(18) Al llegar a Lisboa adonde eſtava la Corte, le ſalió a recibir, lo màs noble della a la Marina; i el Rey con ſingulares honras, i publicas demonſtraciones mudandoſe, entõces a Santaren le diò el titulo de Conde de Viana de Camiña (que tuvieron ſus mayores) referiendo largamente en eſta donacion los ſeñalados, i grandes ſervicios, que la corona Portugueſa le devia.

(19) Como el Rey por inclinacion tratava de proſeguir la conquiſta de Africa; començò a poner eſte penſamiento en pratica, encaminãdolo a que el Reyno lo reputaſſe por util, i ayudaſſe con impoſiciones, i donativos, ſin los quales ſe impoſsibilitava la jornada. Mas era cierto, que ſegun el eſtado del Reyno eſtava debil, i flaco, ſin las fuerças de la guerra, que era el dinero, i con otras ſemejantes calamidades, començava aora a ſintir los daños generales, i los pueblos ſobre cuyos hõbros cargava eſte pezo, ſabiẽdo q̃ la demaſiada liberalidad del Rey, era vicioſa prodigalidad, cõq̃ empobrecia el Reyno, dãdo màs por coſtũbre, q̃ por remuneraciõ, ſacãdo de las affliciones publicas las mercedes particulares: propuſierõ en unas cortes, q̃ entõces ſe celebrarõ en Lisboa, cõſideraſſe el Rey eſte daño, i trataſſe irſe a la mano en el, cerrãdola a mercedes no juſtas pues la miſma juſticia q̃ cõcede premio al que lo merece, lo niega a otra gẽte menos neceſſaria en las Reſpublicas, i a vezes pernicioſa: para ſãzonarle en eſta peticion le concedieron ciento i cinquenta mil doblas de oro para ſu deſempeño. El Rey vino en ello facilmente en quanto a prometerlo, perô ſiempre executò lo contrario. Con eſtas dificultades ceſſô deſta vez la jornada de Africa, porque tambien el Rey enfermò gravemente, aunque convalecio con breuedad.

(20) Succediò por eſte tiempo la muerte del Infante Don Henrique harto ſentida de los Portuguezes, i mucho màs de ſus Reyes, i cõ razon de todos por ſus grandes partes, i proceder: porque alcançando los tiempos calamitoſos de las diſcordias ciuiles deſte Reyno; ya mâs ſe entendiò trataſſe de otra coſa que de enriquecerle con las conquiſtas de Africa, i deſcubrimiẽtos del Occeano, de que fue el origen, i promovedor, i a quien por eſte reſpecto, i el de ſus virtudes ſe deve ſingular memoria. Fallecio en el Algarve dexando por ſu heredero al Infante Don Fernando, el qual tresladò ſu cuerpo el año de mil quatrocientos ſeſſenta i uno al inſigne, i real Monaſterio de la Batalla de Religioſos dominicos.

(21) Menos llorada fue la muerte del Duque Don Alfonſo de Bragança ſu hermano, que tambien ſobrevino entonces; Principe poco afable, aũque de gran valor, è induſtria. Succediole Don Fernando Marquez de Villavicioſa ſu hijo ſegundo, por haver muerto el Marques de Valencia el año antes, ſin hijos legitimos. I ſin embargo de tantos lutos; diſpuſo Don Fernãdo ſu primogenito paſſar a Africa en compañia del Conde de Viana con mil hombres pagos a ſu coſta, i otros muchos cavalleros de ſu caſa: porque en aquel tiempo condenavan los mayores el ocio con ſu exemplo, i los ſeñores antes querian que ſus hijos ſe criaſſen en medio de los exercitos, que de las ciudades.

(22) Bolvio el Conde por Abril deſte año, i apenas llegado a Alcaçar con la gana que tenia de verſe con el enemigo, corriò brevemente, tres vezes, haſta la ciudad de Tanjar, haziendo, en todas, tanto daño al enemigo, que le degollò mâs de ſetecientos hõbres, i quemò quatro lugares muy ricos, que fueron Palmera, Ceta, Aamar, i Leonçar.

(23) Mucho es para alabar una accion, que le ſuccedió al Conde en una entrada deſtas; i fue, que ſiguiendo los nueſtros denodadamente el alcance, Don Henrique de Menezes, no ſatisfecho de haver muerto por ſu braço algunos Moros, ſe empeñò en ſeguir a uno en que hallô mayor reſiſtencia; i fue tãto ſu brio, que hechandoſe el Moro al mar ſe hechò tras del, i le mató; con tanto rieſgo de ahogarſe, que anduuo largo eſpacio luchando con las ondas, i los enemigos; porque paſſando el Conde en perſecucion de la victoria, i viendolo en aquel peligro, no perdiẽdo pũto en ſu officio, la fue continuando ſin dar lugar a que los ſuyos ſe deſmandaſſen en ſalvar al hijo. Però el cielo que lo guardava para mayores coſas le diò valor para vencer las ondas igualmente que a los cõtrarios. Eſta conſtancia del Conde no fue deſigual a la que eſcriuẽ de los Capitanes inſignes, que atropellavan los reſpectos de la ſangre por acudir al mayor, de ſus honras, i obligaciones.

