(28) Ya por eſte tiempo tratava el Rey, con menos conſideracion que deviera en negocio de tanto pezo, paſſar a Tanjar, llevandoſe tanto de ſu appetito como del brio del Infante Don Fernando ſu hermano; fundava eſta deſorden en el parecer de Diego de Barros, i Iuan Falcon, que ſiendo cavalleros màs valeroſos que prudentes, haviẽdo eſtado cautivos en aquella ciudad, facilitaron al Rey el poder ganarla por una parte, a lo que deziã, del muro menos guardado de los Moros; i luego en el principio del año de ſeſſenta i dos, hallo en las historias del Reyno, que el Rey continuando eſte penſamiento, remetiò al Conde de Viana, a Diego de Barros, i Iuan Falcon, para que juntandoſe con un Iuã de Eſcalona (que fue tambien compañero ſuyo en el cautiverio) los encaminaſſe a que reconocieſſen de nuevo la diſpoſicion en q̃ eſtava Tanjar.
(29) Llegaron a Alcaçar en ſazon que Don Henrique de Menezes entrava en aquel lugar mal herido, i victorioſo de unos coſſarios Francezes, que con algunos navios moleſtavan el eſtrecho con robos continuos. Saliò a ellos a pezar del Conde ſu padre, porq̃ tuvo a temeridad eſte hecho; màs como en eſtas acciones ſiempre juzgava todo el arrojamiento por de eſtima; armòle una caravela con treinta fronteros eſcogidos, i reſueltos a morir, ô vencer, i otro pequeño, que luego deſgarrò; el Coſſario con tres baxeles, viendo a Don Henrique pareciendole navio de preza, lo fue a encontrar, con menoſprecio, i enviſtiendoſe gallardamente por las proas, travaron por todas partes: peleoſe muchas horas igualmente, haziendo los Francezes ſu dever, però no podiendo deſazirſe, ni eſcaparſe por más que lo procuraron, entrò Don Henrique finalmente la capitana, ſin que en los otros les quedaſſe perſona q̃ no fueſſe muerta, ò herida; tal fue la porfia con q̃ ſe cõbatio. Tuvoſe la victoria por los q̃ biẽ la cõſiderarõ por admirable, por la fortaleza del enemigo ſuperior en fuerças, i gente. El Conde ſaliò a la playa recibir al hijo, llevandolo en ſus braços tan mal tratado, que eſtuvo muchos dias ſin eſperança de vida; però es ſingular el valor, i virtud q̃ D. Iſabel de Caſtro ſu madre moſtrô en eſta ocaſiõ, pues dexãdo al hijo en poder del padre, acudia por ſus manos, i con grã cuidado a curar los demás heridos, tratãdo al enemigo cõ la miſma piedad q̃ a los Portugueſes, de q̃ ſuccediô, q̃ los coſſarios deſpues de ſanos dandoles el Conde libertad, para que ſe fueſſen donde quiſieſſen, ſe quedaron algunos en ſu compañia lleuados del beneficio, i agradecimiento, que conquiſta los animos màs invencibles en las armas.
