José Zorrilla

(1817–1893)

INDECISIÓN

¡Bello es vivir, la vida es la armonía! 5

Luz, peñascos, torrentes y cascadas,

Un sol de fuego iluminando el día,

Aire de aromas, flores apiñadas:

Y en medio de la noche majestuosa

Esa luna de plata, esas estrellas, 10

Lámparas de la tierra perezosa,

Que se ha dormido en paz debajo de ellas.

¡Bello es vivir! Se ve en el horizonte

Asomar el crepúsculo que nace;

Y la neblina que corona el monte 15

En el aire flotando se deshace;

Y el inmenso tapiz del firmamento

Cambia su azul en franjas de colores;

Y susurran las hojas en el viento,

Y desatan su voz los ruiseñores. 20

. . . . . . . . . .

Si hay huracanes y aquilón que brama,

Si hay un invierno de humedad vestido,

Hay una hoguera á cuya roja llama

Se alza un festín con su discorde ruido.

Y una pintada y fresca primavera,

Con su manto de luz y orla de flores,

Que cubre de verdor la ancha pradera

Donde brotan arroyos saltadores.

. . . . . . . . . .

¡Bello es vivir, la vida es la armonía! 5

Luz, peñascos, torrentes y cascadas,

Un sol de fuego iluminando el día,

Aire de aromas, flores apiñadas.

Arranca, arranca, Dios mío,

De la mente del poeta 10

Este pensamiento impío

Que en un delirio creó;

Sin un instante de calma,

En su olvido y amargura,

No puede soñar su alma 15

Placeres que no gozó.

¡Ay del poeta! su llanto

Fué la inspiración sublime

Con que arrebató su canto

Hasta los cielos tal vez; 20

Solitaria flor que el viento

Con impuro soplo azota,

Él arrastra su tormento

Escrito sobre la tez.

Porque tú, ¡oh Dios! le robaste 25

Cuanto los hombres adoran;

Tú en el mundo le arrojaste

Para que muriera en él;

Tú le dijiste que el hombre

Era en la tierra su hermano; 30

Mas él no encuentra ese nombre

En sus recuerdos de hiel.

Tú le has dicho que eligiera

Para el viaje de la vida

Una hermosa compañera

Con quien partir su dolor;

Mas ¡ay! que la busca en vano; 5

Porque es para el ser que ama

Como un inmundo gusano

Sobre el tallo de una flor.

Canta la luz y las flores,

Y el amor en las mujeres, 10

Y el placer en los amores,

Y la calma en el placer:

Y sin esperanza adora

Una belleza escondida,

Y hoy en sus cantares llora 15

Lo que alegre cantó ayer.

Él con los siglos rodando

Canta su afán á los siglos,

Y los siglos van pasando

Sin curarse de su afán. 20

¡Maldito el nombre de gloria

Que en tu cólera le diste!

Sentados en su memoria

Recuerdos de hierro están.

El día alumbra su pena, 25

La noche alarga su duelo,

La aurora escribe en el cielo

Su sentencia de vivir:

Fábulas son los placeres,

No hay placeres en su alma, 30

No hay amor en las mujeres,

Tarda la hora de morir.

Hay sol que alumbra, mas quema:

Hay flores que se marchitan,

Hay recuerdos que se agitan

Fantasmas de maldición.

Si tiene una voz que canta,

Al arrancarla del pecho

Deja fuego en la garganta, 5

Vacío en el corazón.

¡Bello es vivir! Sobre gigante roca

Se mira el mundo á nuestros pies tendido,

La frente altiva con las nubes toca...

Todo creado para el hombre ha sido. 10

¡Bello es vivir! Que el hombre descuidado

En los bordes se duerme de la vida,

Y de locura y sueños embriagado

En un festín el porvenir olvida.

¡Bello es vivir! Vivamos y cantemos: 15

El tiempo entre sus pliegos roedores

Ha de llevar el bien que no gocemos,

Y ha de apagar placeres y dolores.

Cantemos de nosotros olvidados,

Hasta que el son de la fatal campana 20

Toque á morir.—Cantemos descuidados,

Que el sol de ayer no alumbrará mañana.

