José Selgas y Carrasco

(1824–1882)

LA MODESTIA

Por las flores proclamado

Rey de una hermosa pradera, 20

Un clavel afortunado

Dió principio á su reinado

Al nacer la primavera.

Con majestad soberana

Llevaba y con noble brío

El regio manto de grana,

Y sobre la frente ufana

La corona de rocío. 5

Su comitiva de honor

Mandaba, por ser costumbre,

El céfiro volador,

Y había en su servidumbre

Yerbas y malvas de olor. 10

Su voluntad poderosa,

Porque también era uso,

Quiso una flor para esposa;

Y regiamente dispuso

Elegir la más hermosa. 15

Como era costumbre y ley,

Y porque causa delicia

En la numerosa grey,

Pronto corrió la noticia

Por los estados del rey. 20

Y en revuelta actividad

Cada flor abre el arcano

De su fecunda beldad,

Por prender la voluntad

Del hermoso soberano. 25

Y hasta las menos apuestas

Engalanarse se vían

Con harta envidia, dispuestas

A ver las solemnes fiestas

Que celebrarse debían. 30

Lujosa la Corte brilla:

El rey, admirado, duda,

Cuando ocultarse sencilla

Vió una tierna florecilla

Entre la yerba menuda.

Y por si el regio esplendor

De su corona le inquieta,

Pregúntale con amor: 5

—«¿Cómo te llamas?»—«Violeta,»

Dijo temblando la flor.

—«¿Y te ocultas cuidadosa

Y no luces tus colores,

Violeta dulce y medrosa, 10

Hoy que entre todas las flores

Va el rey á elegir esposa?»

Siempre temblando la flor,

Aunque llena de placer,

Suspiró y dijo:—«Señor, 15

Yo no puede merecer

Tan distinguido favor.»

El rey, suspenso, la mira

Y se inclina dulcemente;

Tanta modestia le admira; 20

Su blanda esencia respira,

Y dice alzando la frente:

«Me depara mi ventura

Esposa noble y apuesta;

Sepa, si alguno murmura, 25

Que la mejor hermosura

Es la hermosura modesta.»

Dijo, y el aura afanosa

Publicó en forma de ley,

Con voz dulce y melodiosa, 30

Que la violeta es la esposa

Elegida por el rey.

Hubo magníficas fiestas,

Ambos esposos se dieron

Pruebas de amor manifiestas,

Y en aquel reinado fueron

Todas las flores modestas. 5