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El Rey Don Sebastian—II
(ANONYMO.)
De la sangrienta batalla
Que tuvo el rey Sebastiano
Con los africanos moros,
Rompido y desbaratado
Se ha escapado un español
De los que Felipe ha enviado
Al socorro y obediencia
Del bando del lusitano.
Despedazadas las armas,
Sin aliento y sin caballo,
En roja sangre teñido,
Por muchas partes llagado,
Arrimose el español
A un arbol espeso y bajo,
De donde vido en su gente
Aquel mortifero estrago;
Y aunque lacio y macilento,
Dijo, que lo oyó un soldado:
—No me pesa de mi muerte,
Pues con una vida pago
La deuda que a Diós le debe
El catolico cristiano;
Mas ¿porque ha de morir
Un rey mancebo y lozano
Y con el todos los suyos
Por ser mal aconsejado?—
Estas razones diciendo
Llegó el Rey alborotado,
Y dijo: «¿Como, español,{[207]}
En tal priesa, tanto espacio?»
—Inclito Rey, le responde,
Oyeme bien lo que hablo,
Y és que te guardes, señor,
Y retires todo el campo,
Y no des al enemigo
Tan abierta y larga mano,
Y que los tuyos perezcan,
Sin que se escape un cristiano.
Mira que una retirada,
Cuando és con acuerdo sano,
Vale mas que un vencimiento,
Si el tal se alcanza con daño.
El Rey atento le ha oido
Y dijole: «Castellano,
Toma para ti el consejo
Que me dás, nó todo sano
Mas con pecho de cobarde,
Que no de diestro soldado.»
El capitan que se vió
Ser del Rey abaldonado,
Cobró el aliento perdido
Y tomó presto un caballo,
Y con la espada desnuda
Parte al sarraceno campo,
Y dijole:—Excelso Rey,
Porque entiendas que mi brazo
No te ha de echar en afrenta,
Ten cuenta con lo que hago.—
Trez alcaides tiene muertos
En una hora de espacio,
Y mas de diez corredores
De los que andan en el campo.
El Rey, que atencion le tuvo
Aunque no estaba parado,
Dijo a los suyos: «Sin duda{[208]}
El español es honrado;
Haced lo mismo vosotros
Los que vos preciais de hidalgos,
Y ninguno vuelva atras,
Mientras no vuelve mi brazo.»
Pero la parca cruel
Que tiene el cuchillo alzado,
A Sebastiano dió muerte,
Y a su reino eterno llanto.
Romancero generale.
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El Rey Don Sebastiano.—III
(ANONYMO)