José de Espronceda
(1810–1842)
LA CAUTIVA
Ya el sole esconde sus rayos,
El mundo en sombras se vela, 20
El ave á su nido vuela,
Busca asilo el trovador.
Todo calla: en pobre cama
Duerme el pastor venturoso:
En su lecho suntüoso 25
Se agita insomne el señor.
Se agita; mas ¡ay! reposa
Al fin en su patrio suelo
No llora en mísero duelo
La libertad que perdió:
Los campos ve que á su infancia
Horas dieron de contento,
Su oído halaga el acento 5
Del país donde nació.
No gime ilustre cautivo
Entre doradas cadenas,
Que si bien de encanto llenas,
Al cabo cadenas son. 10
Si acaso triste lamenta,
En torno ve á sus amigos,
Que, de su pena testigos,
Consuelan su corazón.
La arrogante erguida palma 15
Que en el desierto florece,
Al viajero sombra ofrece
Descanso y grato manjar:
Y, aunque sola, allí es querida
Del Árabe errante y fiero, 20
Que siempre va placentero
A su sombra á reposar.
Mas ¡ay triste! yo cautiva,
Huérfana y sola suspiro,
En clima extraño respiro, 25
Y amo á un extraño también.
No hallan mis ojos mi patria;
Humo han sido mis amores;
Nadie calma mis dolores,
Y en celos me siento arder. 30
¡Ah! ¿Llorar? ¿Llorar?... no puedo
Ni ceder á mi tristura,
Ni consuelo en mi amargura
Podré jamás encontrar.
Supe amar como ninguna,
Supe amar correspondida;
Despreciada, aborrecida,
¿No sabré también odiar?
¡Adiós, patria! ¡adiós, amores! 5
La infeliz Zoraida ahora
Solo venganzas implora,
Ya condenada á morir.
No soy ya del castellano
La sumisa enamorada: 10
Soy la cautiva cansada
Ya de dejarse oprimir.
SONETO
Fresca, lozana, pura y olorosa,
Gala y adorno del pensil florido,
Gallarda puesta sobre el ramo erguido, 15
Fragancia esparce la naciente rosa;
Mas si el ardiente sol lumbre enojosa
Vibra del can en llamas encendido,
El dulce aroma y el color perdido,
Sus hojas lleva el aura presurosa. 20
Así brilló un momento mi ventura
En alas del amor, y hermosa nube
Fingí tal vez de gloria y de alegría;
Mas ¡ay! que el bien trocóse en amargura
Y deshojada por los aires sube 25
La dulce flor de la esperanza mía.
Á TERESA
¿Por qué volvéis á la memoria mía,
Tristes recuerdos del placer perdido,
A aumentar la ansiedad y la agonía
De este desierto corazón herido? 30
¡Ay! de aquellas horas de alegría,
Le quedó al corazón solo un gemido,
Y el llanto que al dolor los ojos niegan,
Lágrimas son de hiel que el alma anegan.
¿Dónde volaron ¡ay! aquellas horas 5
De juventud, de amor y de ventura,
Regaladas de músicas sonoras,
Adornadas de luz y de hermosura?
Imágenes de oro bullidoras,
Sus alas de carmín y nieve pura, 10
Al sol de mi esperanza desplegando,
Pasaban ¡ay! á mi alredor cantando.
Gorjeaban los dulces ruiseñores,
El sol iluminaba mi alegría,
El aura susurraba entre las flores, 15
El bosque mansamente respondía,
Las fuentes murmuraban sus amores...
¡Ilusiones que llora el alma mía!
¡Oh! ¡cuán süave resonó en mi oído
El bullicio del mundo y su ruido! 20
Mi vida entonces cual guerrera nave
Que el puerto deja por la vez primera,
Y al soplo de los céfiros süave,
Orgullosa desplega su bandera,
Y al mar dejando que á sus pies alabe 25
Su triunfo en roncos cantos, va velera,
Una ola tras otra bramadora
Hollando y dividiendo vencedora;
¡Ay! en el mar del mundo, en ansia ardiente
De amor volaba, el sol de la mañana 30
Llevaba yo sobre mi tersa frente,
Y el alma pura de su dicha ufana:
Dentro de ella el amor cual rica fuente,
Que entre frescura y arboledas mana,
Brotaba entonces abundante río
De ilusiones y dulce desvarío.
Yo amaba todo: un noble sentimiento
Exaltaba mi ánimo, y sentía
En mi pecho un secreto movimiento, 5
De grandes hechos generosa guía:
La libertad con su inmortal aliento,
Santa diosa mi espíritu encendía,
Contino imaginando en mi fe pura
Sueños de gloria al mundo y de ventura. 10
El puñal de Catón, la adusta frente
Del noble Bruto, la constancia fiera
Y el arrojo de Scévola valiente,
La doctrina de Sócrates severa,
La voz atronadora y elocuente 15
Del orador de Atenas, la bandera
Contra el tirano macedonio alzando,
Y al espantado pueblo arrebatando.
El valor y la fe del caballero,
Del trovador el arpa y los cantares, 20
Del gótico castillo el altanero
Antiguo torreón, do sus pesares
Cantó tal vez con eco lastimero,
¡Ay! arrancada de sus patrios lares,
Joven cautiva, al rayo de la luna, 25
Lamentando su ausencia y su fortuna:
El dulce anhelo del amor que aguarda
Tal vez inquieto y con mortal recelo,
La forma bella que cruzó gallarda,
Allá en la noche, entre el medroso velo; 30
La ansiada cita que en llegar se tarda
Al impaciente y amoroso anhelo,
La mujer y la voz de su dulzura,
Que inspira al alma celestial ternura;
A un tiempo mismo en rápida tormenta,
Mi alma alborotaban de contino,
Cual las olas que azota con violenta
Cólera, impetuoso torbellino:
Soñaba al héroe ya, la plebe atenta 5
En mi voz escuchaba su destino;
Ya al caballero, al trovador soñaba,
Y de gloria y de amores suspiraba.
Hay una voz secreta, un dulce canto,
Que el alma sólo recogida entiende, 10
Un sentimiento misterioso y santo,
Que del barro al espíritu desprende:
Agreste, vago y solitario encanto,
Que en inefable amor el alma enciende,
Volando tras la imagen peregrina 15
El corazón de su ilusión divina.
Yo desterrado en extranjera playa,
Con los ojos extático seguía
La nave audaz que en argentada raya
Volaba al puerto de la patria mía 20
Yo cuando en Occidente el sol desmaya,
Solo y perdido en la arboleda umbría,
Oir pensaba el armonioso acento
De una mujer, al suspirar del viento.
¡Una mujer! En el templado rayo 25
De la mágica luna se colora,
Del sol poniente al lánguido desmayo,
Lejos entre las nubes se evapora:
Sobre las cumbres que florece Mayo
Brilla fugaz al despuntar la aurora, 30
Cruza tal vez por entre el bosque umbrío,
Juega en las aguas del sereno río.
¡Una mujer! Deslízase en el cielo
Allá en la noche desprendida estrella:
Si aroma el aire recogió en el suelo,
Es el aroma que le presta ella.
Blanca es la nube que en callado vuelo
Cruza la esfera, y que su planta huella,
Y en la tarde la mar olas le ofrece 5
De plata y de zafir, donde se mece.
