gallardia, tuvo tal empeño en el ſucceſſo, que fue neceſſario el grande acuerdo de Don Duarte, para remediarlo: porque encõtrandoſe una eſquadra de cavallos con los tres Chriſtianos offendidos en la reſiſtencia de ſus golpes appellidaron ſocorro, que fue la mitad del exercito, i por la nueſtra ſaliò Alfonſo Furtado con haſta treinta hombres: Encendioſe el rebato de ambas partes peleando los Portugueſes, mas por ganar honra, que ſalvar las vidas, i los Moros perdiendo muchas, i atropellados de ſu deſorden, ivã creciendo cada vez màs, con que apretavan los nueſtros inconſideradamente con la muchedumbre. Bien deſcuidado deſto andava Don Duarte proveyendo lo neceſſario con perpetua vigilancia, quando viò lo que paſſava, i que Don Alfonſo de Vaſconſelos, i Rodrigo de Melo ſe deſcolgaron del muro con valiente determinacion, i ſe fueron a Alfonſo Furtado, que eſtava ya herido en la boca, i en un braço. Con eſte rumor no quedô hombre en Alcaçar, que no procuraſſe ſer el primero en llegar. Mas D. Duarte acudiẽdo a ſerrar las puertas, por la de la Cortina ſalió con gran prieſſa, i toda la cavalleria a recoger aquellos cavalleros, i bolviendolos a poner en ſus pueſtos, dandoles lugar para q̃ deſcanſaſſen, el miſmo dia los hizo llamar jũtos, i les hablò deſta manera.

(10) No puedo negaros (ſeñores) el juſto enojo en q̃ oy me aveis pueſto, quando no ſolo os aſsiſto como Capitã, ſino os amo como padre. Perô quiero valerme deſte nõbre para reprehẽder cõ blãdura lo q̃ pudiera caſtigar cõ rigor. Es poſsible q̃ ignoreis el q̃ moſtravã los antiguos en eſte delicto? pues llegava a ſer capital entre los mayores Capitanes. Fabio Maximo fue entregado al pueblo Romano deſpues de ſer cõdenado a muerte, porq̃ peleô cõtra el edicto de ſu Emperador, aũq̃ ſaliò victorioſo: i Aulo Mãlio Torquato en la guerra q̃ hizo cõtra Francezes, llegô a matar ſu hijo, porq̃ paßò ſus mandatos: quiẽ no los tuvo ſiẽpre por inuiolables, i ſacroſãctos? i cõ mucho fundamẽto, pues q̃ coſa cõſerva la milicia, ſino la obediẽcia? eſta verdad tiene qualificado la experiẽcia con exẽplos. Mirenſe los muchos exercitos q̃ ſalieron vencedores cõ ſolo ella en partido muy deſiguales. Penſais que tantos millares de Moros ſon vencidos por nuestro braço; o que baſtan ſeiſcentos hombres, que tenemos, a reſiſtir a duzientos mil, que vemos en eſte cerco? es engaño. Su deſorden los vence màs que nueſtro valor, porque fuera impoſsible a la miſma naturaleza uzar de temeridades ſin mucho daño. Quando cercaron la ciudad, por acudir a vueſtras honras os encarguê los puestos mâs peligroſos. Biſoñeria fue, perdonadme el deſempararlos, i poca diſciplina pues os aventuraſtes, a que el enemigo fiado en ſu muchedumbre procuraße entrar por aquel paſſo hallandole abierto, i ſin guarda. Tuvierades entonces deſculpa a tan grande affrenta? no por cierto: o por ventura no manchara el ſucceſſo perpetuamente vueſtra fama? Por Dios que me digais, que motiuo tuviſtes para provocar el enemigo con eſta ſalida tan ſin tiempo? ſi fue ambicion de gloria no es buen camino eſte para grangearla, porque la temeridad es tanta locura, que aun en los aciertos ſe condena: una coſa es oſadia, i otra esfuerço. Nunqua el valor deſdeñô la prudencia, antes ambas juntas forman un ſoldado brioſo, i honrado; mas lo quedavades en guardar vueſtros pueſtos: porque la ley màs cierta de la honra es cumplir cada uno con ſu obligacion.

Tras deſta reprehenſion entrò la alabança, i agradecimiento de la virtud, con que aquel dia pelearon; temploſe con las ultimas palabras la deſapacibilidad de las primeras, i Alfonſo Furtado que parecia el reprehendido las agradecio todas. Con eſto por alegrarlos de nuevo, i olvidarlos de aquel deſabrimiento, ordenô Don Duarte otra ſalida, que aſsi moderava ſus enojos, no obligando menos con los caſtigos, moſtrando que ſi los dava era màs con deſeo de emienda, que no de vengança.