(24) Halloſe D. Fernãdo en todas eſtas ocaſiones, portandoſe con gran valor, i prudencia, i meſclando con la Magestad de Principe, ſolicitud, i cuidados de ſoldado particular: porque ſiẽdo el primero en los peligros, moſtrava ſerlo tambien en obedecer, i guardar las ordenes del Conde, como de ſu Capitan, haziendo ley inviolable cõ ſu exemplo; en q̃ particularmente hizo ſingular eſtudio, luego que conociò el animo depravado de algunos cavalleros, que entre la embidia, i el enojo, comẽçaron en vano a induzirle cõtra la authoridad del Cõde; procurãdo poner por medio de ſu vẽgança, la grãdeza del nacimiẽto de D. Fernando, q̃ era lo miſmo q̃ lo obligava a moſtrarſe apazible, i obediẽte. Solicitado del Duque ſu padre bolviò brevemente a Portugal, donde el Rey agradecido a tãtos ſervicios, le diô cõ el titulo de Cõde el eſtado de Guimaranes, q̃ deſpues con el de Duque, quedò en los primogenitos de Bergança cazole tãbiẽ con D. Iſabel hija del Infante D. Fernando ſu hermano de q̃ nacio D. Iaime, q̃ ſiẽdo IIII. Duque de Bergãça, caſado con hija de la gran caſa de Medina Sidonia en Caſtilla, i jurado por Principe heredero deſta corona; por el Rey D. Manoel ſu tio, hermano de ſu madre, entrando a reinar; es biſaguelo del ſereniſsimo Duque de Bergãça, q̃ oy bive ultima reliquia de los Principes de la ſangre real deſte Reyno.

(25) Poco deſpues parecieron entre los Moros de aquella comarca dos hijos de Calabẽçala, Alcayde que fue de Ceuta, Alcaçar, Tãjar, i Arzila (como eſtà referido) los quales còmo vieron muerto ſu padre, i ellos deſpojados por los nueſtros de ſu grandeza, porque de toda ella ſolamente les quedava la ſierra de Gibelfabibi, que cae al norte de Alcaçar poco mas de ſeis leguas; tierra fertil, i poblada, perô limitada, i corta; començaron primero con ruegos, i luego con amenazas a repreſentar a ſus naturales la affrenta que padecian, ſuſtentando los Chriſtianos tanto tiempo en ſus tierras; i con animo de deſtruirlos tomaron las armas, juntando ſiete mil cavallos de las ſierras Gibelfabibi, i de Benima Grafot, con el Alcayde de Tãjar, i aſsi jũtos todos embiãdo delãte a correr a Alcaçar, ſe entraron en una emboſcada cerca de la ciudad. Tuvo luego auizo el Conde, i ſaliò a ellos, i los desbarato, degollãdole los principales, i màs valientes Capitanes, que trahian. Fue eſta Rota de las màs ſintidas, i lloradas que los enemigos tuvieron, porque de más de caer ſobre tantas, quedaron ſin eſperança alguna de remedio: deſcãſando el Conde por no tener que vencer lo que quedava del mez de Iulio, i los tres ſiguientes.

(26) Por el fin de Octubre ſe acabò de deſpoblar la ſierra de Amegara, porque el Conde fue ſobre ella, i la reduxo a nueſtra obediencia con muerte de los caudillos que la defendian, i governavan. Quedava a un lado della, hazia Arzila, la ſierra de Luſmara, con muchas aldeas grandes, i bien pobladas. Era la principal, i cabeça Nazere; rendiola el Cõde a penas entrado en Alcaçar de la sierra, i de camino deſtruyô Bogalmaee, lugar pueſto en ſitio eminente, i ſuperior a Guadeleon, q̃ lo cerca con ſus aguas, i aſsi quaſi inexpugnable. Con eſte hecho, ſin otros de menos cuẽta que particularmente eſcriue el Coroniſta Gomes Eanes, concluyò el Conde el año de mil quatrocientos i ſeſſenta i uno, haviendo ſido glorioſo a los Portugueſes por ſu abundancia, i felicidad de los ſucceſſos que tuvieron en Berberia.

(27) En Ceuta, deſpues de muchas entradas, i otras victorias que alcanſó Don Pedro de Menezes tercero Conde de Villa Real; ſujetò las ſierras de Benihaſcen, i Benitelid, que algunos llaman Chebit, i quedaron ſus moradores tributarios de Portugal (ſervicio de ſingular reputacion para eſta Corona) i eſtando el Rey en Torreſvedras le preſentô una copa hecha del oro deſte tributo; que fue el primero, que pagaron los Berberiſcos a los Portugueſes como en preſagio de los muchos, que havia de rendirle aquella parte de Africa por el valor deſte cavallero, i de ſus decẽdientes, a cuyas proezas ſe deve mucho en eſta guerra; pprque moſtrô en ella igual virtud al de ſu aguelo, de quien fue digno ſucceſſor en nombre esfuerço, i grandeza.