Discurriendo en la batalla
El Rey Sebastiano bravo,
Bañado en sangre enemiga
Toda la espada y el brazo,
Herida su real persona,
Pero no de herir cansado;
Que en tal valeroso pecho
No pudo caber cansacio,
A todas partes acude,
Do el peligro está mas claro,
Poniendo en orden su gente
Y temor en el contrario,
Entre los alarbes fieros,
Haciendo en ellos estrago
Con la prisa y peso de armas
Sale cansado el caballo.
A remediar su peligro
Venir vió un valiente hidalgo;{[209]}
Las armas traia sangrientas,
Por muchas partes pasado,
En un caballo lijero
Contra moros peleando,
Y sacando de flaqueza
La voz, dice suspirando:
—D'este caballo te sirve,
Inclito Rey Sebastiano
Y salvarás en salvarte
Lo que queda de tu campo:
Mira el destrozo sangriento,
De tu pueblo lusitano,
Cuya lastimosa sangre
Hace lastimoso lago;
Sin orden tu infanteria,
Rompidos los de a caballo,
Senal de triste suceso
Favorable en el contrario.
Que te apartes d'esa furia
Te suplican tus vasallos
Llenos de sangre los pechos,
Puestas las vidas al caso:
Pon los ojos en tu fé,
Y recibe mi caballo;
Prefierase el bien comun
A la vida de un hidalgo:
No abaldones mi deseo,
Huye las manos del daño.—
De cuyos ruegos movido,
Respondió el Rey acetando:
«A tel estrecho he venido,
Que tengo de ser forzado
A receber con tu muerte
La vida que yá desamo;
Pero poca es la ventaja
Que me llevaras, hidalgo,{[210]}
Que aqui do quiere fortuna,
No está mal morir temprano.»
Decende, le dice el Rey;
Pero no puede el vasallo,
Que mil honrosas heridas
Le traian en tal estado:
Ayudale a decender
El Rey con sus proprios brazos,
Echandoselos al cuello,
Y subiendo en el caballo.
«Adiós, dice, caballero:
Que a buscar venganza parto
En los fieros enemigos
Y a morir con mis vasallos.»

Romancero generale, fl. 73 v.

FIM{[211]}

ADDIÇÕES Á PAG. XXXII

Nos Livros de Linhagens, dos fins do seculo XIV, já lá se fala nas façanhas dos Doze Pares, do cyclo de Carlos Magno: «muitos rricos homeens que hiam pera lhes acorrerem disseram a el-rey dom Fernando que numca virom cavalleiros nem ouviram falar que tam sofredores fossem, e poseram-nos em par dos doze paresMon. Hist. Scriptores. Vol. I, fasciculo III, p. 283.

Dos romances populares feitos á morte de Dona Inez de Castro, cantados pelo povo em Coimbra, fala o P.e Dom Marcos de Sam Lourenço, no manuscripto dos Lusiadas commentados, cujo autographo existe na Bibliotheca das Necessidades: «As filhas de Mondego, diz Camões que, longo tempo fizeram memoria d'esta morte de Dona Inez, o que se entende nas cantigas que logo saem e se compõem quando algum caso notavel acontece, como quando mataram D. Alvaro de Luna, em Castella. Estas cantigas e romances duraram mais na bocca das moças de cantaro e lavandeiras, principalmente onde a gente é alegre e prezenteira como a de Coimbra, onde esta historia aconteceu[78].» Este commento foi escripto depois de 1633, e é natural que andassem ainda na tradição os cantos que agora vão apparecendo em cadernos de uso popular.

Entre os peccados de bocca, el-rei Dom Duarte ennumera, no Leal Conselheiro (p. 357), o cantar «cantigas sagraes.» N'esta passagem refere-se aos romances da paixão que começaram no principio do seculo XV, os quaes foram prohibidos no tempo{[212]} da Reforma, e condemnados nos Index Expurgatorios de Portugal e Hespanha no seculo XVI.

Sá de Miranda na ecloga VIII, allude a um romance antigo:

o baboso da aldeia
Que traz sempre a bocca cheia
Das Filhas de Dom Beltrane.[79]

Gil Vicente tambem allude á morte de Roland, do cyclo de Carlos Magno: