Romance de la muerte del enamorado Don Bernaldino.
(ANONYMO)
Ya piensa don Bernaldino
Ir su amiga visitar,
Da voces á los sus pages
Que vestir le queiran dar;
Dábanle calzas de grana,
Borceguis de cordoban,
Un jubon rico broslado,
Que en la corte no hay su par;
Dábanle uma rica gorra,
Que no se podria apreciar,
Con una letra que dice:
«Mi gloria por bien amar.»
La riqueza de su manto
No os la sabria yo contar,
Sayo de oro de mastillo,
Que nunca se vió su igual,
Una blanca hacanea
Mando luego ataviar,
Con quince mosos de espuelas
Que le van compañar,
Ocho pages van con él,
Los otros mandó tornar;
De morado y amarillo
Es su vestir y calzar.
Allegado han á las puertas
Do su amiga solia estar;
Hallan las puertas cerradas,
Empieson de preguntar:{[203]}
—¿Donde está doña Leonor,
La que aqui solía morar?
Respondió un maldito viejo,
Que el luego mandó matar:
«Su padre se la llevó
Lejas tierras a habitar.»
El rasga sus vestiduras
Con enojo y gran pezar,
Y volvióse á los palacios
Donde solía repozar:
Puso una espada á sus pechos
Por sus dias acabar.
Un su amigo que lo supo
Venialo á consolar,
Y en entrando por la puerta
Vidolo tendido estar.
Empiesa á dar tales voces
Que al cielo quieren llegar;
Vienem todos sus vassallos,
Procurar de lo enterrar
En un rico monumento
Todo echo de cristal,
En torno del cual se puso
Un letrero singular:
«Aqui esta don Bernaldino
Que morio por bien amar.»
Cancionero de Romances.{[204]}
16
Romances del Rey Don Sebastian—I
(ANONYMO)
Una bella lusitana,
Dama ilustre y de valia,
Haciendo sus ojos fuentes,
Con llanto estiende la vista
A la poderosa armada,
Que de Lisboa salia,
La vuelta el mar de Levanto,
Por Sebastiano regida.
Y como vido que el norte
Sopla furioso y aprísa
Dijo con un ¡ai! del alma,
Triste, turbada, afligida:
«Que no hay quien baste
Contra gallardo rey, moro arrogante.»
Esta mirando por tierra
La mucha gente lucida,
Diferenciados en traje
Y en diferentes divisas,
Porque aunque Cristo llevan
La cruz en medio tendida,
El galan y enamorado
Conforme a su intento pinta;
Pero la afligida dama,
Que vido una roja insignia
En una alta popa puesta,
Desde un balcon que partia
Digo: «No hay quien baste
«Contra un gallardo rey, moro arrogante.»{[205]}
Mira las lucidas armas
Que lleva la fidalguia,
Y de telas de oro y plata
Costosas ropas vestidas;
Y las medallas compuestas
De muy rica pedreria,
Cadenas de oro pendientes,
Tantas que la vista admiran;
Considerando de muchos
La dolorosa partida,
Y que ve entre los que parten
El bien de su alma y vida,
Dijo:—«No hay quien baste, etc.»
Tocan las trompas à leva,
Y las cajas resonantes
Con los pifaros parleros
Dicen que todos se embarquen.
Los marineros dan voces
Para que el ferro se alce,
Y los lijeros grumetes
Al viento velas esparcen,
Cuando la dama hermosa,
Procurando consolarse,
Dice:—«Plega, Diós que vuelvas
Victorioso y muy pujante,
«Y habra quien baste
Contra un gallardo rey, moro arrogante.»
Romancero generale.{[206]}