LA FUENTE

Huye la fuente al manantial ingrata

El verde musgo en derredor lamiendo,

Y el agua limpia en su cristal retrata 25

Cuanto va viendo.

El césped mece y las arenas moja

Do mil caprichos al pasar dibuja,

Y ola tras ola murmurando arroja,

Riza y empuja. 30

Lecho mullido la presenta el valle,

Fresco abanico el abedul pomposo,

Cañas y juncos retirada calle,

Sombra y reposo.

Brota en la altura la fecunda fuente; 5

¿Y á qué su empeño, si al bajar la cuesta

Halla del río en el raudal rugiente

Tumba funesta?

Á LA MEMORIA DE LARRA

Ese vago clamor que rasga el viento

Es la voz funeral de una campana; 10

Vano remedo del postrer lamento

De un cadáver sombrío y macilento

Que en sucio polvo dormirá mañana.

Acabó su misión sobre la tierra,

Y dejó su existencia carcomida, 15

Como una virgen al placer perdida

Cuelga el profano velo en el altar.

Miró en el tiempo el porvenir vacío,

Vacío ya de ensueños y de gloria,

Y se entregó á ese sueño sin memoria 20

Que nos lleva á otro mundo á despertar.

Era una flor que marchitó el estío,

Era una fuente que agotó el verano;

Ya no se siente su murmullo vano,

Ya está quemado el tallo de la flor, 25

Todavía su aroma se percibe,

Y ese verde color de la llanura,

Ese manto de hierba y de frescura,

Hijos son del arroyo creador.

Que el poeta en su misión,

Sobre la tierra que habita

Es una planta maldita

Con frutos de bendición.

Duerme en paz en la tumba solitaria, 5

Donde no llegue á tu cegado oído

Más que la triste y funeral plegaria

Que otro poeta cantará por ti.

Ésta será una ofrenda de cariño,

Más grata, sí, que la oración de un hombre, 10

Pura como la lágrima de un niño,

Memoria del poeta que perdí.

Si existe un remoto cielo,

De los poetas mansión,

Y sólo le queda al suelo 15

Ese retrato de hielo,

Fetidez y corrupción,

¡Digno presente, por cierto,

Se deja á la amarga vida!

¡Abandonar un desierto 20

Y darle á la despedida

La fea prenda de un muerto!

Poeta: si en el no ser

Hay un recuerdo de ayer,

Una vida como aquí 25

Detrás de ese firmamento...

Conságrame un pensamiento

Como el que tengo de ti.

TOLEDO

. . . . . . . . . .

. . . . . . . . . .

Ya no hay cañas ni torneos,

Ni moriscas cantilenas,

Ni entre las negras almenas

Moros ocultos están;

Hoy se ven sin celosías 5

Miradores y ventanas;

No hay danzas ya de sultanas

En el jardín del Sultán.

Ya no hay dorados salones

En alcázares reales, 10

Gabinetes orientales

Consagrados al placer;

Ya no hay mujeres morenas

En lechos de terciopelo,

Prometidas en un cielo 15

Que los Moros no han de ver.

Ya no hay pájaros de Oriente

Presos en redes de oro,

Cuyo cántico sonoro

Cuyo pintado color 20

Presten al aire armonía,

Mientras en baño de olores

Dormita, soñando amores,

El opulento señor.

No hay una edad de placeres 25

Como fué la edad moruna;

Igual á aquélla ninguna,

Porque no puede haber dos;

Pero hay, en gótica torre

De parda iglesia cristiana, 30

Una gigante campana

Con el acento de un Dios.

Hay un templo sostenido

En cien góticos pilares,

Y cruces en los altares, 5

Y una santa religión.

Y hay un pueblo prosternado

Que eleva á Dios su plegaria

A la llama solitaria

De la fe del corazón. 10

Hay un Dios cuyo nombre guarda el viento

En los pliegues del ronco torbellino;

A cuya voz vacila el firmamento

Y el hondo porvenir rasga el destino.

La cifra de ese nombre vive escrita 15

En el impuro corazón del hombre,

Y él adora en un árabe mezquita

La misteriosa cifra de ese nombre.