Mujer que amor en su ilusión figura,
Mujer que nada dice á los sentidos,
Ensueño de suavísima ternura,
Eco que regaló nuestros oídos; 10
De amor la llama generosa y pura,
Los goces dulces del placer cumplidos,
Que engalana la rica fantasía,
Goces que avaro el corazón ansía:
¡Ay! aquella mujer, tan sólo aquella 15
Tanto delirio á realizar alcanza,
Y esa mujer tan cándida y tan bella,
Es mentida ilusión de la esperanza:
Es el alma que vívida destella
Su luz al mundo cuando en él se lanza, 20
Y el mundo con su magia y galanura
Es espejo no más de su hermosura:
Es el amor que al mismo amor adora,
El que creó las Sílfides y Ondinas,
La sacra ninfa que bordando mora 25
Debajo de las aguas cristalinas:
Es el amor que recordando llora
Las arboledas del Edén divinas,
Amor de allí arrancado, allí nacido,
Que busca en vano aquí su bien perdido. 30
¡Oh llama santa! ¡celestial anhelo!
¡Sentimiento purísimo! ¡memoria
Acaso triste de un perdido cielo,
Quizá esperanza de futura gloria!
¡Huyes y dejas llanto y desconsuelo!
¡Oh mujer que en imagen ilusoria
Tan pura, tan feliz, tan placentera,
Brindó el amor á mi ilusión primera...
¡Oh Teresa! ¡Oh dolor! Lágrimas mías 5
¡Ah! ¿dónde estáis que no corréis á mares?
¿Por qué, por qué como en mejores días
No consoláis vosotras mis pesares?
¡Oh! los que no sabéis las agonías
De un corazón, que penas á millares 10
¡Ay! desgarraron, y que ya no llora,
¡Piedad tened de mi tormento ahora!
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
CANCIÓN DEL PIRATA
Con diez cañones por banda,
Viento en popa á toda vela
No corta el mar, sino vuela 15
Un velero bergantín:
Bajel pirata que llaman
Por su bravura el Temido,
En todo mar conocido
Del uno al otro confín. 20
La luna en el mar rïela,
En la lona gime el viento,
Y alza en blando movimiento
Olas de plata y azul;
Y ve el capitán pirata, 25
Cantando alegre en la popa,
Asia á un lado, al otro Europa,
Y allá á su frente Stambul.
«Navega, velero mío,
Sin temor,
Que ni enemigo navío,
Ni tormenta, ni bonanza
Tu rumbo á torcer alcanza, 5
Ni á sujetar tu valor.
«Veinte presos
Hemos hecho
A despecho
Del Inglés, 10
Y han rendido
Sus pendones
Cien naciones
A mis pies.
«Que es mi barco mi tesoro, 15
Que es mi Dios la libertad,
Mi ley la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar.
«Allá muevan feroz guerra
Ciegos reyes 20
Por un palmo más de tierra:
Que yo tengo aquí por mío
Cuanto abarca el mar bravío,
A quien nadie impuso leyes.
«Y no hay playa, 25
Sea cual quiera,
Ni bandera
De esplendor,
Que no sienta
Mi derecho,
Y dé pecho
Al valor.
«Que es mi barco mi tesoro...
«A la voz de «¡barco viene!» 5
Es de ver
Como vira y se previene
A todo trapo á escapar:
Que yo soy el rey del mar,
Y mi furia es de temer. 10
«En las presas
Yo divido
Lo cogido
Por igual:
Solo quiero 15
Por riqueza
La belleza
Sin rival.
«Que es mi barco mi tesoro...
«¡Sentenciado estoy á muerte! 20
Yo me río:
No me abandone la suerte,
Y al mismo que me condena
Colgaré de alguna entena,
Quizá en su propio navío. 25
«Y si caigo,
¿Qué es la vida?
Por perdida
Ya la dí.
Cuando el yugo
Del esclavo,
Como un bravo,
Sacudí.
«Que es mi barco mi tesoro... 5
«Son mi música mejor
Aquilones:
El estrépito y temblor
De los cables sacudidos,
Del negro mar los bramidos 10
Y el rugir de mis cañones.
«Y del trueno
Al son violento,
Y del viento
Al rebramar, 15
Yo me duermo
Sosegado,
Arrullado
Por el mar.
«Que es mi barco mi tesoro, 20
Que es mi Dios la libertad,
Mi ley la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar.»