(30) Con eſte ſucceſſo reposò el Conde haſta el mez de Agoſto, en q̃ ſupo de Alonſo de los Arcos Caſtellano de Tarifa; como tenia cercado a Gibraltar, i eſtava falto de vituallas; pidiendole ſocorro con brevedad, i diligencia. Eſte auizo tardô al Conde, porque paſsò primero a Ceuta, i Pedro de Albuquerque, que governava aquella plaça, queriendo lleuar la gloria de ſocorrerla primero cõ alguna emulacion, i embidia, detuvo la nueva al Conde, de manera que partiendoſe al inſtante que entendiò lo que paſſava; quando llegó a Gibaltar, havia el Duque de Medina Sidonia entrado ya la ciudad, i retirado los Moros al Caſtillo que combatia fuertemente. Llamoſe Gibaltar en ſus principios Heraclea, por ſer fundacion de Hercules el Thebano; pueſta en una larga enſenada, que haze la mar en el eſtrecho Gaditano contrapueſto a Tanjar, en las raizes del Calpe, una de las fabuloſas columnas de Hercules, en cuyo nombre perſeveró, haſta que con la perdida general de Eſpaña, Tarif le preſtò el ſuyo; i le dijerõ Gibaltar, de Gibel, i Tarif, que ſuena en Arabigo lo miſmo que monte, ſi bien algunos lo derivan de Gebel, i Aar, ò de Tarf, q̃ es la cũbre del mõte. Dominaranla los Arabes, haſta que el Rey Don Fernando el Quarto de Caſtilla la ganò; perdiò ſu hijo D. Alonſo el vndecimo, i reſtaurò a ſu coſta D. Iuã Peres de Guſman, primer Duque de Medina Sidonia (de quien vamos hablando) varon inſigne, i de excelentes virtudes.
(31) El Duque apretó el combate al caſtillo, i ſabiendo que el de Viana venia a hallarſe alli; le ſalió a recibir grã trecho de la ciudad con grandes cumplimientos, dandole la obediencia de ſoldado, i ſuplicandole una, i muchas vezes quizieſſe governar aquel ſitio; rehuſolo el Cõde con ſu acoſtũbrada modeſtia, i tomó una pica para ſervir; mas los Moros deſcõfiados de ſu defẽſa, ſe entregarõ al Duque por trato, pidiẽdo para rehenes de ſu ſeguridad la palabra ſolamente del Conde de Viana, (tanto fiavan della). El Duque obligo corteſmente al Conde a que ſe encargaſſe de aquella gente, i paſſandolos conſigo a Alcaçar, les diò paſſo ſeguro a Tanjar.
(32) El año ſeguiente de 73. por el mez de Abril, rindio a Safa, lugar en los confines de tierra de Benamenir, i de Luſmara a dos leguas de Tanjar en lo más alto, i fragoſo de la ſierra, de haſta quinientas caſas, con tan aſperas entradas, que no pudieron ſubir los cavallos màs que uno a uno. Entrò el Conde con eſtraña dificultad, i peligro, por lo màs agrio, i lo màs defendido, i degollando dos mil hõbres, prendio quatrocientos. No oſó el Alcayde de Tanjar occupar el paſſo de la ſierra al paſſarla Don Duarte, con que llegô a Alcaçar con la preza entera.
(33) Sobre tantas perdidas como los Moros padecian continuamente por el braço, i valor del Conde; ſintieron eſta con mayor deſeſperacion, porque el ſitio, i fortaleza de Safa los aſſegurava de ſu ruina.
(34) Mientras eſto paſſava en Alcaçar, el Rey de Fez deſpues que ſoſſegò la rebelion de Xeque Laros, con ſu muerte, ſe vino a Tanjar; de donde communicò amigablemente al Conde preſenteandoſe con igual agrado, i correſpondencia; haviã travado grande amiſtad deſpues que el de Fez conoció la virtud, i esfuerço del Conde por tãtas vezes, i ſiẽpre en ſu daño: i verdaderamẽte que dava cõ eſta eſtimaciõ un grã exẽplo de buẽ Principe, pues ni la differẽcia de la religiõ, ni la diviſiõ de los animos, ni los daños recibidos por ſu mano i govierno, le impedia reconocer el valor, en quiẽ lo tenia, ſiẽdo más duro de cõfeſſar en el enemigo; mas era tãto, i tã publico el del Cõde, q̃ mayor veneraciõ le tuvierõ ſin duda los Moros q̃ los miſmos Portuguezes, pues aquellos cõ el miedo, i eſtos cõ la embidia, parece andavan juntamẽte apoſtados a engrãdecer, i deſluſtrar ſus hechos, i ſiẽdo las acciones tan encontradas, no moſtrava menos brio el Conde en vencer con las armas a unos, que con el ſufrimiento a los otros.
(35) Obligado deſtas mueſtras ſolicitò haver del Rey Moro, por reſcate, ô liberalidad el cuerpo del Santo Infante D. Hernãdo, como reliquia ineſtimable, por la particular devocion q̃ le tenia. Anda de ſu vida, muerte, i milagros un volume pequeño, grande en la materia. Tendre diſculpa a no diſcurrir dellos, por no offender con la cortedad de mi talento la lecciõ tã agradable de ſus virtudes.
(36) Fueron ocioſas todas las diligencias que hizo el Conde ſobre eſte particular, aunque muchas, i mui apretadas; i quedando ſin effecto ſe bolviò el Moro a Fez, dexãdo reforçado el preſidio de Tãjar, con tres mil cavallos, i por Alcayde a Abraim Bename, Moro de gran opiniõ, i fortuna; porq̃ Xarate aunq̃ era muy valiẽte, fue depueſto del cargo por deſdichado. Cõſideraciõ importãte en la guerra dõde la felicidad tiene mucha parte. Eſta prevẽcion naciò ſin duda de averſe diuulgado la jornada del Rey, intenpeſtivamente con que vino a noticia del enemigo; ſiendo maxima certiſsima de los Principes entendidos reſervar para ſi miſmos los fines de ſus movimiẽtos haſta el tiempo en q̃ importa, i es forçoſo deſcubrirlos. Perô como las emprezas ſe yerran al principio facilmẽte ſe van desliſando los medios: fuerõ pocos cõſiderados, los q̃ tomò Portugal en eſte negocio en q̃ uvo màs debates q̃ conſultas, aunq̃ tãbien no faltarõ advertẽcias del Conde, el qual deſpues de haver cumplido la comiſsiõ de Diego de Barros, i Iuã Falcõ, viẽdo el muro de Tãjar muy deſpacio los bolvió a embiar al Rey cõ eſta nueva, hallãdo poſsible el caſo, i encomẽdãdole el ſecreto, i diſsimulaciõ cõ q̃ avia de proſeguirlo, eſcreviendole era mejor acuerdo le remitieſſe a Alcaçar gẽte, i armas poco a poco, cõ todo el reſguardo, porq̃ deſta ſuerte ſin otro eſtruẽdo, ni cuidado ſe podia executar ſu deſignio ſagaz, i aventajadamente.
(37) Offendiò eſta propueſta al Cõde de Villareal, porq̃ cõ la buelta de los reconocedores informado de la facilidad, i grãdeza de la jornada ſe deſcubriô por oppoſitor para la execuciõ. El Infante D. Fernando por otra parte haziaſe dueño della, i el Rey no queria reduzirſe a no paſſar a Berberia; de manera q̃ con tãtas incõſideraciones preſumiẽdoſe q̃ el Cõde de Viana dava eſtos aviſos por hallarſe ſolamẽte en aquella ocaſion, comẽçarõ los entereſados a tener celos de ſu zelo, i cõ eſto moviã al Rey a lo q̃ peor le eſtava. Pudo al fin el de Villareal introduzirſe en la materia, porq̃ ſu calidad, valor, i prudẽcia erã fiadores, para peligros mayores. Todavia como en eſte ſe havia de hallar el Rey, quiso enterarſe primero por ſus ojos de la diſpoſiciõ en q̃ eſtavã las coſas de Tanjar; fueſſe a Ceuta llevãdo cõſigo a Iuan Falcon, i Diego de Barros, con los quales examinô todo lo q̃ paſſava, i aſſegurò de nuevo al Rey del ſucceſſo, con q̃ finalmẽte ſe determinò ſu paſſage. Advierte Ruy de Pina, que al partirſe eſte cavallero, le hizo el Rey algunas mercedes importãtes para ſu caſa, porque aſsi ſe obligã a los ſubditos, a que menoſprecien las vidas en el ſervicio de ſu Rey, grangeando muchas vezes cõ un favor deſtos, grandes felicidades para ſu corona.