(11) Quebrantado el enemigo con tantas eſcaramuças ſe rindiò primero a la opinion, i valor de los Portuguezes, confeſſandolos por inexpugnables. Peró con porfia eſtraña, deſpues que ceſsò la bateria, bolviò los aſſaltos, i duró en ellos con igual daño, i deſabrimiento, haſta faltarle la comida, i la municiõ. Tenia Aboacin prevenido eſta falta con mãdar gran copia de Camellos a Mequines por baſtimentos: mas roboſelos en el camino Xeque Laros (Moro de que havemos hecho mencion) que offendido del Rei de Fez, le negô la obediencia deſcubiertamente, i con mueſtras ya de enemigo, i levantado, andava fatigando aquel Reyno, a ſon de agraviado, con perpetuos robos, i talas, alterando los fieles con quexas, i ruegos, ultimamente con las armas. Temiolas el de Fez con particular cuidado, por el que causò en el real generalmente, entendiendo que la trayciõ de aquel Moro ſe fundava en alguna aliança que huvieſſe hecho con los Chriſtianos. Finalmente ſe reſolviò en levantar el cerco por bolver las armas contra Xeque Laros.

(14) Don Duarte entretanto deſde la muralla hizo mueſtra de ſu gente, q̃ victorioſa, i alegre, diò mil vayas a los Moros, viendo q̃ ninguno oſava ſer el ultimo en la retirada; i entonces ſe entendiò el daño, que havian recibido, porque aunque no ay Autor que refiera con certeza el numero de ſus muertos, de nueſtra parte lo fueron veinte i uno, i de la ſuya una grã cãtidad, ſegũ ſe ſupo deſpues. Durô tantos dias eſte cerco como el primero, ambos defendidos gallardamente con el increible valor de Don Duarte de Menezes, i los demâs fronteros, no eſtando en la defenſa ninguno ocioſo, los impedidos ponian animo, peleavan los de entera edad, niños, i mugeres trahian agua piedra, i refreſco a los ſoldados; ſiendo Doña Iſabel de Caſtro la primera que curava por ſu mano los enfermos, i heridos, alentando mucho con eſto, i remediando a los pobres, con tanta piedad, y aſsiſtẽcia q̃ ſe le deven iguales alabanças, q̃ al marido. Los cavalleros q̃ ſe hallaron de ſocorro, en eſta occaſion fueron los proprios que aſsiſtieron en la paſſada, porque tardò tã poco en bolver el Rey de Fez, q̃ no diò lugar a q̃ ſe apartaſſen de Alcaçar; demàs q̃ cõ eſte reſelo no ubo quien quizieſſe deſampararla.

(15) Halló eſta nueva al Rey en Santaren, donde con una proceſsion general dio gracias a Dios de tan felice ſucceſſo, alargandoſe igualmente, que la vez paſſada, en alabanças de Don Duarte, i de aquellos cavalleros, q̃ le aſsiſtiã, entre los quales huvo muchos q̃ deſeoſos del premio, ô forçados de otras cõveniẽcias ſe vinieron a Portugal. Peró Don Duarte como todo ſu cuidado empleava en el ſervicio de ſu Rey, dioſe todo al biẽ publico, ſin q̃ en el particular ſuyo hablaſſe una ſola palabra, i aſsi quando los otros trataron de ſus pretenciones, entonces bolviô los ojos a reſtaurar la fortaleza; rehizo la Cortina de que el enemigo arruinò un gran pedaço; fabricò de nuevo vn buen alojamiento en el caſtillo, para los Capitanes generales, que ſerviò de ennoblecer, i fortalecer la ciudad.

(16) Deſpues procurò, que los ſoldados màs pobres tuvieſſen tambien ſatisfacion de tanto trabajo, repartiendo pagas, i ſocorros por todos; i vendiendo para eſte effecto haſta la plata de ſu ſervicio. Aviſô luego al Rey, de como cada uno en particular le havia ſervido, porque nunca uſurpava la gloria de las coſas, que otro havia hecho, antes le ſervia de fiel teſtigo; i porq̃ el enemigo ayudaſſe a eſta paga, fue ſobre Anexames, i otras aldeas pueſtas en la ribera de Guadaleon, i tardô en rendirlas, lo que en acometerlas.

(17) La proſperidad de tantos ſucceſſos no ſolo amedrentò a Berberia; però llenò de eſperãças al Rey, para cõſiderar, q̃ empeñandoſe con mayor poder en aquella conquiſta, teniendo tal capitan podia eſtender ſu imperio por aquella parte. Con eſte animo, i deſeo de moſtrar a Don Duarte el que tenia de honrarle le llamò al Reyno por Abril del año ſeguiente de mil quatrociẽtos i ſeſſenta. Partiò en ſu cumplimiento, dexando por teniente en Alcaçar Alfonſo Telles de Menezes ſu ſobrino, cavallero de brio, i experiencia, i de quien oſava fiar ſu reputaciõ.